20 de septiembre de 2019, 4:09:36
Cultura

el 2 y el 6 de junio


Juan Diego Flórez salda la deuda con el Teatro Real con dos difíciles recitales


La fachada principal del Teatro Real era esta mañana un hervidero de actividad. Encaramados a la alta terraza del coliseo madrileño, los técnicos se afanaban para dejar lista la gran pantalla que estos días ofrecerá al público de la plaza de Oriente dos espectáculos muy atractivos.


Y mientras todo empezaba a quedar listo fuera del teatro, en su interior, Juan Diego Flórez, acompañado del director general del teatro, Miguel Muñiz y del director artístico, Antonio Moral, presentaban ante los periodistas los dos recitales, en su opinión los más difíciles de su carrera, y que suponen para el tenor peruano saldar la deuda que contrajo con el teatro y, sobre todo, con su público cuando este verano anunció que no haría el papel del duque de Mantua en el Rigoletto que se estrena el próximo miércoles.

Tanto Muñiz como Moral han dejado claro que no sólo entienden, sino que comparten la decisión de Juan Diego, porque nadie como el propio cantante para saber cómo está su voz a la hora de interpretar un determinado papel. Para el famoso tenor peruano, el del duque de Mantua es un papel con una tesitura un poco baja para su voz caracterizada por un registro agudo. La primera vez que hizo Rigoletto fue en un pequeño teatro de Lima, más fácil a la hora de llenarlo con su voz, por lo que en aquel momento no se sintió incómodo interpretándolo. Sin embargo, la segunda ocasión fue en Dresde, en un teatro de mayores dimensiones como es el de Madrid, lo que le obligó a emplear mayor volumen en un registro que habitualmente no es el suyo.

Esto no quiere decir, sin embargo, que viva obsesionado por el temor a quemar su voz, pero sí que es muy consciente de lo importante que es cuidarla para poder disfrutar de una larga carrera. Por eso, deja siempre dos días de descanso entre actuaciones, igual que hacía, por ejemplo, Pavarotti. “La voz es muy delicada y va siempre de más a menos y no al revés”. Así es que por el momento su intención es la de continuar con el repertorio belcantista, especialmente Rossini, que lleva haciendo desde que empezó su carrera, hace 12 años, y no abandonarlo hasta que su voz lo permita. En todo caso, ha explicado que, con el tiempo, la voz cambia, pierde flexibilidad y llega el momento de cambiar de repertorio porque ya no se puede hacer el que se venía haciendo. El mejor ejemplo, para él, de un tenor que cuidó bien de su voz, no forzándola en registros no habituales al suyo, es el de Alfredo Kraus, quien hasta edad avanzada fue capaz de cantar el repertorio que cantaba en su juventud.


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