8 de abril de 2020, 14:29:11
Opinion


Agosto para uniformados

Luis Alejandre


Todo parece relajarse en Agosto. Desde luego la clase política y sus voceros de las tertulias desaparecen. Solo algún destello en los cursos de verano de las universidades. Pero pasan a un segundo plano. Si alguien pusiese, por ejemplo, altavoz a lo dicho por Pablo Castellano en una tertulia de verano en Menorca ver www.menorca.info del 11 Agosto) saltarían muchos fusibles. Pero entra en la serie de “serpientes veraniegas” y no pasa nada.

Mientras tres mil soldados, -150 de ellos hermanos colombianos- cubren nuestra seguridad en escenarios extranjeros, disciplinados y callados. No hay playas en Herat, aunque si fuegos artificiales en forma de cohetes. A diez días de la primera vuelta de las presidenciales, todo está en alerta, porque alguien tiene en su mente perturbarlas al máximo, conseguir que los corresponsales extranjeros capten su potencial de crear terror.

Como lo intenta en Mallorca, ETA, que no ve mas salida a su infame carrera, que la de morir matando. Y mientras constatamos una fugaz política de estado el tiempo justo que dura un vuelo desde Madrid y un funeral, vemos como la clase política se dedica a destruirse, a perseguirse y a insultarse, lo que hace más felices aun a las alimañas. Por supuesto los uniformados de la Guardia Civil sufren en sus carnes la muerte. Y no por acostumbrados la asumen. Y volvemos a detectar enormes fallos de estructuras de seguridad y de vida en sus instalaciones. No hay Cuerpo más disciplinado y con más dependencia a la vez de autoridades civiles, peor tratado. Algún día habrá que revisar este concepto de disciplina que los hace grandes, pero que exime a las autoridades políticas de responsabilidades graves. Siempre recuerdo otro atentado de la banda terrorista en Leiza, al norte de Navarra. Su Casa Cuartel era la peor del pueblo. Escribí, siendo Capitán General de la Región, al Director General de turno explicándole mi decepción, prometiendo mi apoyo: ni siquiera me contestó.

Pero en la misma Mallorca, los uniformados de la Policía Nacional, como si tampoco tuviesen nada que hacer, sacan esposados por brazos derechos y de dos en dos, a supuestos implicados en una trama de corrupción, fenómeno frecuentísimo en nuestra hermana isla mayor. A continuación estalla otra lucha fraticida entre partidos,-galgos o podencos- lo que también hace sonreír a los asesinos. El propio sindicato mayoritario de la Policía ha “saltado” diciendo que ni a los terroristas se les trata así.

Descansan unos días otros uniformados de la Unidad Militar de Emergencias, que las semanas pasadas, han galopado de babor a estribor apoyando extinciones de fuegos en toda España. Si hablasen, dirían que hay descoordinaciones entre administraciones; que llenan huecos de otros; que los incendios se apagan en invierno, abriendo cortafuegos, limpiando bosques, previendo leyes sancionadoras. Lo que planificó Galicia hace unos años. Fíjense como no ha habido incendios en los montes gallegos.

Miro a mi España con recelo. Y mientras intuyo la sonrisa de hiena de los etarras viendo como en mi hermana Mallorca se diluyen esfuerzos en luchas cainitas, me acuerdo de los uniformados que fieles a su juramento de servir a la Patria, cumplen sencillamente con su deber.
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