21 de enero de 2021, 18:18:51
Cultura

edificio ocupado por artistas


Tacheles, Berlín: una vieja señora vestida de punkie



Kunsthaus TachelesEs como una vieja señora disfrazada de punkie. El Tacheles es un edificio tomado por unos okupas artistas. Sólo que éstos no son los pinta vasijas y cose pulseras que tienen de artista la pose, pero no el oficio. Estos son artistas de verdad, que trabajan en los estudios del edificio, unos antiguos grandes almacenes.

En la pared derecha hay una enorme pintada con el lema: "How long is now". Algo así como preguntarse cuánto dura el presente. Es una versión deconstruída y vuelta a componer del "no future" de los 80' o el "carpe diem" de los 90'. Es una forma de tomarse la vida, propia de cuando el presente es tan pleno e intenso que se desprecia lo por venir.

Pasamos por delante de la puerta, y rodeamos el edificio por su izquierda. Entramos en una zona de bares que recuerda al ambiente de playa, ya que tiene arena por suelo. Tiene el mismo aspecto que el Tacheles, entre moderno y underground y viejo. Una de las terrazas se adorna con una barrera creada con armazones del cordado de pianos, los que se parecen a un arpa. El ambiente es tranquilo, pero no apacible. Al rodear por detrás el edificio, se llega al último de los bares, que está guarecido por cuatro enormes letras de hierro: “LUST”, es decir, lujuria.




Volvemos a la entrada principal, por la que entramos. Hay tres personas en la puerta, una de ellas detrás de un mostrador. Son jóvenes, pero inundados de pasado. Visten, los tres, camisetas negras, y si no fuese porque se adivina que tienen mucho mundo, parecería que jamás han salido del Tacheles. Hablan entre ellos en español. El ambiente es a la vez colorido y siniestro.




Subimos las escaleras. Las paredes están pintadas con dibujos, pinturas y mensajes de todo tipo. Hay carteles también. El conjunto es abigarrado, profuso en los detalles, cada uno independiente de su vecino. No forman un conjunto armonioso.

También hay pinturas más grandes, como la de una mujer de cuya boca sale una bandada de palomas. El ambiente es tan oscuro que la cámara necesita un segundo de exposición para robar su imagen. Ya se ven los estudios, espacios antes dedicados a albergar tiendas de ropa en las que muchos de los jóvenes que allí trabajan y exponen no entrarían jamás. Otros sí. Aún bajo el manto underground del edificio se nota que sus padres les podrían haber comprado ropa en casi cualquier tienda del mundo.

Hay un fotomatón creado con cartón, una obra de arte que querrá mostrar la futilidad de la propia imagen. En uno de los estudios, una pintora compone un lienzo con calma, sentada en una silla. En otro estudio contiguo un pintor, joven también, mira su lienzo de pie. Aún en otro estudio dos jóvenes organizan un espacio donde parece que va a haber una exposición. “No photos”, dice un cartel a la entrada.

Las escaleras son el único elemento que da una idea de lo que, en otra era, debió de ser el esplendor del edificio. Hemos llegado hasta el último piso y toca bajar. Antes de hacerlo, nos encontramos con un artista que se acerca y pregunta: “¿Españoles?”. “Sí, somos españoles”. Entonces nos pide un donativo para el edificio. Habla un idioma difícilmente comprensible, mezcla de español e italiano, del que se pueden captar ciertas ideas. “problema”, “abogados”, “edificio con historia”, “agua cortada”… Tiene en la cara las marcas del sida. Habla con muy buenas maneras y trasluce un fondo de educación muy pulcro. “El español será mi quinto idioma”, nos dice.

Antes de salir entramos en una sala en la planta baja a la altura de la zona de bares. Hay una mesa de ping pong, y en la pared del fondo está pintado en letras rojas “EZLN”, acrónimo de “Ejército Zapatista de Liberación Nacional”, el grupo terrorista (guerrilla se dirá entre esas paredes) de. Por fin salimos del Kunsthaus Tacheles. Luce el sol.
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