19 de septiembre de 2021, 10:52:40
Opinión


Sobre el pluralismo y sus límites

Enrique Aguilar


Thomas Paine definió a la tolerancia como una falsificación o forma disfrazada de la intolerancia. Mientras esta última, afirmaba, se arroga el derecho de prohibir la libertad de conciencia, aquélla (la tolerancia) se arroga el derecho de concederla.

El valor de esta aseveración (cuyos alcances exceden, por cierto, el ámbito religioso) se me vuelve evidente toda vez que me hallo frente a personas que, presumiéndose infalibles, sólo aceptan el disenso porque no tienen remedio, a regañadientes, seguras de que serían más felices en un mundo uniforme donde todos y cada uno pensaran lo mismo que ellas.

Es la actitud típica de quien no sabe dialogar y niega, por lo mismo, que el enriquecimiento mutuo pueda surgir del encuentro entre posiciones diferentes que, al someterse al juicio ajeno, se ven reforzadas en sus fundamentos o, en su defecto, rectificadas. Porque ese es, sin duda, el mayor beneficio que puede provenir del diálogo: el reconocimiento de la parte de razón que no tengo y su reemplazo por la que me aporta aquel a quien supe no solamente oír sino escuchar, siendo permeable a sus argumentos.

La distancia que media entre la tolerancia y el pluralismo tiene mucho que ver con lo antedicho. Como lo explica Giovanni Sartori, si la tolerancia respeta valores, el pluralismo además postula valores, empezando por los valores de la diversidad y el descuerdo, “que enriquecen tanto al individuo como a los gobiernos y a las sociedades”.

Ahora bien, para Sartori, el pluralismo no es asimilable a la indiferencia, al relativismo, ni tampoco a la “tribalización”. Si se contrapone a la unanimidad no por eso ignora el hecho de que la vida en sociedad requiere de concesiones recíprocas que cristalicen en un consenso básico sobre “las reglas que definen su propia existencia” y sobre el modo en que han de ser resueltos sus conflictos. Disenso, por un lado, pero aceptación también del valor común de la lucha pacífica. Porque, efectivamente, “el consenso sobre los principios proporciona la moderación que convierte el conflicto en menos que conflicto”.

Reiterémoslo. Más allá de la tolerancia, más acá del relativismo, el pluralismo requiere de una concordia mínima. Sin ella, las puertas del diálogo se cierran y el propio pluralismo, como concluye Sartori, estalla.
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