23 de octubre de 2019, 4:13:25
Opinion


El negociazo de las micro-estafas tecnológicas

Montse Fernández Crespo


Es el negocio de empresas que, gestionando su actividad en Internet a modo de proveedores de contenidos para móviles, se aprovechan de un pequeño descuido de los consumidores de tecnología para sustraerles el dinero sin que apenas se den cuenta hasta que a final de mes reciban la factura de su teléfono o la de alguno de sus hijos.

Estas pseudo-empresas basan su riqueza en el engaño y la estafa vertida sobre los usuarios de Internet y teléfono móvil. El negocio es fácil. Este es uno de los mecanismos que a menudo emplean: participas en un test de inteligencia en Internet en el que dicen que te enviarán el resultado a tu teléfono móvil. ¡Error! A partir de ese momento empiezas a ser bombardeado por uno o dos mensajes diarios, de manera tan perniciosa que aunque no los abras ni los leas y directamente los borres porque ya te vas oliendo la tostada, van añadiendo sutilmente a tu factura un mínimo de entre 20 y 60 céntimos de euro por el simple hecho de recibirlos. Ni pensar quiero en lo que te cobrarán si llegas a consumirlos.

¿Qué puedes intentar a partir de ese momento?

Primer paso. Visitas su página Web para tratar de darte de baja en servicio tan estúpido y que además tú jamás has solicitado conscientemente. La sorpresa: su página es un compendio de descargas organizadas por diversidad de contenidos típicos listos para descarga (creo que simplemente es un gancho ya que nadie necesita tanta sabiduría en su dispositivo), no existe posibilidad de contacto directo y la opción propuesta para darte de baja aumenta tus sospechas al solicitarte no sólo nuevamente el número de tu móvil sino en esta ocasión, también el PIN. Queda claro que ese no es la mejor alternativa. En otras, te indican como darte de baja enviando un mensaje SMS, esto es, que hasta esta opción te cuesta dinero. En otras, al final de página, a pie, una tipografía fuera de toda norma de accesibilidad te indica cómo dejar de recibir tan beneficioso servicio de información y ocio.

Segundo paso. Llamas a tu operador de telefonía móvil. Ellos lo saben. Están acostumbrados a recibir este tipo de solicitudes. Y sí, te informan de cómo darte de baja pero te informan de que no hay manera de evitar que se te facturen los mensajes recibidos, que aquellas excusan bajo la denominación de “mensajes de alerta”, aunque como ya dijimos, nunca consumidos. En fin, que coloquialmente expresado “te los comes con patatas”. Ahora que lo pienso, los operadores de la red también comen de la misma tostada, al fin, es tráfico diario y multitudinario.

Tercer paso. Te sientes engañado y estafado. Recuerdas que existen oficinas del consumidor a las que puedes acudir para al menos dejar constancia del timo y con la esperanza de que el tipo de empresas que practican tales prácticas sean perseguidas, castigadas y clausuradas. Y buscas en Internet. Y te topas con numerosos enlaces a numerosas organizaciones, pero lamentablemente no encuentras en ellas la posibilidad de denunciar online (sí la de enviar un mail) y te animan a acudir a la oficina más cercana a tu domicilio.

Cuarto paso: Comparas el coste del timo con el esfuerzo que supondrá intentar gestionar una reclamación en una oficina que desconoces y de cuya eficacia y resultados dudas. Así te quedas. Total, el desembolso del engaño no arruina y sólo con pensar en los desplazamientos, formularios y demás trámites, se te “hace bola” y prefieres tragarte la indignación y el orgullo, y te animas a olvidar, guardándote toda una serie de impotencias.

Quinto paso. Gozas de la oportunidad de escribir en un periódico y piensas que al menos alguien lo leerá y se hará eco de la estafa y, con suerte, correrá la voz y con infinita más suerte, alguien de los de arriba pondrá freno a estas pseudo-empresas que abusan de la escasa regulación de un nuevo mercado, se amparan en la baja respuesta crítica que generan sus micro-estafas y prosiguen impunes en un negocio que sólo pueden sostener aquellos que carecen de una pizca de ética personal y profesional.

Recuerdo el caso de aquella televisión (creo que en Majadahonda o cerca) que se dedicaba a lanzar preguntas sencillas para que los telespectadores llamaran en busca del fácil y jugoso premio. Cada llamada mantenida eternamente en espera, significaba un goteo incesante de céntimos de euro que se cargaban en el bolsillo del que intentaba participar. A ellos les llegó su hora. Aunque me suena haber visto últimamente algún canal con similar tendencia. Debe ser que las ganancias superan con creces la reprimenda ejecutiva.

El timo es sencillo de ejecutar y difícil de desbaratar. Simple. Idea algo que robe pequeñas cantidades de dinero a grandes cantidades de usuarios. Ninguno de ellos irá contra ti oficialmente por no perder tiempo además de intuir que el dinero desembolsado jamás retornará. No compensa.

Sí, existe, es el negocio de la micro-estafa. El fraude no está en lo que se difunde como negocio base o razón por la que se mostrarán legalmente registradas (a saber, la descarga de contenidos para móviles), sino en las formas engañosas de que se valen para reclutar clientes principiantes e incautos, y en la carencia de información útil o en lo que antes llamábamos “publicidad engañosa”.
PD. “Bueno, si sólo le robo unas pocas monedas al dragón, seguro que no se despierta...” (Javier Vijande Asenjo, Últimas palabras en rol, http://dreamers.com/lichlair/humor/lista03.htm)

Nota: He preferido evitar los nombres de dichas empresas porque dadas las múltiples interpretaciones que permite el lenguaje en manos de abogados, se corre el riesgo de además de ser estafado, tener que pagar una multa por infamia o vaya usted a saber qué otro concepto. Si alguien quiere conocerlas, puede escribirme y responderé grata y gratuitamente.
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