20 de enero de 2020, 2:41:57
Los Lunes de El Imparcial

crítica


Javier Cercas: Anatomía de un instante


Anatomía de un instante es un nuevo libro sobre el golpe de Estado del 23–F, presentado desde un punto de vista verdaderamente original, propio de un narrador acostumbrado a mezclar ficción y realidad y a entrar con toda libertad en los entresijos de las situaciones y los personajes. Tanto es así que el libro fue concebido como una novela, aunque haya acabado siendo una crónica introspectiva del 23–F ceñida a los testimonios recogidos por el autor.


Anatomía de un instante es un nuevo libro sobre el golpe de Estado del 23–F, presentado desde un punto de vista verdaderamente original, propio de un narrador acostumbrado a mezclar ficción y realidad y a entrar con toda libertad en los entresijos de las situaciones y los personajes. Tanto es así que el libro fue concebido como una novela, aunque haya acabado siendo una crónica introspectiva del 23–F ceñida a los testimonios recogidos por el autor.

El resultado se acerca mucho al psicodrama. Trata no tanto de la realidad, como de una forma de verla y vivirla por una serie de personajes puestos en una situación límite, que les lleva a actuar tal como son. Cuando empieza la acción, los golpistas dan rienda suelta a sus peores instintos, los ministros y diputados presentes en el hemiciclo se dejan llevar por el miedo y los tres protagonistas del libro, Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, anteponen su dignidad personal e institucional al instinto de conservación. El libro de Cercas pretende explicar por qué en ese instante crucial, en el que no hay tiempo para pensar ni hacer cábalas sobre lo que se está viviendo, uno de esos tres personajes hizo frente a los golpistas, otro permaneció sentado en el banco azul desafiando ostensiblemente a los pistoleros y, por último, el tercero asistió a la escena desde su escaño sin esconderse ni humillarse. Todo lo que ocurre en ese instante es insólito y en cierta forma inverosímil, porque nadie podía imaginar una escena semejante, porque la reacción de los tres protagonistas, tan distintos entre sí, fue forzosamente espontánea y porque todo ocurrió delante de las cámaras de televisión. De esta forma, quedaron consagrados como reales unos hechos que, en otras circunstancias, se hubieran prestado a todo tipo de dudas y especulaciones.

Todo en el 23–F tiene, pese al testimonio irrefutable de la televisión, una alta dosis de irrealidad. De ahí que el libro de Cercas no pierda nunca la apariencia de esa novela que fue en su concepción. A su manera, es un libro muy logrado, aunque el lector avisado buscará en vano cualquier dato nuevo sobre el 23–F, sobre sus artífices, sobre sus tramas ocultas o sobre los pequeños enigmas que aún planean sobre él. Nada de lo publicado hasta ahora desmiente la verdad oficial sobre el golpe. Las sombras de sospecha están más bien en lo que no se ha contado o en los testimonios que quedan por conocer, como las famosas grabaciones telefónicas realizadas en aquellas horas decisivas. A falta de nueva información, Cercas aporta un brillante estudio de caracteres y algunas interpretaciones sugestivas sobre el origen del golpe, como la “placenta” en la que se fue gestando en los años anteriores. No se trata exactamente de eso que luego se llamó la “trama civil” del 23–F, sino de algo más amplio y más complejo: del conjunto de operaciones e iniciativas, unas semiconstitucionales, otras abiertamente subversivas, que fueron surgiendo frente a Suárez y su gobierno. En el mejor de los casos, esas maniobras se limitaron a deslegitimar a Adolfo Suárez, cuyo prestigio político estaba en caída libre desde, por lo menos, un año antes del golpe; en el peor, la placenta fue el receptáculo en el que se desarrolló el golpismo civil que permaneció en la sombra, pero no inactivo, el 23 de febrero de 1981.

El otro gran tema que aparece aquí y allá es el papel del rey. Tampoco en este punto el libro ofrece nada que se aparte de lo que ya sabemos, seguramente porque, para decepción de algunos, la historia real del 23–F se parece mucho a la verdad oficial. Llama la atención, sin embargo, cómo en esta cuestión esencial Javier Cercas fue abandonando el tono comedido del libro y de sus primeras declaraciones para derivar en sus actos de promoción hacia afirmaciones tremendistas que no se compadecen con lo que él mismo ha escrito. Que se trate de una simple estrategia promocional o de una modesta contribución, inducida por algún grupo mediático, a la deslegitimación de la corona es cuestión imposible de dilucidar. Resulta curioso, en todo caso, que los mismos mimbres que se utilizaron hace años para insinuar una responsabilidad del PSOE en el 23–F sirvan ahora para atacar al rey. La diferencia no está en la información de que disponemos sobre el golpe de Estado, que es más o menos la misma que entonces, sino en la forma de mirarlo y en la atención, nada inocente, prestada a tal o cual episodio o personaje.

Si recuperamos lo que el libro fue en su origen, nos encontramos con un roman à clé bajo la apariencia de un espléndido thriller político. El final es inesperado y brillante. Podría decirse que el autor se levanta del diván reconciliado consigo mismo, finalmente en paz con sus demonios familiares. Y, en efecto, algo de la historia de España quedó definitivamente atrás, como si aquel psicodrama nos hubiera liberado para siempre de los peores traumas de nuestro pasado.

Por Juan Francisco Fuentes
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es