15 de octubre de 2019, 4:20:26
Opinion


¿Qué hay de lo mío señor Presidente?

Mariana Urquijo Reguera


El otro día escuchábamos hablar al presidente contestando a las preguntas que directamente le hacían los ciudadanos. Durante varios días se hicieron todo tipo de comentarios sobre sus reacciones y respuestas, pero ¿qué hay de las preguntas?

El hecho de que la ciudadanía y el representante del poder ejecutivo se encontraran directamente, sin mediaciones, produjo la ilusión de que vivimos sin Parlamento y sin más Institución que el presidente del gobierno, donde los ciudadanos piden y el presidente concede.

Al formular sus quejas, reclamos y pedir respuestas directas a sus necesidades más acuciantes, todos, empezando por los ciudadanos allí presentes, olvidamos que la democracia española es una sistema de representación indirecta con un complejo institucional que asegura la división de poderes tan aclamada por el ilustrado Montesquieu. ¿Se imaginan ustedes a los atenienses pidiendo en la Asamblea de ciudadanos de los 500, que les dieran una subvención, un trabajo o que les proporcionaran una familia…? La sesión de preguntas del otro día parecía una sesión de ruegos y privilegios, más que de preguntas, al señor feudal.

La democracia, por fortuna, es un sistema complejo en el que se reparten las funciones, las responsabilidades y los instrumentos de control, otorgándole al señor presidente de gobierno algunas atribuciones y poderes. Pero no todos. De lo contrario, estaríamos bajo un autoritarismo que sólo funciona a golpe de decreto presidencial, tal como hace el señor Berlusconi en su feudo italiano.

Si bien es verdad que este reparto de la responsabilidad, propicia la disolución de tales responsabilidades entre la multitud de agentes e instituciones implicadas en cada cuestión, es preocupante la actitud de una ciudadanía que desconoce profundamente el funcionamiento del estado democrático en el que vivimos. Cuando estos ciudadanos tienen la oportunidad de hablar ¿qué están diciendo de su propia cultura política? En su desconocimiento, culpan al presidente de la crisis mundial y particular de cada uno y se les olvida buscar a los culpables de su propia ignorancia.

Y en tanto, algunos sectores de la sociedad rechazan ser educados en la práctica de la ciudadanía convocando un acto antidemocrático: la desobediencia civil ante el sistema educativo. Flores no se le pueden echar a este sistema educativo que con tanto cambio, se ha alejado, siempre más, de un criterio educativo fuerte y de las buenas tradiciones educativas que han existido en España. Pero el problema es que la oposición contra este tipo de formación consiste en quejarse de adoctrinamiento… ¿adoctrinamiento de qué? ¿De conocimiento de los derechos fundamental del hombre y del ciudadano, de la Constitución española, de los instrumentos democráticos?

Y entonces, cómo y en qué contexto explicarles que el presidente es simple y llanamente el presidente del gobierno y no todo el Estado reunido en una sola persona. ¿Cómo transmitir que si fuera lo contrario no sería una democracia? ¿Cómo ilustrar? ¿Cómo abrir el entendimiento, demasiado ocupado en los quehaceres y preocupaciones inmediatos, para hacer comprender que la crisis mundial es mundial y no culpa de los políticos locales?. ¿Cómo hacer ver que todos los gobiernos de Europa están copiándose medidas unos a otros porque nadie sabe qué hacer? Nadie.

Los ciudadanos deben protestar, exigir y reivindicar sus derechos pero utilizando las vías que la democracia estipula y ha desarrollado para tal efecto: sindicatos, huelgas, jueces, propuestas populares de leyes, etcétera, etcétera, etcétera, y no lloriqueándole al presidente a la primera oportunidad.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es