21 de noviembre de 2019, 22:57:07
Opinion


Rajoy se la juega en Europa

William Chislett


Si el Partido Popular no gana por una victoria aplastante en las elecciones europeas el próximo 7 de junio Mariano Rajoy merece tener los días contados como líder del partido. La victoria del PP en Galicia en marzo ha inflado al partido, pero el verdadero examen son las elecciones europeas. Con una economía en recesión, más de 4 millones de desempleados y el hecho de que las elecciones europeas siempre son una ocasión para protestar en contra del Gobierno sin que le afecte directamente, el PP tiene una oportunidad de oro para canalizar los votos de protesta.

Al PP lo pasa algo similar al Partido Republicano (PR) de los Estados Unidos cuyo oposición a Obama se puede resumir con las palabras “el gobierno es el problema”. El PP no ofrece gran cosa en políticas alternativas, a pesar de su eslogan “Ahora Soluciones” para las elecciones europeas. El eslogan de las socialistas, “este partido se juega en Europa” parece más apto para el PP. Reducir los impuestos es una de las propuestas del PP y del PR: no es en absoluto la solución a los problemas de España ni de EE UU.

Hay una diferencia fundamental entre el PR y el PP – los problemas económicos de EE UU son el legado de un pésimo presidente Republicano, mientras que los problemas en España iban a ocurrir con cualquiera de los dos partidos, diga lo que diga el PP y José María Aznar en su nuevo libro, “España puede salir de la crisis”. ¿Hay alguien que sinceramente cree que España no hubiera tenido con el PP una burbuja inmobiliaria y todas las consecuencias? El boom inmobiliario empezó en varias de sus comunidades y en la Andalucía de los socialistas. La región murciana es el paradigma del modelo económico sustentado en la construcción: el paro la aumentado de 50.000 a 140.000 personas en un año.

La postura del PP de decir “no” a cualquier iniciativa del Gobierno es una oposición infantil. Esta actitud es normal entre un niño de dos años -o un adolescente- y sus padres pero no entre un partido de adultos en la oposición y el Gobierno. Y la cúpula del PP sigue cumpliendo los directrices de la Conferencia Episcopal que cada vez se aleja más de la vida real: en su última maniobra el PP va a recurrir ante el Tribunal Constitucional la reforma del derecho al aborto por ser “inmoral e inaceptable.” El Constitucional no es un tribunal de moralidad.

No sorprende el bajo nivel de interés en las elecciones europeas: cualquiera que sea el resultado los problemas de España se quedarán y para mucho tiempo. Las medidas anunciadas por el Gobierno para cambiar el patrón de crecimiento son de dudoso calado, en particular la subvención a la compra de coches. Es una concesión a un sector que genera mucho empleo y no ayudará a crear una economía basada más en el conocimiento. ¿Por qué no a otras industrias?

La clave reside en una mejora del sistema educativo, y esto es algo que tardará mucho tiempo en hacerse y una década en notarse. Los políticos quieren resultados en el corto plazo. Es una vergüenza que en lectura, sólo el 1,8% de los jóvenes españoles de 15 años alcanza el nivel alto, el más bajo después de México, según los últimos datos de PISA.

La participación en las elecciones en 2004 fue sólo del 45,14%, el nivel más bajo en unas elecciones desde el comienzo de la Transición y esto con la economía en plena euforia. La abstención debilita la democracia. Es importante votar, aunque las opciones sean muy pobres. Si no gana Rajoy, no me sorprenderé si Aznar vuelve a la primera línea de política. Bueno, es que casi no la ha dejado.
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