23 de septiembre de 2021, 16:30:07
Opinión


Brasil, España y el G20

Julimar da Silva Bichara


En la pasada reunión del G20, en Washington, España no ha sido invita a participar de la misma y unas declaraciones del Ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, generó un cierto revuelo en la prensa española, pues se ha interpretado como si Brasil tuviese inconvenientes a la participación de España en dichas reuniones. Aunque posteriormente el Ministro brasileño matizó sus declaraciones. Aprovechamos esta pequeña tensión en la relación bilateral para analizar brevemente las relaciones internacionales entre ambos países. No cabe duda de que son excelentes y han estado marcadas, en los últimos años, por un estrechamiento económico, político y cultural, y también ideológico, en la defensa del multilateralismo y de la cooperación en el ámbito de la inclusión social como cuestión clave del sistema internacional en la actualidad. Sin embargo, no se puede obviar que existen tensiones latentes que, quizás, están por detrás de este incidente que, seguramente, es intrascendente en la historia de las relaciones entre Brasil y España.

Las relaciones entre Brasil y España han estado caracterizadas, hasta la segunda mitad de los años 1990, por la falta de una agenda común bilateral. A pesar de ello, históricamente, la cordialidad, el respeto mutuo y la falta de cualquier conflicto destacable ha sido la tónica general. Quizás, por ello mismo, le faltaba contenido a la agenda bilateral. Sin embargo, a partir de la segunda mitad de los años 1990, empujado por la internacionalización de las empresas españolas hacía América Latina y el desarrollo de las Cumbres Iberoamericanas, el acercamiento entre ambos países se ha fortalecido. En este proceso, se destacan dos etapas, la de Cardoso-Aznar, 1995-2002, en la que se firmaron los instrumentos fundamentales de la relación bilateral; y la reciente, entre Lula-Zapatero, con un mayor proximidad ideológica, han desarrollado y profundizados los instrumentos firmados anteriormente.

En la primera etapa se constituyeron los dos componentes más importantes de la agenda bilateral: el Tratado General de Amistad y Cooperación firmado en 1992; y el Plan de Asociación Estratégica España-Brasil, de 2003, que crea instrumentos de dialogo permanentes y incluye la cooperación en el terreno de la inclusión social, la educación y la cultura. El cambio de gobierno en Brasil y posteriormente en España han contribuido ha profundizar todavía más la alianza hispano-brasileña, consolidando los instrumentos desarrollados anteriormente y dando una dimensión más desarrollista al dialogo. Pero el empuje más notable ocurre fundamentalmente por la vía económica, derivado de la internacionalización de las empresas españolas, que han encontrado en toda Latinoamérica y, especialmente en Brasil, su plataforma de crecimiento y expansión mundial. Por el lado de Brasil, conjugó para ello, las reformes estructurales aperturistas, que promovieron un intenso proceso de privatizaciones, forma a través de la cual la mayor parte de las empresas españolas entraron en el mayor mercado de América Latina. No cabe duda que éste empuje económico ha demandado un mayor acercamiento institucional.

Sin embargo, a pesar de esta dinámica reciente, existen dos cuestiones que son y serán fuentes de tensiones en el futuro próximo: la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y el Sistema Latinoamericano. Con relación al primero, Brasil es un candidato a ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU (en el caso de que se aprobase su ampliación), sin embargo, España, como algunos países latinoamericanos, está en contra. Por otro lado, la ascensión de Brasil como líder regional ha incrementado los recelos mutuos sobre el sistema latinoamericano, en donde España pretende ser un interlocutor privilegiado de la Unión Europea, mientras que Brasil busca una relación bilateral directa entre Brasilia y Bruselas; como se puso de manifiesto el Acuerdo de Asociación Estratégica entre Brasil y la Unión Europea, firmado en 2007, bajo la presidencia de Portugal.

A pesar de lo anterior, Brasil y España tienen la obligación y la responsabilidad de entenderse en el plan internacional. Los niveles de interdependencia alcanzados obligan a la búsqueda de una solución cooperativa, que es más racional y promueve, indudablemente, resultados más provechosos para ambas sociedades. La estabilidad que Brasil puede ofrecer a la región sudamericana contribuye decisivamente a fortalecer a los intereses españoles y, en contrapartida, España ha contribuido netamente para la recuperación económica de Brasil en la última década a través de las abultadas inversiones de sus empresas. Todo lo anterior pone de manifiesto el elevado grado de interdependencia entre ambos países y, consecuentemente, la necesidad imperativa de la cooperación política y económica a nivel internacional.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es