27 de enero de 2020, 5:14:10
Mundo

El escándalo de los yates robados salpica al Presidente Ben Ali


Manejos turbios en vísperas de las elecciones presidenciales en Túnez


A dos meses de que se celebren las elecciones presidenciales en Túnez, el escándalo de los yates de lujo robados en Francia comienza a adquirir preocupantes tintes políticos. La justicia gala, a pesar de las presiones que recibe, se resiste a archivar el caso, mientras que el Palacio de Cartago, sede de la presidencia tunecina, observa un enojoso silencio.


Imed y Moaz Trabelsi, dos sobrinos del presidente Zine el Abidine Ben Ali a través de su esposa Leila Trabelsi, se encuentran mezclados en una investigación judicial concerniente a un tráfico de yates robados en Francia.

El origen del escándalo tuvo lugar en mayo de 2006 cuando el banquero Bruno Roger denunció la desaparición de su lujoso yate en Bastia, la capital de la isla de Córcega. Poco después, y debido a que el magnate del banco Lazard era amigo personal del entonces presidente Jacques Chirac y de su ministro del Interior, y ahora Jefe del Estado, Nicolás Sarkozy, el Beru Ma valorado e un millón de euros fue encontrado en el puerto tunecino de Sidi Bu Said, mientras trataban de maquillarlo para no ser identificado. Un asunto que los medios de comunicación franceses e internacionales asociaron con actos de piratería moderna.

El juez francés, Jean-Bastien Risson, que instruye el caso, ha decidido enviar a los dos Trabelsi entre un total de once sospechosos al correccional, en espera del juicio. Pueden ser sentenciados a 15 años de prisión.

Los dos sobrinos del Presidente tunecino son sospechosos de haber ordenado el robo de tres yates, el citado Beru Ma, el Blue Dolphin IV y el Sando, ambos desaparecidos en la Costa Azul en 2005 y 2006 respectivamente. Sus presuntos cómplices así lo denuncian. En mayo de 2008, como consecuencia de una comision rogatoria internacional, el juez galo abrió una instrucción contra ellos después de haberles interrogado en Túnez, donde se habían declarado inocentes de los hechos en cuestión. Pero, al parecer, algo de turbio había en el asunto cuando un magistrado tunecino abrió contra ellos una instrucción por «complicidad de robo con banda organizada».

El proceso en Francia de los Trabelsi no es seguro de que se lleve a cabo. El periódico Journal du Dimanche de París escribe esta semana que la Fiscalía, que depende del ministerio francés de la Justicia, se habría opuesto a que sean juzgados, mientras que sus 9 supuestos cómplices sí pasarán ante el tribunal el próximo 21 de agosto en Bastia. Antoine Sollacaro, abogado de uno de los otros 9 acusados, denuncia el trato de favor otorgado a los hermanos Trabelsi, y rechaza que sólo comparezcan ante los tribunales «los ejecutores» del acto de piratería, y no sus «promotores».

El escándalo ha creado una fuerte irritación en el Palacio de Cartago hacia el régimen francés. Hasta tal punto que la Primera Dama tunecina, Leila Ben Ali, boicotéo el viaje oficial del Presidente galo a Túnez en abril del año pasado, cuando ya los magistrados galos convocaron a Imed y Moaz Trabelsi, y al no presentarse emitieron una orden de captura internacional. Leila Ben Ali no fue, junto con el Jefe del Estado, al aeropuerto para recibir a la Primera dama de Francia, Carla Bruni; y tampoco asistió al banquete oficial que el Presidente Ben Ali dio en honor de sus huéspedes. Expresando así su ira contra las Autoridades galas, por haber permitido que se tramitase la denuncia.

El asunto se convirtió en un culebrón de verano, cuando un socio de Imed Trabelsi, Naoufel Benabdelhafid, fue detenido por la policía tunecina. Se le pretendía atribuir la responsabilidad de los robos pero, después de haber sido interrogado en Comisaría, Benabdelhafid negó todo ante el juez, descubrió el montaje mediático, y amenazó con abrirse las venas en plena sala de audiencia.

La oposición tunecina en el exilio no se cansa de denunciar «al clan familiar del Presidente», en particular a la parentela de su esposa Leila Trabelsi. A la primera Dama la señalan por practicar el nepotismo al haber encumbrado en puestos de responsabilidad a sus allegados. Su yerno, Sajer el Materi, se cuenta entre los hombres de negocios más influyentes del país. Su sobrina Najet Trabelsi es diputada; su hermano Belhassen dirije uno de los grupos industriales más en boga en Túnez, el holding Karthago, y su fortuna no cesa de crecer.

«El régimen está muy nervioso por este asunto», declara un vocero de la oposición, Slim Bagga. «Ha perdido el control y trata de acusar a la oposición de todos los males que sufre el país». Para ello, según Bagga, «no duda en violar la vida privada de los ciudadanos, utilizando el dinero público».

«Los Estados que se respetan y que desarrollan las tecnologías más modernas, se preocupan de proteger a sus cuiudadanos del terrorismo, de la pedofilia, del fraude bancario y de la delincuencia organizada», escribe el opositor. «El no-Estado tunecino utiliza el dinero del contribuyente para hacer lo contrario».

Las Elecciones presidenciales del próximo mes de octubre serán, probablemente, las más agitadas desde la llegada al poder de Zine el Abidine Ben Ali en 1987.
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