22 de noviembre de 2019, 8:38:10
Sociedad

“LIMPIADORES DE LA MUERTE”


"Al entrar en casa del muerto, pisamos miles de gusanos"


Después del vecino que encuentra el cuerpo, después de la Policía científica que recaba las pruebas del lugar de los hechos, después del juez que ordena el levantamiento del cadáver y después de la funeraria que se lo lleva al tanatorio, entran ellos. Como si de una unidad contra la guerra Nuclear Bacteriológica y Química se tratara, los “limpiadores de la muerte” van uniformados de los pies a la cabeza con su equipo “anticontaminación”. Se encargan de eliminar todo aquello que haga recordar que en esa casa ha muerto alguien: gusanos, cucarachas, insectos, líquidos, moho, sangre, huesos, dientes y malos olores, sobre todo, malos olores. Su trabajo ha sido llevado reciéntemente al cine. Samuel L.Jackson protagoniza junto a Ed Harris la nueva película del director Renny Harlin, "Cleaner", una amarga historia en la que un ex policía, al no poder huir de un pasado que le atormenta, decide expiar su culpa cada día desempeñando uno de los trabajos más desagradables que se puedan imaginar. Tras dejar el cuerpo policial, Tom (Samuel L.Jackson) se gana la vida limpiando los escenarios en que se han cometido crímenes sangrientos. Cuando Ann Norcut (Eva Mendes) le contrata para que haga lo propio en su casa,


“Cuando entramos en la casa del fallecido pisamos miles y miles de gusanos”. Esta es la situación que se encuentra Javier González cuando le llaman para contratar sus servicios. Su empresa, “Limpiezas traumáticas” , es, de momento, la única empresa española que ofrece el peculiar servicio de borrar los rastros de la muerte de un ser querido. Su intención es evitar a la familia un sufrimiento psicológico añadido y ayudarle a volver a la normalidad en tales circunstancias.

Lo impensable puede ocurrir: un suicidio en casa, una muerte desatendida de un anciano en su piso, un asesinato… Al dolor por la pérdida hay que añadirle en este caso un shock traumático. Además de enfrentarse a tan terrible noticia, los allegados del fallecido tienen que atender a la Policía que durante horas recogerá las pruebas científicas para investigar esta muerte, al juez que ordenará a continuación el levantamiento del cadáver y a la funeraria que lo trasladará al tanatorio. En el momento en el que todos se han marchado, antes de acudir a la capilla ardiente donde recibirán el pésame de los amigos, los familiares se preguntan: “¿Y quién va a limpiar todo esto?”.

Limpiezas traumáticas Siempre habrá algún allegado al fallecido que saque fuerzas de la debilidad para realizar esta desagradable y dura tarea que, además de implicar el riesgo de contraer enfermedades, puede suponer un trauma psicológico de difícil curación. Enfrentarse a un escenario de estas características no es fácil tampoco para una típica empresa de limpieza que acepte prestar este servicio especial. En este caso, los familiares pueden temer las habladurías y el robo de objetos de valor.

“Los limpiadores de la muerte” ofrecen un servicio seguro. Discretos y sensibles al dolor de los familiares trabajan para ayudarles a la volver a la normalidad y evitarle más sufrimiento. La discreción absoluta es fundamental en este negocio. Para asegurarla, no precisan saber el nombre del fallecido, ni las causas de su muerte, ni siquiera su nombre. “No pedimos información que no sea imprescindible para nuestro trabajo; tampoco juzgamos ni opinamos sobre los hechos ocurridos”, explica Javier González a EL IMPARCIAL.

Limpiezas traumáticasEl empresario aclara que no con un simple “fregao” se consigue eliminar todo lo que pueda hacer recordar que, en aquella casa, murió alguien. Borrar aquello que indique que, en aquella cama, un anciano llevaba un mes muerto, que, en aquella habitación, un ser querido se volara los sesos o que, entre aquellos muros, un allegado fuese asesinado supone un arduo, preciso y laborioso trabajo: tirar el colchón impregnado por las sustancias tóxicas que suelta un cadáver en estado de descomposición, levantar el parqué también infectado por estos líquidos, quitar el moho de las paredes, borrar las manchas de sangre, barrer gusanos, cucarachas e insectos, retirar comida y medicamentos caducados, buscar por todos los rincones de la habitación fragmentos de huesos o dientes y, lo más difícil, eliminar olores nauseabundos.

Para acabar con toda esta “contaminación”, explica el experto, los limpiadores tienen que ir bien protegidos. Para ello van uniformados con un mono blanco que cubre desde la cabeza hasta los pies. Además, portan guantes, una mascarilla especial para soportar el trabajo con malos olores y una pantalla de plástico para proteger el rostro contra las salpicaduras y las picaduras de insectos.


Limpiezas traumáticasEn cuanto al material empleado, el empresario ha investigado durante meses el mercado español en busca de los productos especiales para realizar este trabajo. Algunos de ellos los podemos encontrar en los supermercados pero otros son difíciles de conseguir. Para los malos olores ha tenido que ir a buscar una maquinaria especial a Alemania.

Pero, además del material y equipo apropiados, el “limpiador de la muerte” necesita algo más: formación y una dosis pequeña de sangre fría combinada con cierta sensibilidad al dolor de la familia. De media, aquellos que se dedican a las limpiezas traumáticas en Estados Unidos duran ocho meses en el empleo. A muchos de ellos, se les ha diagnosticado un síndrome postraumático por realizar esta dura tarea de forma continua. Junto al psicológico, estos trabajadores sufren un importante desgaste físico y el riesgo de contraer enfermedades infecciosas. “¡En un día he llegado a perder hasta tres kilos de peso!”, ha confesado el empresario.

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