12 de noviembre de 2019, 20:33:56
Opinion


Rebatiendo a Unamuno

William Chislett


Hace poco se ha publicado el cuarto volumen de la magnifica obra España Siglo XXI, dirigida por Salustiano del Campo y José Félix Tezanos (Biblioteca Nueva). Los tres primeros tomos, comentados ya en esta columna, cubren la sociedad, la política y la economía, y en la cuarta entrega es el turno de la ciencia y la tecnología (cuyos editores son Carlos Sánchez del Río, Emilio Muñoz y Enrique Alarcón). Queda un quinto volumen sobre la literatura y las bellas artes que saldrá después del verano. La obra es un exhaustivo retrato de la España después de General Franco e indispensable para entender los profundos cambios, tanto positivos como negativos. Ocupa un lugar de honor en mi biblioteca.

En sus más de mil páginas y con la participación de 52 autores, el volumen está dividido en tres partes, dedicadas respectivamente a las ciencias exactas, físicas y naturales, a la biología y a la tecnología. El marco temporal abarca los treinta años comunes a toda la obra, aunque se adelantan en algunos casos hasta los comienzos de las actividades científicas en España.

España no es conocida por sus éxitos en la ciencia y la tecnología, resumida en la célebre frase de Miguel de Unamuno, “¡Que inventen ellos!” La exclamación se produjo en distintas aunque coincidentes formulaciones: primero en una carta de Unamuno a José Ortega y Gasset del 30 de mayo de 1906 (“Yo me voy sintiendo profundamente antieuropeo. ¿Que ellos inventan cosas?, invéntenlas”). Poco después, en julio del mismo año, en un artículo en forma de diálogo de dos personajes:
Román.- “Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó.
Sabino.- Acaso mejor.”

Hasta cierto punto este libro rebate a Unamuno. Como dice Miguel Ángel Quintanilla Fisac en el prólogo, “España ha pasado en menos de cuarenta años de ser un país realmente atrasado en ciencia y tecnología a ocupar un puesto destacado a nivel mundial, equivalente al que ostenta en los niveles de riqueza, producción industrial o bienestar social.” Sin embargo, el último español galardonado con Nobel para ciencias fue Severo Ochoa en 1959 (cuando tenia nacionalidad estadoudiense y español) y antes de el Santiago Ramón y Cajal en 1906. En cambio, España ha ganado cinco premios Nobel para la literatura.

Dice Ángel Quintanilla, con mucha razón creo, que “es difícil sustraerse a la impresión de que cualquier cosa buena o mala que haya sucedido en España en las últimas décadas ha tenido algo que ver con el dinamismo político de la sociedad española.” Muchos aspectos del cambio científico solo son explicables como consecuencia de intervenciones e actuaciones de naturaleza estrictamente política.

En 1967, España tenia 4.181 investigadores y en 2006 115.798, pero durante este periodo el gasto total en I+D solo se incrementó desde el 0,27% del PIB al 1% en 2003, muy por debajo del promedio de la UE-27 de 1,86% y más de 30 años más tarde de lo que se estimó como cifra deseable por un comité de expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Incrementar la inversión en I+D hasta más de 2% del PIB como Alemania y Francia o más del 3% como Suecia y Finlandia es una de las asignaturas pendientes si el Gobierno quiere realizar su sueño de crear una economía basada en el conocimiento. Igualmente, llama la atención las bajas notas que saca España en el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés) de la OCDE en matemáticas y ciencias naturales. ¡Que aprendan los españoles!
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