15 de diciembre de 2019, 7:47:38
Opinion


Contra ETA: de las palabras a los actos

Luis de la Corte Ibáñez


Nuevo atentado y con sangre. Los etarras venían buscándolo con denuedo, acaso con desesperación. Y además han perpetrado la muerte de un chacurra, un perro en su lenguaje invertido; en el nuestro un policía nacional, por tanto un servidor del Estado dispuesto a arriesgar su vida por la seguridad de todos, aún a sabiendas de que lo ocurrido ayer podía ocurrir: un fin infame impuesto por infames asesinos que deja a una mujer sin su esposo y a dos hijos huérfanos. Los sentimientos que este suceso despierta en la buena gente son equivalentes a los de otros tiempos, otros días tristes. Y las palabras a emplear suenan ya a repetidas, deglutidas cientos de veces.

Escuchamos también nuevamente las salvas a la unidad de los responsables políticos. “enérgica condena” dice el consejero de Interior del gobierno vasco Rodolfo Ares. Cuántas veces hemos escuchado este mismo mantra. De los comentarios del nuevo lendakari, Patxi López, podemos quedarnos con algunas frases bien acuñadas aunque un tanto manidas pero alguna otra resulta cuestionable: “era uno de los nuestros, defensor de Euskadi y de los vascos”. Bien, ¿es esto lo importante? Pongamos que la última víctima mortal no hubiera sido vasca, sino gallega, catalana, madrileña o andaluza. ¿Hubiera sido distinto? ¿No sería es víctima uno de los nuestros? ¿Quiénes son los nuestros para el señor Lendakari? En cambio, otras afirmaciones de López son imprescindibles y dignas de agradecimiento: “vamos a aplicar toda la fuerza del Estado de Derecho y de la ley para no dar ni un minuto de respiro a los violentos”. Ojalá sea así, aunque lo diga quien en su momento trato a los batasunos como dignos interlocutores. Pero cada vez que se pronuncian reclamaciones de este cariz habría que recordar que ninguna de ellas valdrá nada si no se traducen en actos. El líder del Partido Popular vasco afirma su convicción de que se puede “acabar”, “derrotar” a ETA. Esa convicción también es indispensable pero puede ser insuficiente. No basta con creer que se puede, sino querer cumplir con lo posible. A pesar de lo poco fiable del personaje, el hecho de que Rodríguez Zapatero utilizara ayer mismo el verbo acabar para referirse a ETA es motivo de satisfacción. Aunque, insistimos de nuevo: las palabras no son suficientes. E igual ocurre con las muestras de rechazo y repulsa que los políticos demandaban ayer de la sociedad civil. Esa es, efectivamente la parte del trabajo que nos compete a los ciudadanos de a pié. Pero los políticos tienen la suya, la fundamental. Las fuerzas de seguridad y los funcionarios de la justicia españoles están en su práctica totalidad aguardando directrices claras y unívocas para proceder contra ETA con la firmeza y el rigor implacable que esa organización y sus colaboradores políticos y sociales merecen.

¿Qué más decir? Las líneas de actuación para derrotar a ETA están claramente delineadas desde hace tiempo. En su comunicado de ayer el Foro Ermua las recordaba y es oportuno reproducirlas aquí: desarrollo legislativo para asfixiar a ETA, persecución judicial de su amplio entramado civil (por tanto, disolución de los más de cuarenta ayuntamientos que aún son gobernados por ANV), continuación de la efectiva acción policial, apoyo unitario de todas las fuerzas democráticas, sin ambigüedades ni medias tintas, reclamo y obtención de mayor cooperación internacional, relegitimación social del movimiento cívico constitucionalista y oposición ideológica al nacionalismo vasco etnonacionalista. Si alguien busca una fórmula mágica, como en otro tiempo hiciera este mismo gobierno aún vigente, busca en vano. ETA sólo dejará de matar una vez se convenza de que la llamada solución dialogada no fue más que un espejismo o el sueño de un ingenuo, o cuando su último asesino pise la cárcel.
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