23 de octubre de 2019, 2:48:45
Opinion


Para ver claramente hacia Europa, los latinoamericanos requerimos fortalecer la democracia

Juan Federico Arriola


“La democracia latinoamericana llegó tarde y ha sido desfigurada y traicionada una y otra vez. Ha sido débil, indecisa, revoltosa, enemiga de sí misma, fácil a la adulación del demagogo, corrompida por el dinero, roída por el favoritismo y el nepotismo.”(Octavio Paz)

América Latina quiere unirse pero se mantiene dividida. La geografía americana es más complicada que la europea.

Si bien en principio resultaba más difícil unir a Europa (ya son 27 Estados soberanos) por la pluralidad de sus lenguas y los antecedentes históricos de múltiples conflictos bélicos, en el viejo continente se pusieron de acuerdo poco a poco desde 1957 y ahora en 2009, la Unión Europea a pesar de sus problemas naturales, ha desechado de manera definitiva la pena de muerte, la tortura y ha privilegiado el diálogo y el consenso en parlamentos y asambleas.

América extendida de manera vertical complica el tránsito económico por tierra, aunque son pocas lenguas dominantes las que se hablan en el vasto territorio americano, los acuerdos entre todos los americanos se complican.
Algunos gobiernos de la región aparentan ser democráticos y violan sistemáticamente los derechos humanos, otros se debaten en el seno de la democracia si deben tender hacia la izquierda o hacia la derecha, en otros resurgen las figuras caudillistas y en Cuba se mantiene un régimen monolítico, dictatorial, abierto al gran capital extranjero por extrema necesidad y sumamente rígido en muchos temas capitales como derecho a la información, libertad de prensa y expresión y también el derecho a la libre asociación en todas sus modalidades: políticas, económicas, sociales y religiosas.

América Latina y en particular México copió mal el modelo federalista estadounidense y el régimen presidencial de Estados Unidos se convirtió en países latinoamericanos en una versión presidencialista sin equilibrio de poderes públicos y un respeto real a los derechos humanos.

Hoy por hoy, Estados Unidos no es el mejor modelo y ejemplo político para América Latina. Los americanos de lengua española y lengua portuguesa debemos voltear hacia Europa y recoger incluso las críticas que se hacen a sí mismos los europeos y por tanto fieles seguidores del criticismo de Kant. Debemos desterrar para siempre la pena de muerte, la tortura y las prácticas violatorias de los derechos humanos que sufren los migrantes, cuestiones que acontecen en Estados Unidos.

Las prioridades son entonces: mejorar las condiciones económicas y sociales de los habitantes, fortalecer la democracia en los países que ya tienen formalmente alternancia en el poder y cuidar los derechos humanos de todos.

En América Latina ronda el fantasma de las dictaduras y caudillismos. La democracia se debilita con las crisis económicas y la delincuencia organizada. Los latinoamericanos podemos aprender de nuestra historia y también de la historia europea que contiene muchas enseñanzas que debemos aquilatar para nuestro futuro próximo.
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