20 de enero de 2020, 2:45:23
Opinion


Derrumbe del PAN

Carlos Arriola


Los pueblos levantaron cadalsos para castigar a los monarcas débiles, ya que temieron más la anarquía que el despotismo. Tal es la tesis de Bertrand de Jouvenel en Du pouvoir. En democracia, la urna sustituyó a la guillotina, pero no por incruento el castigo dejó de ser el mismo: la evicción del poder.

Las presidencias de Vicente Fox y de Felipe Calderón se han caracterizado por su debilidad. No sólo es un problema de temperamento personal, sino de falta de oficio y de sensibilidad política, así como de incapacidad para rodearse o al menos asesorarse de gente inteligente y con conocimiento de causa.

El fracaso del Partido Acción Nacional (PAN) que los llevó al poder ha sido una constante en las elecciones federales posteriores al triunfo del año 2000. Fox perdió las elecciones intermedias de 2003 y en 2006 el triunfo de Calderón fue más que dudoso. Desde entonces su legitimidad ha sido cuestionada.

Los primeros resultados de la elección del pasado domingo, con el 70% de las actas contadas, para renovar la Cámara de Diputados confirman lo anunciado por las encuestas. El PAN obtuvo el 27.4 % de los votos, el PRD el 12.2% y el PRI triunfó con el 35.8 %. El PAN contaba con 207 diputados de un total de 500 y ahora deberá conformarse con 133. El PRD logró 127 escaños en 2006 y perdió 60. El PRI de 106 diputados ahora tendrá más del doble y en alianza con los verdes podría alcanzar la mayoría absoluta en la nueva Cámara. La abstención fue de 56%, cifra menor a la prevista por algunos que llegaron a situarla en el 70%. Algunos panistas y otros antipriístas invitaron, por Internet, a la anulación del voto como rechazo a todos los partidos y, de paso, a la política y a la democracia. Los autores de tan peregrina campaña, queriéndolo o no, soslayaban las diferentes responsabilidades del partido en el gobierno y de la oposición. Pareciera que hubieran buscado minimizar el esperado voto de castigo al PAN.

La caída del PAN obedeció a “la desilusión democrática”, a su miedo a gobernar y a la conducción de la campaña. Con respecto al primer punto, el PAN es responsable de la “desilusión”. Durante seis décadas simplificó los problemas nacionales y los redujo a la falta de democracia y a la corrupción del PRI. En tan sólo nueve años han mostrado que la corrupción no es privativa de un partido y que la democracia, per se, no resuelve los problemas.

Los panistas que llegaron al poder desde el 2000 se caracterizaron, unos por su frivolidad (Fox), otros por su mediocridad, y todos por su incompetencia para desempeñar, medianamente siquiera, sus funciones. Con esos atributos, no debe extrañar que los panistas en el poder se hayan pasmado a la hora de tomar decisiones. Frente a la crisis económica, la epidemia de influenza, su táctica ha sido la misma: primero el silencio, después tratar de minimizar el problema para, finalmente, actuar poco y mal. [Estos temas los abordé en mi libro El miedo a gobernar publicado por Océano en enero de este año].

El joven presidente del PAN, Germán Martínez, intentó revivir el antipriísmo del siglo XX, un viejo sonsonete que a pocos impresionó. Su campaña “negra” fue sancionada en varias ocasiones por las autoridades electorales. También insistió, sin éxito, en destacar la “valentía” del presidente Calderón en su lucha contra el narcotráfico, sin tomar en cuenta que una buena parte de la población se ha visto afectada por los enfrentamientos (muerte de civiles) y otra ha sufrido violaciones a sus derechos humanos. Tampoco consideró que el número de asesinatos en el primer semestre se incrementó un 67% con respecto al año anterior y que de igual forma aumentaron los secuestros y extorsiones. Poco antes de las elecciones, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos declaró en México que la guerra contra el narcotráfico ha fracasado en América Latina y el Banco Mundial “reprobó” a México en gobernabilidad, provocando una más de las reacciones viscerales del presidente, impropias de un Jefe de Estado.

La campaña del PRI siguió un bajo perfil, limitándose a sostener que él sí sabía gobernar, sin dejar de recordar sus logros anteriores, e ignorando el infantilismo de Germán Martínez. Paradójicamente se comportó como partido en el poder, mientras que el PAN lo hizo como si fuera oposición histérica. La campaña del PRD se desenvolvió en la lucha de corrientes internas con lo cual proyectó la imagen de un partido indisciplinado y rijoso.

Con estos resultados el presidente Calderón estará más débil y tendrá que despedir a su amigo Martínez si quiere un acercamiento con el PRI. Ello implicaría un debilitamiento de su posición al interior de su partido, ya que los foxistas aprovecharán para cobrarse los agravios recibidos. Del PRD, Calderón nada puede esperar. Su sobrevivencia política esta ahora más en manos del PRI.

En el próximo artículo se mencionarán las importantes pérdidas del PAN en las elecciones para seis gubernaturas estatales (el PRI gana cinco) y presidencias municipales.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es