17 de septiembre de 2021, 21:44:40
Nacional

Rosa Díez: "hay que cambiar los partidos para cambiar la política"


Álvaro Pombo presentó la autobiografía de Rosa Díez



Sras y Sres,

Yo no soy lector de biografías o autobiografías de políticos, porque yo no soy mitómano. Y también porque, como una gran mayoría de ciudadanos españoles y del mundo, me ha afectado esa enfermedad del ánimo que se llama el desprestigio de la política y de los políticos. Por eso me alegro de estar ahora en UPYD y de presentar esta autobiografía de Rosa Díez cuya lectura puede considerarse una cura contra la sensación de que la política es un pudridero y una actividad desprestigiada. Dicho esto en general, voy a concentrarme ahora en el relato autobiográfico que Rosa Díez hace de sí misma y de sus avatares en la política española en este libro Merece la pena. Frente a esa difusa sensación de devaluación y desprestigio, Rosa Díez, valientemente, ha titulado expresamente su libro Merece la pena. Y el libro se subtitula muy expresivamente: una vida dedicada a la política. Rosa Díez no nos habla de un pudridero y no nos habla del desprestigio de la política, sino que nos dice que su vida como política ha merecido la pena y que la política merece la pena hoy también.

Creo que conviene dejar claro ante Uds la particular perspectiva desde la cual yo ahora les hablo.

Yo, que tengo 68 años y que regresé a España a principios del 78, tras 11 años de vida en Londres, pertenezco a ese grupo de intelectuales y de personas afiliadas a UPyD que Rosa ha caracterizado como los que no participaron activamente en la Transición española en los primeros años de la democracia. Pertenezco al grupo de los españoles que se incorporan a la política activa 30 años después.

Dice Rosa: "Cuando la democracia está asentada, como sucede en Europa, los ciudadanos se acercan a los partidos de forma distinta que cuando hay que construirla. Las personas que han tomado la iniciativa de incorporarse a UPyD no han necesitado hacer una apuesta vital, en el sentido del riesgo personal, pero, salvando las distancias, el reto de regenerar la democracia es parecido al de colaborar para implantarla. Es como si 30 años después se repitiera la historia, salvando las distancias, por supuesto. Vendrán muchos jóvenes, estoy segura, pero también otros de mi generación y de la generación posterior que han dado el paso ahora y no lo dieron antes. Porque sienten que, de algún modo, la regeneración de la democracia es hoy tan apremiante como lo fue hace años su implantación".

Esta claro que yo entro de lleno en este grupo de personas, sólo que pertenezco a la generación anterior a Rosa Díez y Fernando Savater. Soy probablemente uno de los afiliados más viejos de UPyD. Adviertan Uds. que Rosa Díez no se está refiriendo aquí, en el texto citado, simplemente al acto cívico de acudir a votar en las convocatorias electorales. Naturalmente, yo, como la mayoría de los españoles, he cumplido con mi obligación y he votado en todas las convocatorias electorales. He votado siempre PSOE incluido en las últimas elecciones generales de 2004. Y ahora llega una nueva elección general, las elecciones generales de 2008. Y ahora Rosa Díez y Fernando Savater, dos socialistas de toda la vida, se separan del PSOE y fundan un nuevo partido: UPyD. Deseo insistir por unos momentos más en mi conversión política: a mí me parece que dentro de esa línea de educación permanente en que todos nosotros, los espíritus más atentos e ilustrados, tenemos que vivir subjetivamente siempre, se inserta también el proyecto de la permanente educación y reeducación política. Este es el proyecto de UPyD, el explosivo e inusitado proyecto de Rosa Díez.

Repito que yo no soy un político ni tengo vocación política, pero gracias al ejemplo de Rosa Díez he decidido hacer un "uso público de la razón" afiliándome a UPyD. Y esta razón a la que me refiero, no es la razón racional, aunque no la excluye, sino -como nos ha explicado Fernando Savater en su artículo de El País, el 7 de febrero- "la razón razonable": "Este discurso razonable -nos dice Savater-, por el que abogaron John Rawls y el mejor Habermas sigue siendo hoy, en la era posmoderna, más imprescindible que nunca para valorar las nuevas realidades de la genética, de la tecnología, de la sociedad de la hiperinformación, así como las más recientes demandas sociales y los derechos individuales hasta ahora inéditos". En este territorio de lo razonable es donde me instalo yo para justificar mi afiliación a UPyD y donde se instala Rosa para justificar su crítica interna del PSOE en la versión de Rodríguez Zapatero.

Ahora examinaré los aspectos de Merece la pena que más vivamente y profundamente me han impresionado a mí:

Merece la pena es un libro poderoso y triste. Parece que estos dos adjetivos, poderoso y triste, se oponen entre sí. Dice Spinoza que cuando un hombre siente que aumenta su poder de actuar, se alegra. La alegría va conectada en el pensamiento de Spinoza, y también semánticamente, con una ampliación de nuestro ser, una dilatación de nuestro ser. Ortega y Gasset elogió siempre el gesto alegre del aplauso, cuando las personas abrimos nuestros brazos con un gesto de generosa aprobación y aplaudimos. La alegría y el aplauso son gestos generosos. En este gesto de aplauso hay poder, hay afirmación de nuestro ser, hay dilatación de nuestro ser. La tristeza es lo contrario, es un achicamiento de nuestro ser, un empobrecimiento de nuestro ser. Si esto es así parece que al calificar este nuevo libro de Rosa Díez a la vez como poderoso y triste, le estoy aplicando adjetivos que se oponen entre sí: ¿Puede ser poderoso un libro que es triste? Examinaré primero, brevemente, por qué es triste, o por qué a mí me ha parecido triste. A mi me ha parecido triste porque en este libro se revelan en crudo, mediante documentos, una relación entre una mujer que ha dedicado toda su vida a la política dentro de un partido concreto, el Partido Socialista, y que ha sido rechazada, frenada, desactivada, considerada traidora porque se ha comportado críticamente con su propio partido. Voy a citar uno de los muchos textos que a mí me parecen tristes. En el apartado dedicado en Merece la pena a la idea de renovación, Rosa Díez nos dice que: En el año 2000 dio una conferencia en el club Siglo XXI diciendo que había que cambiar los partidos para cambiar la política, así que su preocupación venía de lejos: "Cuando la democracia está consolidada, la sociedad advierte los debates, las diferencias internas de los partidos, y la pluralidad, en suma, como algo interesante y no disuasorio. Las primarias dentro del PSOE fueron el ejemplo. Se entendió como un elemento positivo para la sociedad, pero es cierto que a quienes controlan el partido les quita poder. De forma que resurge la reacción del hermetismo, no en el partido como conjunto de sus militantes; lo hace la dirección porque pierde el control del poder". La consecuencia es que "nada de lo de dentro es criticable, el partido es una iglesia y la fe es lo que funciona. No lo es ni la confianza ni la responsabilidad, se exige la fe y la obediencia y todo lo de fuera es malo. De igual manera que el PNV siempre tiene un malo que es España, el PSOE tiene un malo que es el PP. No hay, por tanto, un discurso autocrítico: todo es complacencia. Poco a poco hemos sustituido el respeto por la obediencia, y la lealtad por la fe. Porque no es ya confiar en el jefe o en las estructuras, que eso sería lo lógico, es la fe ciega".

Este texto describe una situación objetivamente triste de decaimiento moral en la cual lo razonable, la facultad crítica, es sustituida por un sentimiento de fe que es creer en lo que no vemos, ni podemos discutir. Una situación en la cual la inteligencia que es, según José Antonio Marina, la capacidad de controlar, suscitar y dirigir las ocurrencias, se convierte en una facultad uniformemente acelerada de canalizar las ocurrencias embridándolas en un único sentido, en una única dirección, definida a priori por quienes ostentan el poder: con el poder no se juega. Pero si no jugamos, si no instauramos en nuestra vida cotidiana y en nuestros proyectos profesionales, y en nuestros partidos políticos, un espacio de juego, un espacio de discusión inteligente, la inteligencia se agosta, el alma se entristece. En este libro de Rosa Díez hay una evidente creciente sensación de impotencia y de tristeza, una sensación de iglesia que dice: extra Eclesia nulla salus: fuera de la iglesia no hay salvación. Fuera del PSOE, fuera del PP, no hay salvación. En ese momento surge como una consecuencia natural y espontánea, la crítica de los espíritus más independientes y más rebeldes. Aparece un contrapoder individual que se enfrenta al poder jerarquizado de los partidos/iglesias. A esto me refiero yo cuando digo que Merece la pena es a la vez un libro poderoso y triste. Triste porque describe una situación de agotamiento de la imaginación política, y poderoso porque se revela poderosamente contra ese agotamiento.

Deseo añadir una cosa más: me agrada desde un principio la cálida admiración que Rosa Díez siente por el refundador del PSOE Felipe González. Y hay en el libro una cálida evocación de sus compañeros de partido, y hay una creciente acumulación de textos, una documentación de cartas no respondidas por el actual presidente del gobierno. Hay una flácida desatención. En un espíritu menos firme que el de Rosa, esto hubiera producido desánimo, una gana de dejarlo todo e irse con la música a otra parte. Es fascinante cómo todas estas actitudes zorrunas y bajunas no disminuyen la energía de Rosa: Rosa funda un nuevo partido. Yo siempre digo que no hay posibilidad de crítica interna en la Iglesia católica tal como es hoy en día: sólo hay una posibilidad: la heterodoxia sistemática. Leyendo este libro de Rosa me doy cuenta de que en política ocurre lo mismo.

Frente a este sentimiento de tristeza hay el gran contraste que presenta Rosa misma tal como la están viendo ustedes, ahora mismo, junto a nosotros: cualquiera que vea a Rosa en sus intervenciones en televisión o en sus intervenciones públicas como en la de hace dos días en el Ritz en Nueva Economía Forum, descubrirá fascinado que no es una persona triste y que no se comporta con tristeza: es una enérgica y divertida oradora, es una estupenda pedagoga política. Da igual que dé un mitin o que haga una exposición razonada de los puntos de su partido: siempre es didáctica. Esto me sorprende muy gratamente a mí en concreto. Esto siempre me seduce: la capacidad de exponer sensatamente, claramente, un punto programático cualquiera ante su audiencia. Y también la capacidad de exponer claramente, sin sentimentalismos, su propia situación y la situación de nuestro pequeño y, hasta la fecha, maltratado partido. Rosa Díez comunica lo que Bergson denominó energía creadora: la energía creadora es entre otras cosas una intuición intelectual. Bergson definió la intuición filosófica como una simpatía intelectual por la cual coincidimos con lo que un objeto complejo tiene de único y por consiguiente de inexpresable. Dicho de otra manera: la capacidad especial de la intuición filosófico-política es equivalente a la capacidad de diagnosticar una enfermedad concreta por un médico. Es el ojo clínico político. Para acertar con la terapia adecuada hay que diagnosticar certeramente acerca de ese objeto único que parece inexpresable y que es la situación política enferma. En una situación de democracia real, la verificación de una intuición política (la verificación de un diagnóstico político consistente) es el triunfo electoral, lo que nosotros llamamos en UPyD, el vuelco electoral de estas elecciones generales de 2008.

A mí me parece, y con esto termino, que Rosa está estos días de precampaña y campaña haciéndonos ver -también mediante este libro, Merece la pena- que ha capturado intelectualmente la esencia ablandada y al mismo tiempo cabreada de la política española actual. Y en lugar de tratar de expresarlo mediante conceptos, lo está expresando con acciones políticas concretas: ha creado un partido, de ámbito nacional, y esto es muy importante, y ese partido es UPyD. Ha expresado lo viscoso de la presente situación proponiéndonos dar un salto y superar la confrontación para regenerar la democracia.

Ahora viene el turno de preguntas, el diálogo con Rosa Díez que yo abriré preguntando a Rosa Díez acerca de la derrota del constitucionalismo en las elecciones vascas del año 2001. Mi pregunta va dirigida a la página 181 de su libro, al apartado titulado: El PSOE abandona el constitucionalismo.
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