29 de enero de 2020, 16:40:08
Opinion


¿Como demolieron los estados constitucionales?

Fernando Zamora Castellanos


En el propósito de demoler los estados constitucionales de países como Venezuela, o Bolivia, se ha sido fiel a una estrategia uniforme que puede ser comprendida a la luz del caso venezolano. La primavera de la democracia venezolana (1959-1974), que tuvo su apogeo durante los gobiernos de Betancourt, Leoni y la primera administración Caldera, fue una era de liderazgos con alto grado de aceptación. Existe consenso por parte de historiadores serios en reconocer esa etapa como un período caracterizado por un sano liderazgo político. Posterior a ello, tres razones influyeron para que la democracia venezolana se sumiera en una lamentable espiral decadente. La principal de ellas, la caída moral de la clase política, situación que empezó a ser evidente con la primera administración Pérez. El segundo motivo, la disminución de la atención a los sectores desfavorecidos, y el tercero, de carácter económico, sucedió en los veinte años posteriores a 1978: la caída en el ingreso de dólares por cada venezolano. Esto último básicamente a causa de la conjunción de dos factores, la caída en términos reales de los ingresos petroleros, alternado con el aumento poblacional. Esto obligó a cada gobierno que llegó después del año 78, -y aproximadamente durante los 20 años subsiguientes-, a devaluar la moneda en por lo menos el cien por ciento para cada uno de dichos períodos constitucionales. El descontento popular acumulado por la crónica confluencia de aquellas decadencias, -la moral, la económica y la política-, fue el caldo de cultivo aprovechado por los enemigos de la democracia que provocó el arribo de la demagogia en su definición más Aristotélica. El camino escogido no fue luchar por el rescate de la rica herencia que había sido la primavera democrática venezolana, plenamente funcional de los años 1959 al 74. Por el contrario, a partir de la llegada de Chaves al poder, se toma el atajo propio de los adictos a la senda fácil, emprendiéndose una tenebrosa estrategia para demoler aquel estado constitucional. La misma que remedan en Nicaragua, Bolivia o Ecuador. ¿En qué consiste? El sabio del Eclesiastés afirmó que nada nuevo hay bajo el sol; es la vieja receta, propia de los sistemas fascistas, útil para demoler ese y cualquier otro estado constitucional, y que aplica ocho tácticas a saber: 1) el fortalecimiento del estamento militar, 2) la sistematización desde el poder de un discurso altamente ofensivo e implacable contra algún adversario ideado, con el claro objetivo de hacer aflorar las disensiones y disconformidades que usualmente yacen en el “subsuelo” psíquico de los sectores marginales. (el nazismo explotó hábilmente la fórmula a costa de las minorías étnicas) 3) La tendenciosa mitificación de sucesos históricos, idealizando las tradiciones épicas para tergiversarlas en función de los intereses de la camarilla usufructuante. 4) la negación o transmutación de la legalidad redirigiéndola a favor del poder concentrado, para lo cual se invoca un supuesto interés nacional. 5) El culto al mesianismo caudillista, 6) la sobre exposición propagandística de los mitos del régimen instaurado en los medios de comunicación 7) el desmantelamiento del sistema constitucional de frenos y contrapesos propio de la división de los poderes, y 8) la devaluación de las garantías individuales frente al poder, típicas de una constitución legítima, sustituyéndolas por procesos constituyentes que imponen “leyes fundamentales” subordinadas a los objetivos específicos del régimen, y donde siempre se hallará la entusiasta promoción de las “reelecciones” de rigor. Así se demolió el estado constitucional venezolano. Quien haga un serio recorrido histórico por los horrores del despotismo, -desde el nazi, estalinista, y hasta el serbio-, encontrará los mismos ocho lugares comunes que ya he citado. Las mismas viejas estrategias que, sutilmente, remedan hoy los regímenes que ahora se denominan “Alianza Bolivariana de la Américas”. En ciertas ocasiones, los avatares de la vida nos colocan en situaciones insondables, que con la perspectiva del tiempo cobran algún sentido personal. En 1992, siendo Vicepresidente de la Conferencia Juvenil de Partidos de América Latina en representación de la juventud del PLN, un grupo de jóvenes fuimos invitados por Acción Democrática a visitar al Presidente Pérez, exactamente ocho días después de la intentona golpista de Chaves. Entonces fui testigo de dos realidades: la de los orificios, aún visibles, que había provocado la munición en el Palacio de Miraflores, y la del evidente grado de inconciencia que existía, -tanto en la población venezolana como en su decadente clase política-, de la amenaza que entonces se cernía sobre su maltrecha nación. Ese desapercibimiento resultó carísimo. Las consecuencias las sufren millones. [email protected] www.nuevacostarica.blogspot.com
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