23 de noviembre de 2019, 2:46:53
Opinion


América Latina, la región “más feliz del planeta”

William Chislett


El dinero no lo es todo. América Latina es uno de las zonas más pobres del mundo, pero ocho de sus países figuran entre los primeros diez en el reciente Happy Planet Index (Indice del Planeta Feliz), desarrollado por la organización británica New Economics Foundation.

El número uno es Costa Rica, en el décimo lugar esta Honduras, que hace poco tuvo un golpe militar. El primer país miembro del G20 al que José Luis Rodríguez Zapatero tanto quiere unirse es Brasil (en el puesto nueve). Mi país, el Reino Unido, está en el puesto 74, España en el 76 y en el último renglón Zimbabwe. El primer país desarrollado en el Índice es Holanda en el puesto 43.

Creo que nadie esta en desacuerdo con el ranking del miserable país africano del tirano Mugabe, pero la supremacía en el índice de países de América Latina llama la atención. Como señala mi amigo, el historiador Felipe Fernández Armesto, América Latina llegó a estar estigmatizada por una serie de palabras desgraciadamente célebres: junta, pronunciamiento, cacique, guerrilla, cártel, caudillismo, algunas de los cuales han entrado en el vocabulario ingles.

Basado en 143 países, el índice, que nos hace pensar en nuestro modelo de desarrollo, desnuda la economía hasta su concepto más básico: lo que usamos (recursos) y lo que obtenemos (vidas humanas más o menos largas, más o menos felices). Se basa en una sencilla fórmula no matemática: bienestar por esperanza de vida, dividido entre impacto ecológico.

A diferencia del Índice del Desarrollo Humano de la Naciones Unidas, este índice no tiene en cuenta los ingresos per capita y el nivel educativo. En un juego de palabras que no funciona en español, el índice dice que “good lives don’t have to cost the Earth” (algo como vivir bien no tiene por qué costar una fortuna, literalmente costar la tierra).

Los costarricenses reportan el más alto bienestar del mundo, poseen la segunda mayor esperanza de vida de promedio en el Nuevo Mundo (segunda sólo después de Canadá y 18 meses menos que España) y tienen una huella ecológica que significa que el país falla por muy poco en alcanzar el objetivo de "vida en un solo planeta", es decir, consumiendo su parte proporcional de los recursos naturales de la Tierra. En el componente de la huella ecológica, España esta en la categoría roja (el peor).

Entre los factores detrás del éxito de Costa Rica, y en general de toda América Latina, son sus aspiraciones no materiales, sólidas redes sociales de amigos, familias y barrios y riqueza natural. Yo viví seis años en México DF y pude apreciar estas cualidades.

El índice es otra señal de los cambios positivos en América Latina durante los últimos 20 años, muchos de los cuales están señalados en el excelente libro de Michael Reid, editor de la sección de América en el semanal The Economist, cuya versión en español (El continente olvidado: La lucha por el alma de América Latina), fue publicada hace poco por Ediciones Belacqva. Hace 30 años, 13 de los 20 países de América Latina fueron gobernados por generales. Hoy, solo queda un verdadero dictador en la región (Fidel Castro). Y sus economías están más sanas: gracias a las reformas el impacto de la crisis global sobre la región ha sido menor esta vez. Sin embargo, aún queda un largo camino para alcanzar su potencial y consolidar sus democracias.

Es una lastima que la publicación del índice coincidiera con el golpe en Honduras, cuyo largo historial de golpes y bananas dio origen al término despectivo de “república bananera”. Al puro estilo de las repúblicas bananeras, el presidente Manuel Zelaya fue detenido en pijama y enviado por la fuerza a Costa Rica, supuestamente el país más feliz del planeta, y esta es la imagen de América Latina que aún queda en la mente de la publica internacional.








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