8 de diciembre de 2021, 5:21:56
Opinión


¿De dónde saca los votos Rosa Díez, del PSOE o del PP?

Joaquín Vila


Rosa Díez se ha convertido, en apenas un año de legislatura, en la política de moda en España. Se mueve como nadie por los pasillos del Congreso de los Diputados. Cuando interviene en el Hemiciclo o cuando pilla unos micrófonos agita las conciencias a diestra y siniestra. Es inteligente para comunicar con la opinión pública, directa y clara en sus mensajes políticos, rápida en reaccionar ante los acontecimientos. Siempre está al acecho. Tiene el olfato de un sabueso para adelantarse a las noticias y a las polémicas. Y si no ocupa más titulares es porque Zapatero y Rajoy llevan unos meses tirándose los trastos a la cabeza con la ayuda inestimable de Garzón, de Bermejo y de los choricillos que se han colado por entre los vericuetos del PP de Madrid y Valencia.

Tiene gancho y resulta atractiva Rosa Díez: una sombra de toque punk entinta de rojo su pelo, mira de frente con cierto aire de mujer fatal, combina colores con más desparpajo que Agatha Ruiz de la Prada y, aunque le cueste reconocerlo, algún que otro día parece hasta pija. Es, en cualquier caso, original, diferente.

En las últimas encuestas ya se ha situado en segundo lugar en la lista de los políticos más valorados, pisándole los talones al propio Zapatero. Su ventaja es que todavía no tiene el nivel de rechazo de otros. Y, lo que es más importante, la intención de voto de su partido sube como la espuma. Aspira a convertirse en el partido bisagra de la próxima legislatura.

En el PP se frotaban las manos cuando, meses antes de las últimas elecciones, rompió con gran estruendo con Zapatero y abandonó el PSOE tras acusar al presidente de traidor y mentiroso por negociar con los terroristas. Rajoy llegó a soñar con que el nuevo partido de la política vasca le iba a hacer un roto al PSOE. Pues, no.

Ahora, son los socialistas los que se parten de la risa cuando escudriñan el origen de los votos que se va embolsando y descubren, con placer y regodeo, que Rosa Díez anda pescando entre el electorado del PP. Los muchos desencantados de la meliflua oposición de Rajoy y del guirigay que se ha instalado en la calle Génova se pasan en tromba a los brazos de Rosa Díez.

Seguramente, la mayoría de esos votantes no sabe que la simpática política vasca es más de izquierdas que Zapatero y Llamazares juntos. Porque es una política de izquierdas auténtica, honrada, sin complejos, valiente. Que no pastelea con los nacionalistas para arañar más poder o resultar más simpática al electorado. Pero que no se avergüenza de sentirse patriota, de defender la unidad de España, de envolverse en la bandera y de combatir con uñas y dientes a los terroristas que llevan cuarenta años sangrando la nación. Pero también defiende Rosa Díez políticas sociales de izquierdas a la hora del reparto de la riqueza o se muestra partidaria de una ley del aborto lo más permisiva y amplia posible.

Esa es la paradoja. Que un partido de izquierdas se dispone a hacer un agujero en un partido de derechas. Por el mero hecho de defender unos principios o unas ideas que esa derecha ha abandonado por el complejo centrista de los que ahora urden la estrategia electoral del PP.

Y, con las vueltas que da la política, no sería de extrañar que Zapatero ganara las elecciones gracias a Rosa Díez y la premiara con alguna cartera ministerial o con algún pacto de gobierno. Y eso, con los votos del PP. Se lo habrán ganado a pulso tanto Rosa Díez como el PP. Y, si no, que Rajoy espabile y que no se deje robar la cartera.
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