22 de octubre de 2021, 18:22:31
Opinión


La trama de Garzón

José Antonio Sentís


El juez Garzón hace un bien impagable a la sociedad, puesto que persigue a los delincuentes, por poderosos que sean, salvo que asuntillos políticos le obliguen al uso alternativo del derecho si se está negociando con Eta. Pero, por lo general, nuestro juez campeador es útil al propósito de la Justicia.

El problema es que su ansia de notoriedad y su vocación de ser protagonista de cómic que persigue a los malos, sea Spiderman o el Hombre Enmascarado, sea Batman o Tintín, le lleva a algunos excesos formales en sus espectaculares operaciones en las que no se sabe si está a punto de descabezar la Camorra Napolitana o a un grupo de chorizos enriquecidos por pelotazos urbanísticos o contratos con amiguetes. No se sabe si está a punto de detener a Al Capone o al Dioni.

Al juez Garzón parecen rechinarle los dientes de envidia cuando ve algún político, amigo de político o ex político con las manos pringadas y el caso no lo lleva él, sino un vulgar, cutre, inferior, juzgado de instrucción. Por esa razón, para que Garzón intervenga como benemérito juez de la Audiencia Nacional, todo lo que investiga debe ser una trama, un magno contubernio.

Y todo lo que es trama de corrupción, es tramoya en los medios. No digamos en el último caso abierto por Garzón, el que sí, por fin, le puede llevar al premio Nobel, a la presidencia de la Audiencia Nacional, al Tribunal Penal Internacional o qué se yo, a la Secretaría General de la ONU: la "gran trama de corrupción del PP".

Dentro de las probabilidades, supongo que habrá alguna de que la actuación de Garzón descubra que Aznar mató a Manolete y Rajoy le endosó al toro Islero aquel crimen. Puede ser, porque todo es posible en un sistema político que deja espacios a la corrupción, desde el reparto del suelo hasta los contratos públicos. Pero, por el momento, la trama descubierta por Garzón parece todo menos trama. Es decir: unos chorizos han hecho negocios con otros chorizos en Boadilla del Monte, Majadahonda, Valencia o donde fuera. Sin embargo, no parece muy claro si los chorizos de Madrid y de Valencia se conocían entre sí, sino más bien que todos se pringaban por separado con los aprovechados dueños de un holding de empresas especializado en hacer negocios con lo público, probablemente no todos ilegales, aunque quizá muchos apoyados en oscuras influencias. Y que, muy probablemente, después estafaban a Hacienda. De hecho, es llamativo que Garzón haya retirado la acusación de "asociación ilícita", que es la traducción judicial de "trama" y que, por cierto, parecía el argumento que mejor justificaba la intervención de la Audiencia Nacional.

La trama de corrupción del PP se demostrará si ese partido se ha beneficiado del comercio de intereses, como se demostró la del PSOE cuando montó un grupo de empresas para financiarse con la extorsión (Filesa, Malesa…). En ese caso, y sólo en ese caso, habrá "trama de corrupción del PP". Y si así se demuestra, que vayan todos a la cárcel sin dejar uno. Pero, si no es así, el concierto mediático, organizado con altavoces callejeros tras la actuación de Garzón, raya en la calumnia al PP. Y el caso sólo es útil para poner en la sombra a algunos delincuentes de cuantos orbitan alrededor de los partidos, de todos los partidos, con algo de poder. Tiene tajo, Garzón, si se empeña.

Lo que no se puede admitir es que haya un alcalde socialista o nacionalista corrupto, y el asunto quede en algo privado que tramita el juzgado ordinario de cada localidad (todos los días sale alguno en el periódico), y haya alcaldes del PP igualmente delincuentes y el caso se transforme en una conspiración nacional acorde con el estelar papel del juez Garzón.

Conociéndole, va a apretar a los imputados en este caso como sólo él sabe hacerlo, buscando alguna pieza de caza mayor. Entretanto, muchos medios han asumido como normal que se relacionen negocios lícitos con ilícitos, y personas honorables con delincuentes, porque aparecen juntos en una boda o en una cacería. Y no sólo por sensacionalismo, que sería lamentable. Sino por intereses políticos e ideológicos, lo que aún es más abyecto.

De cacería, a la que es aficionado Garzón (parece que hace unos días la practicó con el ministro de Justicia Bermejo, según Periodista Digital, en una de esas sorprendentes coincidencias) hablamos. Porque va a perseguir al PP hasta la extenuación. Sin darse cuenta de que ha disparado sobre un animal herido (más bien autolesionado); o bien, precisamente al darse cuenta de que podía rematarlo sin mucho esfuerzo para que Zapatero pudiera colgar la cabeza sobre la chimenea.

En fin, como decía Borges, "Dios mueve al jugador y éste la pieza, ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza…?". Está bastante claro: Garzón.
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