2 de marzo de 2021, 9:18:20
Opinión


Gaza, zona militarizada



Tal es el calificativo que el gobierno israelí ha dado a la franja de Gaza y aledaños, cuya situación es dramática. Muchas personas inocentes se ven obligadas a diario a convivir con una administración terrorista, la de Hamas, que les ha metido en un callejón sin salida. La incursión del Tsahal -ejército israelí-en territorio palestino es inminente, pero a juicio del ejecutivo del Tel Aviv, inevitable. El propio Mahmoud Abbas, líder de la autoridad palestina en Cisjordania, ha criticado en más de una ocasión el lanzamiento de cohetes de Hamas contra objetivos civiles israelíes. De hecho, en Cisjordania nada de esto sucede. Por eso Israel no actúa allí. Sí en Gaza, donde residen los que a diario amenazan la seguridad de la población israelí. Y seguirían, de no haber tomado Israel medidas, quizá desproporcionadas, sin duda trágicas, pero efectivas.

Por desgracia, ninguna de las últimas intervenciones militares en Oriente Medio ha servido para algo. Si acaso, para empobrecer aún más la zona, y crear más dolor. Analistas de medio mundo debaten sobre la prudencia o no de Israel a la hora de emprender una acción que podría tener como consecuencia la reacción airada de todo el mundo árabe. Su órgano representativo, la Liga Arabe, ya se ha pronunciado en contra de las acciones de Israel -como no podía ser de otro modo-, pero con menos contundencia que en otras ocasiones. Se nota un cierto trasfondo de resquemor contra la dinámica de Hamas que en nada beneficia a la solución del conflicto. Por otra parte, Hamas está donde está porque ganó unas elecciones, marcadas por la enorme estela de corrupción que había dejado la administración de Arafat. Aún a día de hoy, hay dos facciones palestinas enfrentadas en una guerra civil no declarada pero palpable.

Con todo, el proyecto israelí de neutralizar a Hamas se antoja sumamente complicado y de consecuencias imprevisibles. Lo ideal sería que los pasos fronterizos pudieran volver a abrirse, porque eso sería señal de que no vuelven a ser utilizados por milicianos suicidas cargados de explosivos. Que el ejército no tuviese que actuar contra terroristas que lanzan cohetes hacia objetivos civiles, porque directamente no hubiera quien perpetrase actos semejantes. Esos son parte de los objetivos del Tsahal. Pero si quiere alcanzarlos, habrá de operar con la máxima precisión y dosificando racionalmente el uso de su fuerza, para no perder la razón que le asiste. Caso contrario, se situaría a la altura del enemigo al que combate.
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