7 de diciembre de 2019, 8:30:27
Opinion


Utilización electoral del Ejército

Enrique Montánchez


En las campañas electorales casi todo vale para conseguir votos. No es nada nuevo. Pero hay límites infranqueables. No sobrepasarlos evidencia la fortaleza y grandeza de la democracia. Los partidos que aceptan esta regla básica de los sistemas democráticos demuestran no sólo altura moral, sino el respeto por la ciudadanía de la que obtienen el mandato y legitimidad para gobernar. Mantener a las Fuerzas Armadas al margen de la liza partidaria es uno de esos límites.


El PSOE no sólo franquea esa frontera a su conveniencia sino que recrea y alimenta un pretendido ruido de sables y golpismo militar, si con ello logra atraerse varios miles de votos. Los asesores de Rodríguez Zapatero vuelven a resucitar, con estrategia bien medida, los ecos felizmente olvidados del 23-F, fecha del intento de golpe de Estado que mañana cumple 27 años, en la creencia de que todavía funciona el voto del miedo a los espadones.


Calificar al ex teniente general José Mena de golpista por publicar un libro en el que, después de dos años, quiere ofrecer su versión de los hechos que ocasionaron su expulsión del Ejército con motivo del polémico discurso en la Pascua Militar de 2005, es una vileza hacia su persona y una utilización partidista de la institución militar. Si la edición, sufragada de su bolsillo, ha coincidido con las elecciones es porque durante bastante tiempo una importante editorial estuvo dándole largas. Las insinuaciones del ex ministro Bono sobre la actitud del general Mena, sobre el que da a entender que podía ser contraria a la Constitución, deberían ser puestas en conocimiento de los jueces o, en caso contrario, abstenerse de fomentar especulaciones.


Malos resultados deben de arrojar los sondeos cuando Ferraz resucita el fantasma del golpismo jaleando las palabras de Mena en la presentación de su libro, pronunciadas desde el más estricto respeto a la Constitución y a la democracia parlamentaria, y difundiendo en paralelo el arresto del Comandante Militar de A Coruña y Lugo por redactar un documento sobre la Memoria Histórica.


Es significatrivo recordar que fue el PSOE de Felipe González, con una responsabilidad y sentido de Estado del que carece la actual dirección socialista, quien logró que las Fuerzas Armadas superaran el estigma del 23-F y se homologasen con los ejércitos de las democracias más avanzadas. Esfuerzo político que reconfortó a los propios militares cuando más lo necesitaban y sirvió para que los españoles volviesen a reconciliarse con sus ciudadanos de uniforme.


No hay peligro golpista alguno por la sencilla razón de que los militares, en su totalidad, han convertido la Constitución de 1978, como no podía ser de otra forma, en el referente y marco institucional del mayor período de estabilidad de nuestra historia reciente. Trasladar a la ciudadanía la desconfianza sobre sus Ejércitos en busca de rédito electoral, es una enorme irresponsabilidad. Con ello sólo se consigue meter el cuchillo en una herida ya cerrada y desmoralizar a más de cien mil militares y sus familias que buscan el aprecio de la sociedad a la que sirven.
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