23 de mayo de 2019, 8:43:57
Opinion


De cohechos, tribunales y gilipolleces varias

Javier Cámara


Sin ánimo de ahondar en el maravilloso y apasionante mundo de la anchoa cántabra, el arroz y las naranjas valencianas y todo regalo típicamente regional que se precie, sí me parece que el cohecho impropio de los trajes de Camps es una tomadura de pelo de gran calibre o “una verdadera gilipollez”, que cada uno lo diga como quiera.

Que no se me entienda mal, esto no es una defensa del presidente de la Comunidad Valenciana. Si se demuestra que es un “chorizo”, a la cárcel; si alguien incumple la ley, que caiga el peso de la misma sobre aquéllos que han traicionado la confianza de los ciudadanos, que somos los que les hemos puesto en su situación de privilegio. Pero la que se ha formado por unos trajes no me parece que se ajuste a la magnitud del presunto delito. Es más, me resulta paradójico que no se dé la misma relevancia a otros casos, a mi juicio, más “gordos”. No leo ni escucho nada de las investigaciones que –imagino– se estarán realizando sobre todos esos “chanchullos” inmobiliarios pendientes de Justicia en muchos ayuntamientos de este país.

¡Cuántos dirigentes políticos no habrá que estén imputados por cuestiones más graves y no los tenemos hasta en la sopa! Lo que sucede, opino, es que se trata de un presidente de una comunidad autónoma, que resulta, además, que está gobernada por el PP y al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero le interesa que dure. Se entiende perfectamente, mientras más se hable de los trajes de Camps, menos nos acordaremos de lo que realmente nos preocupa, y que no es otra cosa que la deficiente gestión que se está haciendo de la Economía de este país.

Pero volviendo a los trajes –que me pierdo con los millones de parados y los índices que no remontan– ahora quieren también, para escarnio público, que les juzgue un tribunal popular. O sea, para entendernos, quieren que un grupo de personas que no se sabe si son votantes del PSOE, del PP o de Iniciativa Internacionalista, por decir alguno, decidan sobre la posible culpabilidad o no de un personaje que pertenece a un partido político mayoritario de este país.

De estos nueve jurados y un magistrado-presidente del TSJV sabemos seguro que si hubiera mayoría de votantes del PP el juicio sería parcial y que si la mayoría de miembros de tribunal fuera del PSOE el proceso no sería imparcial. ¿Qué van a hacer, les van a preguntar su afiliación política? ¡Vamos, eso ni en “la mili”!

Y digo yo: ¿Alguien cree que las personas que formen ese tribunal popular no van a estar ya “contaminados” por los medios de comunicación y la opinión pública en general al respecto de un caso que es de naturaleza política? Por otra parte, ¿alguno de los miembros de ese mismo tribunal guarda los tickets de los trajes o vestidos que se compra?

Ya sabemos como funcionan las cosas en este país: si el “tú difama que algo queda” es un arma política de uso habitual, los efectos políticos generados por esta mediática-política acusación pueden ser demoledores para Camps y para su jefe, que sigue poniendo la mano en el fuego por el presidente valenciano. Pero no deja de ser curioso el fenómeno cuando, además, el propio juez del caso ha reconocido que no hay relación directa entre el pago de los trajes y las contrataciones adjudicadas por la Comunidad Valenciana.

No soy un gran entendido en leyes, pero si un regalo se puede convertir en un delito de "cohecho impropio" que nadie espere “dádivas” o “regalos” de un “tipo” como yo en Navidad. ¿Se lo imaginan? Yo no, eso sí que sería una gilipollez.
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