18 de noviembre de 2019, 15:09:30
Opinion


Lo mejor lo hizo tendero, bien. Mal con la espada

Pedro J. Cáceres


Segundas partes nunca fueron buenas. Decepcionó la novillada de Montealto. Primera de las novilladas programadas. Montealto es recordado como hierro triunfador del año pasado. La terna era, igualmente, conocida de la afición de Madrid y reunía en este cartel a los tres novilleros de mayor proyección del escalafón inferior. Ingredientes suficientes para casi llenar la plaza, a penas huecos en los altos del 5.

Novillada muy hecha, con algunos ejemplares cuajados en toro. De juego complicado y confuso entre la casta y el genio. Más suavones fueron el lote de José Manuel Más y más noblón, aunque receloso, el quinto. Más parado el sexto.

El primer novillo de Montealto sacó nervio en los capotes para que José Manuel Más bullera en intento de suertes variadas tanto en el saludo como en el quite que fue replicado con mayor ajuste y limpieza por Miguel Tendero. Novillo con movilidad, de alegre arrancada pero con la cara a media altura y frenándose en mitad de la suerte, para al final rajarse. Más empezó titubeante, por alto, acrecentando el defecto del novillo, para luego realizar un trasteo muy irregular, con muchos altibajos en los que destacaron algunos muletazos cuando se hizo el ánimo le bajó y corrió la mano, pero con muchos enganchones en las fases en que surgían las dudas y el aguante. Todo lo quiso hacer en los medios donde el viento tampoco favorecía la soltura y limpieza del trazo. Con pinchazo y estocada lo despachó. Hubo silencio.
El viento arreció fuerte en el cuarto. El novillo se desplazaba y Más se empeñó en concederle los medios, imposible; y tiempo perdidos en encontrar ubicación idónea para rajarse el novillo buscando tableros y todo quedar en pura voluntad. Pinchazo y estocada fea. Silencio.

Manso, huidizo, muy suelto se comportó el, jabonero, segundo. Apretando hacia los adentro enganchó por el vientre, violento, a Gimeno Mora al salir del par de banderillas –arriesgando y dándole salida a tablas-, teniéndole varios segundo a merced en la arena infiriéndole una cornada en el muslo izquierdo (parte frontal); tardaron mucho en quitar al toro de su presa. Miguel Tendero se sobrepuso al ambiente de angustia y de primeras se afanó en someterlo, obligando, bajarle los humos, resolviendo el muletazo, con valor y ligando tandas cortas a novillo protestón que se rajó, parándose, en cuanto sintió no poder hacer carne otra vez. Le sobraron agallas para exprimirle dos naturales a contraquerencia, ligados, largos y con temple, todo con los pitones rozando los mulsos. Lástima de un desarme final que deslucía el colofón. Remontó con dos derechazos de mano baja rematados con trincherilla sabrosa. Quiso apurar en demasía lo poquedad de condición del animal y terminó en valle una labor de muchos picos e importantes con un novillo complicado, ¡tela!. Varios pinchazos abundan la tesis, entre otras cosas, de haberse pasado de faena con el ansia de cortar la oreja. Saludó una ovación.
Peleó en el caballo el quinto, de menos a más. Novillo tardo, le costaba repetir, pero noble. Tendero le provocó toreando profundo por el pitón derecho, valor y técnica; templado. Hay torero. Por mucho que la “intolerancia” habitual le recriminara que insistiera en la cara del novillo para extraerle todo, hizo lo que debe hacer un novillero y además lo hizo bien a novillo que exigía firmeza y ganarle la voluntad. Otra vez la espada fue su punto débil.

Javier Cortés no pudo evitar el desorden de lidia que se aplicó a su primer enemigo y el animal se hizo el amo por momentos. Con hechuras de toro, cortando en banderillas y arrollando en la distancia corta: le dio Cortés, con cabeza, sitio y el animal se tragó una docena de arrancadas que el novillero acompañó con cierto aire. Luego el novillo volvió a las andadas, mirando mucho y sabiendo lo que se dejaba, cuando pasaba. Tras unos compases de zozobra Cortés volvió a dominar la situación con disposición y mano baja. Manejó la espada con habilidad para necesitar dos descabellos. Fue aplaudido.
Lo más destacado del sexto en los primeros tercios lo protagonizó Julio Campano con las banderillas, teniendo que desmonterarse. Llegó, el novillo, a la muleta sin fuerza ni viaje. Cortés se justificó con cierta insistencia pero con resultado ocioso. Se demoró con espada y descabello.
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