21 de enero de 2021, 15:06:02
América

Análisis


Colombia-Ecuador: Uribe y la mala vecindad



En marzo de 2008 la comunidad de América del Sur estuvo en pie de guerra. La incursión del ejercito colombiano en la selva ecuatoriana, a través de la Operación Fénix, la cual se cobró la vida del número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes; no sólo despertó la cólera de Rafael Correa, también supuso un momento idóneo para líderes como Hugo Chávez, quien si tener “vela en ese entierro”, se valió de su innata verborrea para echar más leña al fuego y convertir un incidente de naturaleza bilateral, en uno de proporciones internacionales.

Por una semana las tensiones entre Colombia, Ecuador y una “entrometida” Venezuela, acrecentaron los temores de los dirigente de la región ante la posibilidad de un conflicto bélico entre tres países vecinos, que no se veían en una situación de proporciones trasnacionales desde la separación de la Gran Colombia en 1830, pero que en esta oportunidad,-como bien lo describiría en su programa de televisión el escritor y periodista peruano Jaime Bayly-, comenzó a adquirir matices de “pintoresco culebrón”. Un culebrón al que también se le sumó al reparto de protagonistas, el presidente de Nicaragua Daniel Ortega.



A lo largo de siete días, casualmente en el marco de la XX Cumbre del Grupo de Río, celebrada aquel marzo en República Dominicana; América Latina estuvo en vilo a causa de la histeria beligerante de Rafael Correa y de Hugo Chávez, quien se convirtió en el mayor instigador de la confrontación al ordenar públicamente en su programa Aló Presidente, la movilización de diez batallones venezolanos a la frontera colombo-venezolana.

Sin embargo, la sagacidad política y el sentido común de Álvaro Uribe para no caer en la provocación, contribuyó a que el conflicto terminara sólo en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, y no en un cruce de balas, que quizá hubiese resultado beneficioso para las FARC, que en ese momento adolecía la muerte Reyes y el bombardeo de uno de sus principales centros de operaciones.

Pese a que los 21 países del Grupo de Río aprobaron una declaración final con el propósito de dar por zanjado el incidente diplomático, aún continúa el silencio entre el Palacio de Gobierno y la Casa de Nariño.

Las constantes actividades de las FARC en territorio ecuatoriano, así como los presuntos vínculos de Correa con la guerrilla, y las incesantes campañas colombianas para erradicar los cultivos de coca a lo largo y ancho de la frontera, han profundizado el distanciamiento entre los dos gobierno.

Aún cuando Álvaro Uribe y Rafael Correa han manifestado abiertamente sus intenciones de retomar el diálogo diplomático, no cabe duda que un tenso halo de desconfianza sigue supeditando las relaciones bilaterales entre Colombia y Ecuador.

Da la impresión que el incidente de la Operación Fénix, más que llevar al extremo un debate político e internacional, ha sido la excusa empleada por Correa y Chávez para incitar un enfrentamiento con Uribe. Un vecino que, por lo visto, nunca les caído del todo bien.
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