19 de octubre de 2021, 0:55:45
Nacional

EXCLUSIVA


General Mena: "Subordinación sí, servilismo no"



LAS SANCIONES


El arresto domiciliario
"A las seis y media de la mañana del día 7 de enero, sábado, tomé el primer AVE para Madrid. No quise que me acompañase nadie. Hojeé en el tren los periódicos de difusión nacional y, aparte de comprobar la importancia y el espacio que daban a lo que a partir de ese momento se conocería como "El caso Mena", me llamó la atención la noticia publicada en El País: "El jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Félix Sanz Roldán, propuso ayer a José Bono, ministro de Defensa, el cese inmediato del General de la Fuerza Terrestre José Mena Aguado".

La clave de tal propuesta venía en unas líneas posteriores: "La propuesta del JEMAD a Bono -que se hizo pública sobre las 20:00-excede sus competencias sobre nombramiento y ceses, y supone un intento de que la respuesta a las manifestaciones de Mena provenga de las propias Fuerzas Armadas y no del poder político". Tengo claro que, una vez más, el JEMAD se dejó utilizar con fines políticos, plegándose a la estrategia del Ministro que le nombró para el cargo.

Con toda sinceridad, aunque la noticia me llamó la atención, no me sorprendió lo más mínimo, ya que conozco muy bien su personalidad, ambición y trayectoria profesional, reflejadas en una biografía editada en la página web "el cisne negro.com" que me recomendaron en un mensaje telefónico que recibí a los pocos días.

Una prueba más de la "sumisión" del JEMAD fue que sobre las diez y media de la noche anterior había recibido una llamada de un Teniente General en la reserva, antiguo Jefe mío que siempre me había distinguido con su aprecio y consideración, al que el General Sanz Roldán, conocedor de esa especial relación, había llamado unos momentos antes para que me aconsejase que en mi entrevista con el Ministro mantuviese una actitud más sumisa que altanera, lo cual podría ser beneficioso para mí.

Yo interpreté el mensaje como un deseo del Ministro para que el trámite de audiencia fuese más fácil para él, porque la decisión ya estaba tomada, según información publicada en la prensa sobre la conversación que había mantenido el Ministro con el Sr Duran i Lleida; pienso que el JEMAD se prestó a hacer de lazarillo para transmitirse ese mensaje a través de una tercera persona, pues de haber sido iniciativa suya parece más lógico que me hubiese llamado personalmente. Además, creo que nunca he sido altanero, por lo que sobraba el consejo".




"Sabía, por la información de la prensa, que el arresto se iba a producir"
"Como tenía previsto, aproveché la mayor parte del viaje para preparar la entrevista con el Ministro. Sabía, por la información de la prensa, que el arresto se iba a producir, con independencia de cuáles fuesen mis alegaciones, lo cual era una primera muestra de la indefensión que padecí.

Intuía que la acusación iba a ser por falta leve, pues de lo contrario el procedimiento sancionador hubiese sido diferente. Así que leí y releí los 34 tipos de faltas leves definidas en el artículo 7 del Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas y por más vueltas que daba al asunto no encontraba el encaje de mi actuación o de mis palabras en ninguno de ellos, llegando a la conclusión de que únicamente podría aplicárseme el último apartado: "Nº 34. Las demás (faltas) que, no estando en los apartados anteriores, supongan inobservancia leve de alguno de los deberes que señalan las Reales Ordenanzas, reglamentos y demás disposiciones que rigen la Institución Militar".

Este apartado es una especie de "cajón de sastre" que se viene utilizando para castigar la infracción u olvido de un deber militar concreto no tipificado en los 33 apartados anteriores. En este sentido, preparé mis alegaciones para dejar bien claro que no había faltado a deber militar alguno.

Puntual, como es habitual, llegó el AVE a la estación de Atocha y me dirigí al Ministerio de Defensa en un coche que me estaba esperando. Llegué al Ministerio sobre las diez y cuarto. El día anterior el Ministro, informado por el JEME, había autorizado este retraso que algún medio de comunicación interpretó como un desaire por mi parte al Ministro, lo que desmiento categóricamente.

La entrada al Ministerio se produjo por la parte posterior, tanto por la urgencia como para evitar contacto alguno con los medios de comunicación que cubrían la información en la puerta principal".

"Una vez en el Ministerio tuve que esperar un buen rato hasta que me recibió el Ministro, que se había reunido con la cúpula política del Ministerio, incluidos el JEMAD y su Asesor Jurídico; pienso que para dilucidar sobre el apartado del Régimen Disciplinario que podría ser de aplicación al caso y precisar los detalles de procedimiento que exige el desarrollo de este tipo de audiencia.

Pasadas las once de la mañana entré en el despacho del Ministro, siendo recibido por él, el JEMAD y el General Adjunto al Asesor Jurídico del Ministerio. Tras el protocolario saludo, se sentó el Ministro en su mesa del despacho y yo frente a él, permaneciendo los otros dos de pie, junto al Ministro, durante toda la entrevista.

Es posible que con el paso del tiempo y la lógica preocupación que yo tenía en aquel momento cuando relato a continuación adolezca de alguna inexactitud literal que puede ser rebatida si, como sospecho, la entrevista fue grabada sin mi conocimiento ni consentimiento. Lo que sí aseguro es la fidelidad al fondo o esencia de lo que a continuación refiero.

El Ministro me informó que el objeto de la audiencia era la iniciativa de un expediente disciplinario verbal por mi actuación del día anterior en la Capitanía General de Sevilla, comentando, entre otras cosas, que ello suponía una pérdida de confianza; me presentó un ejemplar del discurso para que reconociese su autenticidad, el que hice tras un somero hojeo pues me pareció que era la copia que yo había enviado al JEME la tarde anterior.

Acto seguido me dio la oportunidad de exponer las alegaciones que considerase oportunas, sin darme la posibilidad de contar con asistencia letrada de la que él, en claro desequilibrio legal, disponía con la presencia de su Asesor Jurídico y el JEMAD.

Yo deduje en ese momento, de la actitud y de las palabras del Ministro, que me iba a imputar la infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas (apartado 31 del artículo 7 del Régimen Disciplinario de las FAS). Como he señalado anteriormente, había preparado mis alegaciones para intentar demostrar que mi conducta no estaba incluida en el apartado 34 del citado artículo por no haber faltado a mis deberes militares relacionados con el honor, la disciplina, la subordinación, el decoro o cualquier otro que se pretendiese invocar; así que, sobre la marcha, tuve que modificar las ideas que había plasmado en un folio durante el viaje".




Mis alegaciones
"En líneas generales, éstas fueron mis alegaciones:
Reconozco la autoría del discurso que me ha presentado el Sr. Ministro.
En la elaboración del discurso no han intervenido otras personas, por lo que es de mi exclusiva responsabilidad.
He elaborado el discurso, aislado, en los tres días anteriores a la celebración de la Pascua Militar sin el conocimiento de persona alguna de mi entorno profesional o familiar.
No he mantenido ni mantengo conexión con asociaciones, grupos, partidos políticos, ni sagas de compañeros.
Es descartable cualquier "ruido de sables" al que hace referencia cierta prensa, e inimaginable un trasfondo golpista.
No busco protagonismo, ni lo he buscado nunca.
No he pretendido aprovechar la proximidad de mi pase a la situación de reserva, prevista para el próximo mes de marzo, como señala también algún medio de comunicación. Siempre, a lo largo de mi carrera militar, he hablado claro y transparente.
Mis palabras no han perseguido una finalidad política concreta.

¿Qué me ha movido a manifestarme de esta forma?
Llevo más de seis meses visitando y "viviendo" las Unidades y he recogido y contrastado sus preocupaciones. Las principales son el terrorismo y la unidad de España.
--El terrorismo preocupa más a los Cuadros de Mando que a la Tropa, si bien esta preocupación ha venido decayendo como consecuencia de llevar más de dos años sin asesinados en las Fuerzas Armadas.

--Más generalizada, entre Cuadros de Mando y Tropa es la preocupación por la unidad de España, desatada con la aparición del Estatuto de Cataluña, y creo que esta preocupación es conocida en todos los niveles de Mando, hasta el JEMAD.

Pienso que mis subordinados estaban esperando alguna reacción o actitud ante lo que ellos consideran un peligro de desmembración de España o, al menos, un mercado asimétrico e insolidario.
Mi discurso pretendía estar dirigido, principalmente, a los militares, reiterándose el mensaje de tranquilidad, que he dado en todas mis visitas, aspecto que no han recogido los medios de comunicación.
Considero que el texto del discurso se ajusta a la legalidad, escrupulosamente.

En referencia al Estatuto de Cataluña, sólo se recogen los tres aspectos que más preocupan a las Fuerzas Armadas: el concepto de Nación, en el que no entré en mi discurso. Limitándome a la lectura del artículo 2 de la Constitución; los problemas que el deber de conocer la lengua catalana ocasionarían en los destinos de las Fuerzas Armadas; y un agravamiento, ante una mayor descentralización de la justicia, de los problemas que vivimos y sufrimos en las Fuerzas Armadas ante la disparidad de sentencias que por los mismos hechos dictan actualmente los Tribunales Autonómicos.

Tal vez el punto más conflictivo o controvertido del discurso haya podido ser la referencia al artículo 8 de la Constitución. Pero yo tenía entendido que precisamente este artículo "le gusta al Ministro de Defensa", según expresó públicamente, en una respuesta al Sr. Anasagasti, hace unos meses.

Quiero aclarar que en mi discurso señalé que su aplicación en estos momentos, afortunadamente, parece impensable. Asimismo, en el discurso no se hace referencia a la intervención directa del Ejército, como parece entender la casi totalidad de los medios de comunicación, sino que se expresa claramente que si se diesen las condiciones necesarias sería de aplicación el artículo 8 de la Constitución.

Se entiende, por sabido, que no corresponde a las Fuerzas Armadas la decisión sobre la aplicación de este artículo, por lo que no intervendrían por iniciativa propia, sino por orden del Gobierno, sentencia del Tribunal Constitucional o de otras instancias. Tal vez el discurso requiriese esta aclaración pública puesto que bajo ningún concepto pretendo perjudicar la imagen de nuestra Institución.

Pienso que el tema se ha desbordado por una incorrecta y/o tendenciosa interpretación de la referencia al artículo 8, como lo demuestran los titulares de los medios de comunicación.

Por mi parte, no deseo dar publicidad a este asunto, por lo que he dado orden a mi Oficina de Comunicación Pública para que las peticiones de información se dirijan al Ministerio de Defensa. Cualquiera que sea la decisión que se adopte aseguro que mi actitud será la que corresponde a un militar.

Finalizada mi exposición, en la que no fui interrumpido, el Ministro se dirigió a mí con una actitud amable recordándome que nuestras relaciones personales y profesionales habían sido buenas y que habían pretendido distinguirme con sus atenciones en diversas ocasiones, preguntándome a continuación por qué no consulté el discurso antes de hablar y por qué no había puesto la información en conocimiento de mis superiores incluso en su conocimiento en alguno de los contactos que había mantenido con él, a lo cual le respondí que consideraba que la situación era sobradamente conocida por todos los Mandos, incluido el JEMAD, allí presente, y que él nunca me había dado pie para hablar de estos temas ni de otros parecidos".


"¿Qué haría usted si un subordinado suyo, pronunciase un discurso problemático sin su consentimiento?"

"El Ministro continuó: "Al margen de todo esto, ¿qué haría usted si un Coronel, subordinado suyo, pronunciase un discurso problemático sin su consentimiento? ¿Tomaría usted alguna medida con él?" A lo que respondí: "Probablemente", pensando en aquel momento en el cese en el destino que ya habían anunciado los medios de comunicación y que yo veía lógico si mi actuación se interpretaba como una pérdida de confianza del Gobierno.

Este comentario, ajeno a lo que en aquel momento se estaba juzgando, ha sido arteramente utilizado por el Ministro (y posteriormente por la fiscalía y la abogacía del Estado) para vender ante la opinión pública y ante los Mandos militares que yo había reconocido mi culpabilidad (autoinculpación) sobre la cosa juzgada (infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas), lo cual negué taxativamente al final de la audiencia.

Siguió el Ministro reiterando que mi actitud conllevaba una pérdida de su confianza en mí y que el hecho se agravaba por haber faltado a lo único que exigen las Reales Ordenanzas al Oficial General en su artículo 67, la prudencia, lo cual es impreciso puesto que también señalan: "Para acceder a este empleo y para ejercerlo, se esforzarán en acreditar de modo sobresaliente sus virtudes militares, su competencia profesional y su entrega a la carrera de sus armas... Extremarán el amor a la responsabilidad, la prudencia en el uso de sus atribuciones y el equilibrio y firmeza en sus resoluciones..." no quise entrar a discutir sobre las opiniones del Ministro y mucho menos sobre la prudencia o imprudencia del discurso porque no iba a conducir a nada positivo, ya que la decisión estaba tomada de antemano.

Como colofón, me comunicó que había incumplido el apartado 31 del artículo 7 del Régimen Disciplinario (infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas), leyéndolo íntegramente y diciéndome que esperase la notificación escrita de la sanción.
Me limité a responder que no creía haber faltado al deber de neutralidad política.

El Ministro dio por terminada la audiencia y yo me despedí militarmente".

"Durante la entrevista, que duró poco más de quince minutos, no percibí yo tensión alguna y tanto el JEMAD como el General Asesor Jurídico guardaron silencio en todo momento".

"Una posible manipulación de la copia del discurso"
"En el despacho del Director del Gabinete Técnico del Ministro esperé, durante casi dos horas, la notificación anunciada. En ese espacio de tiempo apareció el JEMAD con la copia del discurso que anteriormente se me había mostrado y me dijo que había algunas diferencias entre lo que en él figuraba y la cinta que un periodista de Radio Nacional de España había grabado. La principal diferencia, aunque pequeña, podía ser importante: en una parte del discurso dije: "Pero sí tengo la obligación de conocer los sentimientos, inquietudes, y preocupaciones de mis subordinados y transmitirlos, como es habitual, a la máxima autoridad de mi Ejército, y hacerlos públicos, por expreso deseo de aquéllos".

En el ejemplar que tenía el Ministro no figuraba "y transmitirlos, como es habitual, a la máxima autoridad de mi Ejército".

Esto, según me manifestó el JEMAD, había llevado al Ministro a pensar que el JEME hubiese podido eliminar esta frase. Yo le comenté que es frecuente en los discursos no seguir al pie de la letra lo escrito con anterioridad; que, en mi caso, había modificado varias veces el contenido del discurso teniendo varias copias del mismo en mi ordenador; y que la copia que tenía el Ministro era la que yo había remitido al JEME la tarde anterior, sin que éste hubiese modificado parte alguna, haciéndome yo único responsable, tanto delo dicho como de lo escrito.

Tengo el convencimiento de que esta duda sobre una posible manipulación de la copia del discurso y la malévola interpretación de la negativa del JEME a la imposición automática del arresto, fueron consideradas como una falta de lealtad hacia el Ministro, y constituyeron con posterioridad un motivo más para determinar su cese, que se produjo el siguiente mes de abril, inmediatamente después del relevo del Ministro de Defensa.

Hasta ese momento yo no había tenido la oportunidad de hablar con el JEMAD, que como ya he dicho me recibió en silencio y en silencio permaneció durante toda la entrevista con el Ministro. Por eso, aproveché este encuentro para espetarle:

-- ¿Es cierta la información que sale hoy en prensa de que tú has pedido mi cese al Ministro por mis declaraciones de ayer?
--Sí—me respondió con un cierto nerviosismo.. porque es preferible que el asunto se resuelva en el ámbito de las Fuerzas Armadas antes que en instancias políticas.

--Pues muchas gracias—contesté con socarronería..porque has actuado al revés de cómo solíamos hacer, al menos yo, cuando éramos Capitanes y arrestábamos con una sanción benévola a un Sargento al que considerábamos un buen profesional, para evitar que nuestro superior, llevado por un arrebato, le impusiese un castigo más duro e inmerecido.

Hubo una persona que presenció esta conversación y su callada salida del despacho".

"El asunto no se resolvió en el seno de las Fuerzas Armadas"
"Por supuesto, que el asunto no se resolvió en el seno de las Fuerzas Armadas, ya que las decisiones sobre el arresto, cese y pase a la situación de reserva se adoptaron en el ámbito político y con gran difusión en todos los medios de comunicación, lo cual deja sin argumentos la justificación del JEMAD.

Alrededor de la una del mediodía apareció el General Asesor Jurídico con el original y una copia del escrito en el que se me notificaba la sanción impuesta, firmando yo en el primero de ellos el "enterado" y quejándome con la copia en la que, curiosamente, faltaba la firma del Ministro.

Yo lo achaco a las prisas que tenía el Ministro para confirmar a los medios de comunicación la sanción que, reitero, se había decidido la tarde anterior. Conocida es la debilidad que sentía y sigue sintiendo el señor Bono por estar en candelero en cualquier medio de comunicación.

Cuando iba a abandonar el Ministerio me topé con el Ministro que salía de su antedespacho, dejando atrás a los altos cargos del Ministerio que habían sido citados esa mañana del domingo. Me tendió la mano, que no rechacé, siendo la última vez que le vi, a pesar de que él ha manifestado en diversas ocasiones que fui a despedirme de él con normalidad algunos días más tarde.

Me llamó la atención que el grupo de personas que seguía al Ministro una cabeza se ocultó de la línea de mi mirada, aunque me dio tiempo a percibir que era la del Almirante Torrente. Este insignificante detalle se quedó muy grabado en mi memoria y me llevó a pensar que algo quería ocultar, deduciendo que podría ser su activa participación en las conversaciones de la tarde del día anterior y de esa misma mañana, lo cual era lógico, dado su cargo. Este curioso personaje merece que en los centro militares de enseñanza sea puesto como sublime ejemplo de la lealtad.

Salí del Ministerio por la puerta principal en la que se encontraban los medios de comunicación y un nutrido grupo de personas exteriorizando su apoyo hacia mí. Más tarde me contó mi hijo, que residía en Madrid, que él estaba allí desde las nueve y media, sin yo imaginármelo siquiera, y que coincidió con algunos amigos míos que estuvieron esperando preocupados el desenlace de la entrevista. De haberlo sabido, no hubiese entrado por la trasera del Ministerio, y al salir hubiera parado para darle un beso y un abrazo.

Me dirigí al cuartel General del Ejército, donde me esperaban el JEME y el Segundo JEME para que les informase del resultado de la audiencias con el Ministro, lo cual hice con bastante detalle. Mi amistad con el JEME era pública y notoria, por lo que nos expresamos con cordialidad y confianza, ofreciéndome su apoyo y el de su Asesoría Jurídica.

Me despedí amigablemente del JEME y salí de su despacho acompañado por el Segundo JEME, quien me comentó:
--Como tu pase a la reserva parece inevitable, nos tenemos que poner de acuerdo para organizar tu despedida del Consejo Superior del Ejército.
--¿Tú crees, de verdad, que va a haber despedida?
--¡Faltaría más!

En otra parte de este libro confirmo mi intuición".

El patinazo del ministro
"Tras la entrevista con el JEME me dirigí a mi domicilio de Madrid, donde esperaba mi hijo, impaciente y un tanto nervioso por el ambiente que había observado en la entrada del Ministerio de Defensa. Había comprado algunas cosas pensando que no me apetecería comer fuera de casa, como era costumbre en los breves desplazamientos que hacía a Madrid.

Llamé a mi mujer y a mi hija, que se encontraba también en Sevilla con los preparativos de su boda, para informarles sobre la audiencia con el Ministro y tranquilizarles. La otra hija, la que se encontraba de vacaciones en el extranjero y a la que no había quería informar de lo que estaba sucediendo, anticipó su regreso al ver las noticias difusas y tergiversadas que aparecían en la prensa y televisión extranjeras; también le tranquilicé.

Durante la comida estuve "zapeando" por los informativos de todas las cadenas de televisión que a bombo y platillo anunciaban el arresto que me había impuesto el Ministro.

Las normas vigentes sobre la aplicación del Régimen Disciplinario exigen que los correctivos impuestos a los Cuadros de Mando sean tratados confidencialmente. La difusión detallada sobre el arresto que hicieron, tanto el Ministro de Defensa como su Oficina de Comunicación, constituyen un incumplimiento flagrante de dichas normas que estaban obligados a conocer, al menos el Ministro por la competencia que tiene como Autoridad sancionadora.

Resulta incomprensible que el JEMAD, que llevaba muchas horas pegado al Ministro, conocedor de la rueda de prensa convocada para después de la audiencia y de la debilidad de éste por los medios de comunicación, no le alertase sobre esta circunstancia. No tiene más explicación que su desconocimiento sobre temas disciplinarios en los que, por razón de su trayectoria profesional, no ha debido acumular la experiencia suficiente.

Que el Ministro desconocía estas normas lo tengo muy claro porque cuando, con posterioridad, le informaron del desliz preguntó:
--¿Esto lo sabe el Teniente General Mena?
--Por supuesto—le contestaron--. Es el primero que ha llamado al JEME para quejarse.

Se ha pretendido justificar el patinazo del Ministro aduciendo que tales normas afectan sólo a los militares y que él, como civil, no está sujeto a ellas. El argumento no puede ser más ramplón ya que por esa misma razón no debería figurar como Autoridad sancionadora. Es la utilización política, una vez más, de la 'ley del embudo'".

"El cese en el destino y el pase a la situación de reserva"
"DE ACUERDO CON LO ANUNCIADO UNA SEMANA ANTES TODOS LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, EL Consejo de Ministros, en su reunión de ordinaria del día 13 de enero, acordó mi cese en el destino de Jefe de la Fuerza Terrestre y el pase a la situación de reserva. Aunque en apariencia eran medidas administrativas, en el fondo eran sanciones añadidas el arresto domiciliario que estaba cumpliendo en aquel momento.




¿HA SIDO EL DISCURSO UN "PRONUNCIAMIENTO MILITAR"?

Nadie mejor que yo puede saber que mi discurso no iba en contra de ningún partido político, lo elaboré pensando en la unidad de España como Nación, en la que la cohesión del territorio nacional, en la igualdad de los españoles y en la solidaridad entre las Autonomías; buena prueba de ello fueron, en mi opinión, las violentas reacciones de los políticos nacionalistas enemigos de España y del propio Presidente del Gobierno que veía atacado su proyecto de política territorial.

Mientras el Gobierno ha tolerado extravagantes manifestaciones contra España, contra el Rey y contra las Instituciones, actuó con la máxima dureza frente a quien, con respeto pedía que un Estatuto de Autonomía se ajustase al espíritu y a la letra de la Constitución Española. Difícil de entender pero fácil de interpretar si se analiza el comportamiento político del Presidente del Gobierno de España a lo largo de toda su legislatura.

EL DRAE (Diccionario de la Real Academia de las Lenguas) define Pronunciamiento: "Alzamiento militar contra el Gobierno, promovido por un jefe del Ejército o caudillo". En este sentido, puesto que el alzamiento militar es, por naturaleza, armado y exige una participación colectiva no exenta de violencia, circunstancias que no se dan en este caso.

No obstante, pienso que el DRAE se ha quedado corto y comparto las opiniones sobre la necesidad de ampliar la definición de pronunciamiento a cualquier acción y efecto derivados del verbo "pronunciar", tanto en su acepción de sublevar, levantar, como en la declararse o mostrarse a favor o en contra de alguien o algo, no sólo en el aspecto militar sino también en el civil.

Aceptando esta premisa, el discurso puede considerarse un Pronunciamiento Militar, en función de la persona que lo emite, y Constitucional por su contenido, aunque con ello se rompe el estereotipo de los Pronunciamientos que hemos conocido en la Historia de España, especialmente en al segunda mitad del siglo XX".




EL CONTROVERTIDO ARTÍCULO 8 DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

"La parte más polémica de mi discurso fue, sin duda, la referencia a la misión que al artículo 8 de la Constitución encomienda a las Fuerzas Armadas: "Las Fuerzas Armadas constituidas por el ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Esta lectura, transcrita de nuestra Constitución, y por lo tanto no inventada, sirvió para que en algunos medios de comunicación se me tildase de golpista, sin querer valorar lo que previamente había señalado: "Afortunadamente, la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí que reitero mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable…"

Por esta razón, y por considerarlos harto sabidos, no creí conveniente hacer referencia en mi discurso a los supuestos y formalidades que exigiría la aplicación del controvertido artículo 8, ya que en contra de los que vieron en mi actuación un trasfondo golpista no entraba en mis cálculos que se pudiese llegar a ese extremo.

Por otra parte, aclarar tales aspectos me hubiese llevado a la lectura de muchos otros artículos (62, 93, 94, 97, 116, 149, etc) que conocía tan bien como aquel y que harían mi discurso interminable. De nada sirvió que así se lo aclarase al Ministro de Defensa en el trámite de audiencia, que anteriormente he descrito con todo detalle, reconociendo la subordinación de la autoridad militar a la civil. Ahora añado: subordinación sí, pero servilismo no".
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