28 de septiembre de 2021, 13:19:21
Opinión


Elena Salgado y el lío de los decimales

Alejandra Ruiz-Hermosilla


La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Economía debe de estar mirando de reojo la puerta de salida de emergencia del Parlamento. Su antecesor en el cargo, Pedro Solbes, está pensando en atravesarla después de renunciar a su acta de diputado y antes de incorporarse a un nuevo trabajo, según ha publicado el diario de cabecera de los viejos, que no de los nuevos, socialistas.

Elena Salgado tuvo ayer un mal día; uno de esos en los que parece que todo va bien hasta viene uno y te lo estropea. Por la mañana, le pide 10.000 millones a la banca para pagar la mitad del pico por el que le va salir el “cambio del modelo productivo español” y todo apunta a que los bancos y las cajas se lo van a dar porque, unas horas después, el Partido Popular le daba sus votos en el Congreso –sí, el PP y sólo el PP- para aprobar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), una inyección de liquidez a la banca por valor de 9.000 millones ampliables a ¡90.000! La cosa marchaba bien y aún tenía que mejorar: la ministra sacaba adelante en la Carrera de San Jerónimo el primer trámite de los presupuestos para 2010, esta vez sin el PP.

Entre tanto, los líderes de los países ricos que forman el G8 (no, España no está por mucho que Zapatero y The Guardian lo intenten ante el enfado de Italia y la perplejidad del resto) y que estaban reunidos en L’Aquila se dedicaban a luchar contra el cambio climático mientras pasaban de puntillas sobre la crisis económica para subrayar las mejores previsiones sin dejar de advertir sobre los riesgos. No hacían sangre.

Pero entonces, llegó el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cielo se cubrió y el diluvio de la contracción económica caló hasta los huesos -tampoco tiene tanto mérito- a Elena Salado. Resulta que España es el único país desarrollado para el que el FMI ha empeorado sus previsiones económica: este año será peor de lo que había previsto y el que viene, también.

¡Qué galbana ser vicepresidente económico con la que está cayendo! Pedro Solbes no paraba de insinuarlo, a pesar de que tuvieron que despegarle la cartera con agua caliente. A Elena Salgado le está pasando lo mismo y, aunque mire de soslayo la puerta del hemiciclo señalada con la palabra Exit, sabe que su día aún no ha llegado, que mientras haya Ministerio hay esperanza. Tal es así que hasta le han gustado las cifras del FMI porque “son unas décimas mejores que las de la OCDE”. Seguro que alguno de sus muchos colaboradores es capaz de encontrar otro organismo internacional que le dé unas décimas todavía menos malas que las del FMI y pueda así cerrar de una vez la financiación autonómica que no convence a nadie sin preocuparse de la debacle de la economía nacional ni de las puertas de atrás del Gobierno y el Congreso.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es