11 de mayo de 2021, 4:07:16
Los Lunes de El Imparcial

crítica


Enrique Krauze: El poder y el delirio


El historiador e intelectual mexicano Enrique Krauze, principal colaborador de Octavio Paz en la Revista Vuelta y actual director de Letras Libres, nos ha regalado una obra sumamente útil para conocer y entender ese peculiar fenómeno político que representa el chavismo en Venezuela y sus repercusiones en América Latina.


El historiador e intelectual mexicano Enrique Krauze, principal colaborador de Octavio Paz en la Revista Vuelta y actual director de Letras Libres, nos ha regalado una obra sumamente útil para conocer y entender ese peculiar fenómeno político que representa el chavismo en Venezuela y sus repercusiones en América Latina. El poder y el delirio es un libro que le sirve al público venezolano informado, para aclarar los aspectos relevantes de un proceso complejo. En cambio, para el lector no venezolano es una obra indispensable para tratar de comprender la llegada al poder de Hugo Chávez y las características de su régimen. Krauze, desde las posiciones de un demócrata liberal, investiga, crítica pero seriamente, la figura y la obra de Hugo Chávez. Metodológicamente el autor utiliza los instrumentos de la historia, la biografía, el ensayo, la crónica periodística y la entrevista.

En el inicio del libro, Krauze trata de explicar por qué la República Civil venezolana (1958-1998), que fue modelo y ejemplo de democracia en América Latina, terminó creando las condiciones para el surgimiento del caudillo. El modelo económico de sustitución de importaciones, basado casi únicamente en la renta petrolera, se agotó en los años 80 y las elites dirigentes, no sólo las políticas, fueron incapaces de responder al desafío histórico que implicaba el cambio de rumbo hacia una moderna y diversificada economía de mercado con solidaridad social e inteligentemente abierta hacia el mundo. El fracaso socioeconómico, la corrupción y el enfrentamiento suicida entre los partidos políticos y los grupos del sector privado, abanderados de la “antipolítica”, abonaron el campo para la caída de la República Civil. El resultado de este fracaso histórico fue el prolongado y progresivo deterioro de la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos, acompañado de un destructivo aumento de la desigualdad social, que creó las condiciones estructurales para el triunfo del chavismo. No olvidemos que los países pobres y relativamente igualitarios son básicamente estables, mientras que las sociedades empobrecidas y desiguales son explosivas.

Krauze hace un interesante paralelo entre las figuras del sub-comandante Marcos y Chávez. Los dos se parecen en muchos aspectos. Ambos son carismáticos, pertenecen a la misma generación, desde los 80 tramaron su revolución, los dos tenían contactos con la tradición guerrillera de los 60. Los dos apelan a fuertes mitos históricos: Zapata para Marcos y Bolívar para Chávez. Pero mientras Marcos es un admirador del Che, Chávez lo es de Fidel. Marcos se quedó en su montaña y actualmente es un actor político marginal. En cambio, el fidelista Chávez optó por llegar al poder a través del sistema democrático, en el que no creía, para después desvirtuarlo, con sus propias reglas, y construir un orden “revolucionario”. A través del análisis de Krauze, podemos apreciar que el chavismo es un fenómeno, “sui generis”. Se trata efectivamente de un neoautoritarismo caudillista y militarista, con vocación totalitaria, que combina ambiguamente la aceptación retórica de los valores y reglas de la democracia, el mantenimiento formal y, en buena parte aparente, de las instituciones del Estado de derecho y un relativo respeto por unas limitadas libertades civiles y políticas, con prácticas claramente autoritarias. Chávez se parece a una peculiar mezcla de Castro, el Perón joven de los años 40, el panameño Manuel Noriega y el egipcio Nasser, combinada con características del régimen peruano de Velasco Alvarado y del viejo PRI mexicano, particularmente el clientelismo, el ventajismo electoral fraudulento y la corrupción generalizada, como mecanismos de control de las masas.

Podríamos sintetizar que la fortaleza del régimen chavista se ha asentado sobre: a) el abultado precio del petróleo, que, mientras se mantiene, permite un populismo distributivo, económicamente ineficiente, a largo plazo, pero políticamente eficaz; a corto plazo; b) una relevante “capacidad simbólica”, en otras palabras, el manejo inteligente de los aspectos a-racionales de la política, que tiene que ver con los mitos, las emociones, las esperanzas y la identidad del pueblo; c) fuerte retórica nacionalista y antiimperialista. La imagen de la lucha entre “David” y “Goliath” copiada de la propaganda castrista es ampliamente explotada. Un nacionalismo dotado de una narrativa histórica maniquea y violenta; d) carisma del líder y unidad de mando; e) “fachada” democrática hacia el exterior; f) fomento de la imagen de un “Robin Hood”, defensor de los pobres; g) mensaje de reivindicación de los derechos de los indígenas y de la América “morena” en general, con relevantes matices racistas y antisemitas; y h) la mencionada política de la antipolítica. Para Krauze: “la revolución bolivariana es ante todo un fenómeno mediático posmoderno, encarnado en un teleevangelista político extraordinario, cuya exaltación heroica de su poder y su persona lo vinculan con el fascismo. Pero, antes o después, afirma Krauze: “el pueblo venezolano sabrá defender su libertad, como lo ha hecho tantas veces".

Sadio Garavini di Turno
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