14 de diciembre de 2019, 7:19:23
Opinion


Desenchufemos el televisor

Enrique Arnaldo


Desde luego es preferible no ponerse enfermo. Pero, si le alcanza tal desgracia, es muchísimo peor que, al verse postrado en la cama o en el sofá, se le ocurra encender el televisor. No hace falta inventar nuevos métodos de tortura pues el televisor ha superado con creces todos los anteriores. Es infalible para hacer prosperar la idiocia e inigualable para acabar con la inteligencia. Coincido con Javier Carcas (“Anatomía de un instante”) en que la televisión es el principal fabricante de irrealidad del planeta; la televisión contamina de irrealidad cuanto toca, distorsiona, trivializa o degrada los hechos que transmite. Sin embargo es el arma más poderosa para atraer y concentrar la atención de millones de personas. La caja tonta es una mina.

La multiplicación de las opciones en forma de canales ha traído más mediocridad. Nos vendieron que el fin del monopolio de la distribución de gasolinas incrementaría la competencia y reduciría los precios. Todo lo contrario. Han subido y mucho.

Nos contaron también que el pluralismo televisivo permitiría al ciudadano elegir a la carta entre múltiples alternativas. Todo lo contrario. Más de lo mismo en todos, en un lucha a brazo partido por vulgaridad, el fomento de los antivalores, la zafiedad, la falta de imaginación, la exaltación de la bajeza y de los peores instintos....

Pues sí, postrado en el sofá caí en la tentación de encender el demoníaco aparato. No podía concentrarme en la lectura, los programas de radio no hacían más que reproducir consejos absurdos, había decidido abstraerme del teléfono móvil, no tenía con quien charlar y tampoco con quien compartir un juego de mesa. Me enfrenté a un “programa” en el que los representantes de dos familias se tiraban de los pelos por las resultas de una herencia, sometiéndose al escrutinio del público del plató que tomaba partido a la carrera y arreaba de lo lindo a quién consideraba el “malo” de la película. El silencio se hacía finalmente para que un árbitro investido de toga diera y quitara razones. El circo convertido en “programa”.

No he oído que se hayan convocado manifestaciones feministas ante el “programa” en el que un tío tatuado e investido de proverbial chulería fantaseara de cuerpo serrano ante varias filas de mujeres bien maquilladas que le miraban con ojos de deseo para ser ellas las destinatarias de la cita oportuna con el don Juan de tres al cuarto. Mercadeo de cuerpos humillante.

A determinada hora los “programas” coinciden en dar rienda suelta a los rumores de los higadillos y saltan de un canal a otro personajillos inmundos cuyos grandes méritos son elevar los records amatorios con variedad y cantidad de personajillos que aportan más detalles escabrosos y se jactan de consumos elevados de drogas y alcoholes varios. Desechos humanos cuentan sus inmundicias bajo pago y con la inquisitoria chusca y burlona de presuntos tertulianos que machacan la audiencia a golpe del exabrupto más gordo. Y todo ello en horario infantil y juvenil. Pero esto, además de a Vd. y a mí ¿le interesa a alguien?

P.D. Eso sí está mal visto no reconocer que lo que más gusta de la televisión son los documentales de la 2.
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