23 de julio de 2019, 22:10:02
Opinion


Diez mil políticos en activo, culpables de cohecho pasivo

José Antonio Sentís


Hacía falta una catarsis definitiva de la política española. Qué digo de la política: de la entera Administración del Estado. Porque hay pruebas fehacientes de que en toda ella hay miles, decenas de miles, centenares de miles de culpables del delito de cohecho pasivo o, en términos de Código Penal, de “cohecho impropio”.

El cohecho impropio es, para que nos entendamos, que te den un regalo, pero no para obtener un beneficio, sino para quedar bien. Y, legalmente hablando, puede quedar bien el que te regala algo, pero si tú tienes un puesto relacionado con lo púbico, sea concejal, juez, médico o policía, quedas fatal aceptando el regalo, porque eso es cohecho impropio.

Alguien tenía que ser el primero, porque siempre hace falta un disparador, por pequeño que sea, para una explosión incontrolable, como se entendería en la teoría del caos. O, para ponernos más poéticos, en el Efecto mariposa, cuando ese bichito mueve sus alas en Nueva Zelanda y genera, teóricamente, un huracán en Florida.

Francisco Camps, el Muy Honorable (o Bastante Honorable, según se van poniendo las cosas) Presidente de la Comunidad Valenciana ha sido la mariposa del Efecto. Parece, oh cielos, que recibió trajes de regalo. Y puede ser que un jurado popular, a cuyos miembros jamás les habrán regalado nada, es un suponer, tendrá que juzgarlo.

Es un gran paso adelante de la Justicia española. Porque, a partir de Camps, ya pueden irse preparando jurados populares en todos y cada uno de los rincones de España, porque van a llover juicios sobre cohecho pasivo, a poco que se pongan las pilas los Medios de Comunicación en las denuncias, o los políticos en su persecución del adversario.

Porque, como lo que se trata es de detectar las tragaderas de un sujeto en la recepción de presentes (no en la corrupción que supondría hacer favores a cambio de ellos), en esta España de nuestros pecados no se libra ni Dios. Por supuesto, ni en lo público ni en lo privado que, para el caso que nos ocupa, sería éticamente (aunque no penalmente) lo mismo, ya que los recepcionistas (¿habría que decir receptadores?) de los regalos podrían, presuntísimamente, cambiar sus decisiones profesionales o políticas por mor de éstos. Y, en todo caso, no es eso de lo que se trata, porque, insistamos, la figura de cohecho impropio (destinado a la Administración, lógicamente) es simplemente la aceptación del regalito, puesto que no es perseguible el regalador.

Repasaba yo someramente noticias sobre relaciones internacionales. No hay una en la que los políticos de turno no se intercambien chucherías (cohecho impropio por partida doble). El panda Chu lin fue un regalo de China, lo que convirtió a todos los funcionarios españoles en sujetos de cohecho pasivo. Y me miraba al espejo y veía ese bolígrafo, ese maldito bolígrafo de un diseño francamente dudoso, que me hizo a mí, que me tenía por honrado, responsable de cohecho pasivo.

Por lo tanto, esto no se va a acabar aquí. Humíllese a Camps por sus trajes (si es que no los ha pagado él) y dese satisfacción al Grupo Prisa, tan necesitado él de hacer favores (¿cohecho impropio al Gobierno socialista?) para ver si sale del agujero económico en el que está. Y, a partir de ahí, que no quede títere con cabeza. Todos y cada uno de quienes han recibido algún regalo alguna vez (y digo todos, porque son todos) que vayan desfilando ante los jueces y los jurados. Y los jueces y jurados que hayan recibido algún regalo alguna vez, que desfilen también. Sí, hombre, Garzón también, si fuera el caso. Y los policías que instruyen el caso de Camps, también, si fuera el caso.
Y aún voy más allá: señor Camps, si yo fuera usted, empezaría a denunciar a todos aquellos que hayan recibido un regalo de la Generalitat valenciana, que a lo mejor son los mismos que le piden que dimita por recibir regalos.

Por fin vamos a limpiar España, no de unos u otros políticos de unos u otros partidos. De todos los políticos de todos los partidos. De todos los altos funcionarios de la Administración. De todos los que han pasado por ella. Ya era hora, hombre. Ya está bien de tanto regalito y de tanta broma, que es una vergüenza que se trasieguen cosechas enteras de vino y jamón anualmente por la geografía patria.

Realmente, estas Navidades próximas prometen a ser aciagas.

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