27 de febrero de 2020, 6:53:39
Opinion


El debate electoral en Argentina

Alieto Guadagni


Este domingo 28 tendremos en Argentina elecciones para la renovación parcial del Congreso donde el oficialismo pondrá en juego su actual mayoría parlamentaria. En esta campaña electoral el gobierno está solicitando el apoyo para consolidar lo que denomina “modelo de acumulación, distribución e inclusión social”. A nuestro juicio esta denominación es incorrecta porque la política vigente ni “acumula, ni distribuye, ni incluye”. Veamos por qué.

¿POR QUE NO ACUMULA?
La acumulación se genera en el proceso ahorro-inversión. Sin embargo, lo que se observa es que este proceso está orientado a la fuga del ahorro interno hacia el exterior (44.000 millones de dólares desde el 2006 hasta ahora). Un régimen que expulsa al exterior ahorro desacumula capital. El sector productivo debe estar asentado sobre un sector energético dinámico y con autoabastecimiento para consolidar la seguridad energética tan apreciada en el mundo globalizado. En este “modelo” se evaporan mes a mes las reservas de petróleo y gas por falta de inversiones. Algo similar está ocurriendo con el capital invertido en el stock ganadero que disminuye y puede comprometer el abastecimiento interno. El “modelo” no entiende la revolución de los alimentos del siglo XXI, impulsada por el 70 por ciento de la población mundial que no está en recesión y sigue demandando hoy proteínas animales, y que lo seguirá haciendo por las próximas décadas. Es incapaz de diseñar una política que promueva la transformación de proteínas vegetales en proteínas animales, fortaleciendo la cadena agroindustrial. De esta manera nos condenan a exportar pocas materias primas agrícolas. El desarrollo de una red de unidades industriales en las zonas productoras del interior dedicadas a incorporar valor agregado a estas materias primas es la mejor receta para tener un regionalmente equilibrado. Nuestra producción agrícola caerá este año alrededor de un 30 por ciento, parte por la sequia pero otra parte por ignorancia de la dinámica de estas actividades que ha impulsado medidas anti-productivas. La actual siembra de trigo puede ser la menor desde 1902.

En plena recesión mundial y local el modelo sigue gravando con impuestos a todas las exportaciones, incluso a las manufacturas industriales (caso único en América Latina); esto contribuye a que apenas ocupemos el 11 lugar en América Latina en crecimiento de las exportaciones.

El “modelo” no entiende que se necesita un renovado ferrocarril de cargas y transporte fluvial para movilizar más de 140 millones de toneladas. En lugar de eso se entretiene con un costoso proyecto de tren bala, como Japón, Alemania, Francia y España únicos países en el mundo que lo tienen pero que primero modernizaron su red convencional. Mientras tanto la red ferroviaria es deplorable y no puede crecer en cobertura captando a gente que debería abandonar el auto que congestiona y contamina.

La política “anticíclica” del modelo no sostiene el consumo porque concentra sus programas en sectores medios y altos de la población que en lugar de aumentar su consumo liberan ahorro privado y pueden así comprar dólares. El impulso a la demanda debería lograrse expandiendo los programas sociales y los fondos temporarios por desempleo.

No puede “acumular” un modelo que desalienta la inversión y solo ampara las que encuadran en el denominado “capitalismo de amigos”. La ausencia de inversiones debilitará en el futuro nuestro crecimiento porque aparecerán estrangulamientos de capacidad en sectores estratégicos. En el mundo moderno las inversiones a largo plazo requieren normas que pueden ser estrictas y rigurosas, pero deben ser transparentes y estables. Un “modelo” que utiliza como termómetro básico de todas las actividades económicas indicadores estadísticos falseados no puede promover la acumulación de capital productivo.

¿POR QUE “NO DISTRIBUYE NI INCLUYE”?
Porque sus programas sociales son insuficientes comparados con Brasil, México y Colombia. En plena crisis del 2002 Argentina dedicaba proporcionalmente más recursos a los sectores postergados que en la actualidad, cuando la economía es un 50 por ciento mayor. Porque ignora la pobreza existente que afecta a uno de cada tres argentinos. Pero como se distorsionan las estadísticas oficiales el modelo cree que ha reducido la pobreza, sin advertir que la inflación de los últimos años ha creado más de 4 millones de nuevos pobres. Si el gobierno se cree sus propias cifras no podrá nunca tener una política social inclusiva en serio. Se han concentrado enormes subsidios, principalmente en el sector energético, en los sectores medios-altos de la sociedad en lugar de implementar una tarifa social que asegure el consumo de los más pobres. Hoy más de la mitad de los pobres son niños y más de la mitad de los niños son pobres. Pero el “modelo” no tiene propuestas efectivas para mejorar no sólo la cobertura sino particularmente la calidad de la escuela pública, que es la única chance que tienen los núcleos más humildes de quebrar la “reproducción intergeneracional de la pobreza”.
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