12 de diciembre de 2019, 10:35:25
Opinion


¿Quieres? Pues no puedes. Los créditos bancarios

Mayte Ortega Gallego


No pretendo un artículo moralizante. No es eso. Tampoco pretendo que se lean la página 369 de la novela “El amante de Lady Chatterley” en la versión de Alianza Editorial donde D.H. Lawrence hace un alegato un tanto forzado en contra del sistema capitalista que se avecina. Ni tampoco pretendo aprovechar la crisis actual para convencerlos de que gastando menos serán más felices para consolarnos tontamente.

Algunos preconizan una era de austeridad que dé continuidad a la era de opulencia que supuestamente hemos vivido. Estas generalizaciones me molestan. Pedíamos dinero al banco porque no podemos pagar las casas de contado pero claro, antes de firmar, no me quedaba pensativo meditando: “Oye, los de esta entidad no irán a venderme una hipoteca basura proveniente de fondos norteamericanos que a su vez está concediendo préstamos sin ningún tipo de garantías por inversiones fallidas en activos tóxicos”. Digamos que esta reflexión no era común entre los clientes de la entidad bancaria. Algunos illuminati nos regañan porque no supimos hilar este razonamiento, que era mucho más que evidente. Estaba claro y bien explicado en los folletos. Para solicitar un préstamo hipotecario traiga Vd.: DNI, nómina, avales y un análisis del escenario económico mundial a cinco años vista.

Sin embargo parece que las cosas cambian y ahora ya te pueden dar créditos de 90 millones de euros en las entidades bancarias españolas. Si quieres, puedes. Pues eso es falso. Quieres pero no te dejan. Ahora como antes, no todos somos iguales y por tanto, a la mayor parte de los españoles se les sigue denegando los préstamos porque las garantías que antes eran excelentes ahora son insignificantes. Donde antes eras tratado con el mayor de los esmeros porque tenías, oh cielos, domiciliada la nómina ahora eres observado con recelo y en los ojos de algunos empleados del banco puede leerse mientras te acomodas en la silla frente a ellos: “¿este señor no tendrá la desfachatez de venir a pedir un crédito?”. En la orden celestial en la que parecen haberse convertido los bancos cualquiera de tus consultas tiene que ser “elevada”. Cada vez las oficinas disponen de menos atribuciones y esta es una bonita forma de denegarte las cosas acusando a un tercero sin corporeidad material y al que no puedes mentarle a la madre a la cara. Percibirán en mis palabras cierto rechazo hacia los bancos y su empeño en transformarse en un salón de exposición de IKEA. Creo no necesitar ni cuarenta tarjetas ni doscientos tarjetas de fidelidad de trescientos establecimientos donde me regalen un euro cuando me gasto 1000. Miserias las justas.
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