30 de noviembre de 2020, 17:19:37
Opinión


Una travesía de leyenda

Antonio Hualde


En la iglesia de Santiago, en Padrón -La Coruña- descansa bajo el altar una especie de ara de piedra. No está a la vista, pero su ubicación es conocida. Se trata de un hipotético poyete ceremonial en honor a Neptuno, testimonio de la presencia romana en Galicia. Pero lo que lo hace especial es la tradición según la cual fue usado por los antiguos cristianos para amarrar la barca de piedra que traía de nuevo a España el cuerpo del Apóstol Santiago. Allí, en Iria Flavia, a la orilla del Sar, serían desembarcados los restos del hijo del Zebedeo, junto a los de dos de sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio. Este es el supuesto contenido del arca de plata que se custodia en la catedral de Santiago de Compostela, meta de la arteria espiritual más importante de la vieja Europa, el Camino de Santiago.

¿Estuvo realmente Santiago en España? No hay evidencias arqueológicas de tal peregrinaje. Tampoco de lo contrario. A decir verdad, de quien más se tienen noticias contrastables históricamente es de los viajes de San Pablo. El caso es que, según cuenta la tradición, tras Pentecostés, los Apóstoles se disgregan por el orbe conocido para predicar el Evangelio. Santiago el Mayor arriba a España, bien por Gallaecia, bien por la Tarraconense, siendo esta segunda opción más plausible. A través del Ebro llegaría a Caesaraugusta -Zaragoza-, donde se le aparecería la Virgen María sobre un pilar. En ese mismo lugar se erigiría un templo en su honor, siendo hoy la Virgen del Pilar patrona de España. El pilar original se mantiene todavía, y sobre él se yergue una talla de “la Pilarica” que data del siglo XV y atribuida a Juan de la Huerta.

El caso es que Santiago vuelve a Jerusalén, donde sufre martirio. Pero para encontrar sus restos habría que esperar a principios del siglo IX, cuando al obispo Teodomiro un ermitaño le cuenta que sobre un campo abandonado brillan unas estrellas de un modo particular. Excavando allí, dan con lo que quedaba del Apóstol y sus discípulos -la etimología de Compostela es clara aquí; “campo de estrellas”-. Verdad o mito, lo cierto es que muchas de estas leyendas recuerdan a aquel famoso poster de mediados de los 60, en plena fiebre OVNI, donde se veía la silueta de un platillo volante y debajo la frase “I want to believe” -“quiero creer”-. Pero creyentes o no, si hay una experiencia que a nadie deja indiferente es la de realizar el Camino de Santiago. Quienes hemos tenido esa suerte nos sabemos parte de una corriente de buenas sensaciones que extrae lo mejor de nosotros mismos y nos deja un poso imborrable para el resto de nuestras vidas. Llegar a la plaza del Obradoiro tras haber dejado atrás kilómetros y experiencias es uno de los mejores regalos que el Apóstol nos puede hacer. Y, entre los peregrinos, un saludo que trasciende la mera caminata: “Buen camino”.
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