7 de diciembre de 2019, 23:59:23
Opinion


Argentina, España, Perón y Obama

Enrique Aguilar


Una vez escuché decir a un historiador español que, siendo estudiante de postgrado en Oxford, y a raíz de una referencia que había hecho a la manera de pensar de sus compatriotas, un profesor le advirtió: “Have you asked them all?”

La anécdota me parece por demás aleccionadora y suelo contarla entre amigos para mostrar cuán arbitrarias resultan las generalizaciones, en este caso, las que afectan a la supuesta psicología colectiva de una nación en particular.

Sin embargo, solemos incurrir en estas generalizaciones. Decimos de tal pueblo que es frío, de otro que es alegre, que el de más acá es sacrificado o el de allá indolente... Ortega y Gassset sostuvo que los argentinos éramos “guarangos” (algo sobremanera probable, convengamos) y es sabido que también se nos tilda de incumplidores y engreídos.

Por cierto, no pregunté a todos mis compatriotas cómo son ni cómo piensan. Pero a menudo ocurre que algún argentino destacado, precisamente por serlo, habla o razona por todos y termina encarnando un estereotipo.

Lamentablemente, esto ha sucedido con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante su reciente visita a España. Vulneró reglas de protocolo, llegó cuarenta minutos tarde a la cena de gala ofrecida por los reyes, habló sentada en la sesión de las Cortes...

Semejantes gestos de prepotencia no hacen sino empeorar una imagen ya desacreditada. Mencionemos otro ejemplo. El pasado 6 de febrero, en una de sus frecuentes apariciones públicas, y tras aplaudir la gestión oficial en Aerolíneas Argentinas desde que fuera expropiada a la compañía Marsans, la presidenta afirmó: “No sé si Obama habrá leído a Perón, pero déjenme decirles que se le parece bastante”.

Nos hemos ganado nuestra mala fama. Sorprende, además, cómo algunos se empeñan en mantenerla.
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