24 de junio de 2021, 11:53:31
Opinión


Indeseable Spam

Margarita Márquez


Es curioso el origen de la nueva palabra que define el nuevo tormento con el que nos encontramos cada mañana en nuestros buzones virtuales. Si bien su expresión larga, Spiced Ham, tiene un creador, la empresa Hormel Foods, que bautizó así en 1926 a su carne especiada y enlatada lista para consumir sin refrigerar, su contracción en las cuatro letras SP-AM, se debió a la popularización del producto en Estados Unidos. A principios de los años 40, esa carne de calidad mediocre pero muy perdurable, sirvió de alimento a las tropas norteamericanas que iban al frente, y en las trincheras de la Segunda Guerra Mundial spam comenzó a ser aquello que llegaba -a las mochilas- sin ser deseado. En 1970 el grupo inglés Monty Pithon jugó en una escena con el nombre de la carne de segunda clase como símbolo de lo que acaba ahogando el diálogo y la comunicación. Y aunque ya nadie reconoce en ese término nada comestible, sí conserva su significado de basura, que no es solicitado y que no aporta ningún beneficio al receptor.


El correo basura ha dejado de ser anécdota y llega hoy a unas proporciones alarmantes. La conclusión del informe que hace unos días se publicó sobre su difusión pone los pelos de punta: el 96 % de los correos enviados en 2007 fue basura, y de ellos el 70 % tenía contenidos sexuales. No alivia saber que no somos los únicos que nos pasamos el día borrando el indeseable spam. Pero tampoco es una característica exclusiva del correo electrónico eso de que sólo es útil el 4 % de la información que recibimos. ¡Si hay días en los que daríamos la vida por tener una sola información, un dato, una carta o una palabra útil!

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