24 de julio de 2021, 6:15:51
Cultura

entrevista


Joaquín Santaella: "Mientras no entendamos que el alcohol es una droga no nos vamos a enterar de nada"



Su testimonio confirma lo fácil que es caer en los tentáculos del alcohol y lo difícil que es desprenderse de ellos.
Estamos hablando de una sustancia dura. No lo digo yo, que no soy ningún experto teórico, más bien práctico. Lo dice la Organización Mundial de la Salud. Existe una permisividad en nuestra sociedad y en nuestra cultura enorme, que al final confluye en un interés económico. Es inconcebible la economía de todos los países del mundo sin los ingresos que genera el alcohol. Hay un contrasentido: la sociedad que fomenta su consumo por razones remotamente económicas, es la misma que luego rechaza a quien ha caído en sus redes. Me he cansado de esa contradicción y mi objetivo ahora es pulverizar el tabú. Quiero que llamemos a las cosas por su nombre: el alcohol es una droga como la copa de un pino. ¡Fuera complejos! He visto mucho dolor y sufrimiento. Insisto. A las consecuencias que tiene la dependencia se suma un complejo de bicho raro por haber caído. Me he cansado de esta costumbre de diferenciar entre las drogas por un lado y el alcohol por otro.

¿Pasa lo mismo con el tabaco?
Es interesante comprobar cómo funciona la permisividad en este asunto. Cuando el Gobierno vio que los gastos por consumo de tabaco, directos e indirectos, empezaban a duplicar o triplicar a los ingresos dijo “hasta aquí hemos llegado”. Detrás de la Ley del tabaco hubo una cuestión puramente contable. Está funcionando bien porque la incidencia del tabaco en la economía española es prácticamente nula. Eso mismo se quiso hacer con el vino. Acuérdate de la Ley del vino, duró dos meses y hubo que retirarla. En ese caso era inconcebible que la economía de España o Francia prescindiera del PIB procedente del alcohol.

Joaquín Santaella durante un paseo por la playa
¿Escribir su testimonio ha sido una buena terapia?
Principalmente porque trato de ayudar. Uno de los obstáculos más duros a la hora de recuperarse es admitirlo. Eso viene a su vez por la dificultad de la sociedad para admitir el problema del otro. Es un libro singular por lo que cuenta, un argumento de primera mano; por cómo se cuenta, sin un gramo de drama; y por quién lo cuenta, ya que no soy ni médico, ni experto ni un interesado, sino un afectado durante muchos años. No hay duda de que cuanto más dura es la estancia en centros como en el que he estado, resulta más terapéutico… Cuando uno ingresa se cree que lo ha visto todo, y no ha visto nada.

Reúne una treintena de historias de personas que convivieron con usted. Imagino que hay un nexo común en todas ellas, pero también matices.
Sí. Cada uno tiene su historia. Me gusta incidir en que he elaborado un producto literario. No se trata de un libro de autoayuda ni de fórmulas milagrosas. Es un diario novelado que, en segundo plano, puede resultar de ayuda. Eso sí, todo es completamente cierto.

Qué le ha ayudado más, ¿escribirlo o firmarlo?
En algún momento me plantee escribirlo con seudónimo, aunque he de reconocer que fue durante tres segundos. Enseguida vi claro que si podía aportar algo era dando la cara. Si no lo hubiera firmado, habría perdido credibilidad.

Portada del libro de Joaquín Santaella
Y además de escribir, dibuja…
Pinto en mis ratos libres. Siempre llevo un diario en el que escribo y dibujo lo que se me pasa por la mente. Algunos de esos dibujos los he incluido en el libro que ahora publico.

La diversidad de los testimonios que cuenta, confirma que este mal no entiende de clases ni dinero.
Esa es la clave. Mientras no entendamos que el alcohol es una droga, y además dura, no nos vamos a enterar de nada. Todo el que está expuesto, está en riesgo.

¿Tenemos muchas ideas preconcebidas?
Hay que incidir en que es una droga al alcance de cualquiera. Es tanto más peligrosa cuanto está más al alcance. Afecta a todo el mundo. Mírame a mí. Soy periodista y he sido, entre otras cosas, corresponsal de EFE. ¡No era un tío tirado por ahí!

No hay duda de que lo hecho, hecho está. Pero, de todo se aprende.
Por supuesto. Hay que mirar para adelante siempre, cuando se pasa por algo malo y cuando van las cosas bien.

Este jueves, en el Centro Conde Duque de Madrid, el autor presentará el libro a las 20:00.


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