28 de julio de 2021, 5:16:03
Opinión


Todos los fuegos

Mayte Ortega Gallego


En el relato de Julio Cortázar se narran dos historias paralelas en épocas dispares pero con un desenlace común. Común en conclusiones: la soledad y la incomunicación han conseguido destruir las mejores historias a cuyos personajes sólo les resta purificarse mediante el fuego.

En España según parece también nos estamos especializando en historias, por no decir bosques a los que sólo cabe purificarse mediante el fuego. Se está convirtiendo en una suerte de rito iniciático por el que todos los bosques han de pasar al menos una vez en su vida. Algunos afortunados, los menos, pasarán dos o incluso tres. Los hubo incluso que pensaron que estaban a salvo porque les habían concedido una medallita, un sellito circular y moderno que los catalogaba como espacio protegido. ¿Protegido de quién? ¿Del mismo que le concedió el sellito?

Sin embargo seguimos mostrando esta capacidad de asombro, sólo propia de los bebés, de que cada año en que se abrasan nuestros bosques nos parece la primera vez. Conseguimos “no apagar la llama”. Cada nuevo fuego parece el primer fuego, vaya, no había cortafuegos, vaya no se habían destinado suficientes retenes a esa zona, vaya no se coordinó adecuadamente la labor de extinción, vaya hemos usado un “Súpertanker” que ha sido de todo punto inefectivo. Todos estos vayas nos cargan cinco muertos y miles de hectáreas arrasadas.

Uno de los vayas más recurrentes es el que atañe a la cantidad de broza que hay en nuestros bosques. Se veía venir. Un invierno húmedo, brotes generosos y listos para arder en cuanto se acerque el calor. He oído que las campañas “razzia” que se acometen desde las distintas Consejerías de Medio Ambiente tal vez no sean las más efectivas. Tal vez no se trate de vestirse de Coronel Tapiocca y subir en un coche lleno de pegatinas verdes. Tal vez se trate de una labor de limpieza de todo el año, de encontrar soluciones que no duren un año y de colaborar con la gente que lleva toda la vida en la montaña, en los bosques, que permitió que el ganado comiese la broza y que preservó ese espacio sin saber que cumplía con una directiva europea ratificada por los 25.

No dudo de que tras los incendios haya intereses especulativos. Ahora, el que queme para construir ahora que se lo haga mirar, no vaya a ser pirómano e imbécil, las dos cosas.





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