22 de septiembre de 2021, 23:00:48
Opinión


Kosovo, antimodelo

Juan José Solozábal


Elie Kedourie, autor del que sin duda es el mejor de los libros sobre nacionalismo, hace un reproche, digamos de tipo moral, a los partidarios de esta idea, por identificar su felicidad personal con la del conjunto o de la nación. Para un patriota es imposible ser feliz en una comunidad no nacionalista, esto es, no consciente de su identidad propia o que todavía no es independiente. La idea es peligrosa puesto que los nacionalistas no pararán hasta conseguir el máximo nivel de afirmación poítica del grupo, aunque sea contra la voluntad de los no nacionalistas cuya felicidad, aunque no lo sepan, depende sólo de hacerse nacionalistas.


Si Elie Kedourie, a quien conocí en la London School of Economics y cuya traducción al castellano de su gran panfleto llevaría a cabo algo más tarde, viviera ahora en España, podría añadir a su reproche al nacionalismo, otro más, de tipo intelectual antes que moral, al que la exageración nacionalista puede conducir y que consiste en confundir lo que podríamos llamar modelo con su contrario o negación, esto es, con su negativo o antimodelo. El modelo es el objetivo al que aspiramos o en que queremos convertirnos. Aquello que nos gustaría ser, porque creemos que responde al ideal que nos inspira o seduce. El antimodelo es justamente lo contrario, esto es, lo que debemos evitar, en lo que no podemos incurrir porque se opone rotundamente a lo que habríamos de ser. Es importante saber lo que debemos ser; pero todavía más saber en lo que no podemos convertirnos.


Escandaliza ciertamente que el prejuicio o la subordinación de los individuos a las exigencias de la nación hayan podido llevar a personas como Miren Azkarate o Artur Mas, a propósito de Kosovo, a confundir el modelo con el antimodelo. Lo que debe evitarse a toda costa con el rasero con que medirse y en que inspirarse.

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