19 de noviembre de 2019, 6:15:34
Opinion


Echando humo

William Chislett


Los turcos (desde el mes pasado), los italianos (desde enero de 2005) y los irlandeses (desde marzo de 2004) no pueden fumar en cafés, bares y restaurantes, pero los españoles sí. ¡Hasta en el terreno del tabaco España es diferente!

La ley antitabaco en España (desde enero de 2006), a diferencia de Turquía, Italia (desde donde escribo esta columna) e Irlanda, permite a los dueños de bares y restaurantes con menos de 100 metros cuadrados elegir entre permitir fumar o prohibirlo. Y hay que anunciar la decisión claramente. Los bares y restaurantes con más de 100 metros cuadrados deben tener zonas habilitadas para fumadores y no fumadores. No conozco ningún bar o restaurante en Madrid, donde vivo desde 1986, con menos de 100 metros cuadrados donde se prohíba fumar. Conocí un bar cuyo dueño tuvo la valentía de prohibir el tabaco, pero rápidamente cambió de idea después de que sus clientes habituales y fumadores dejaron de ir. El dueño del bar (por supuesto para fumadores) donde yo, un no fumador, desayuno todas las mañanas, me dice que los que optaron por ser de no fumadores son rara avis.

Más de tres años han pasado desde que la ley antitabaco entrara en vigor en España y el Gobierno no ha hecho nada para cambiar una situación ridícula. Una ley de esta naturaleza, que da opciones, es una ley mal hecha, una chapuza. Los Gobiernos de Turquía, Italia e Irlanda hicieron leyes más sensatas que no dan opciones.

Si el fumador empedernido y gran novelista Javier Marías fuera turco, seguramente cargaría en contra de la nueva ley. Ya cargó en contra de la ley española pocas semanas después de su entrada, llamándola “dictatorial” con el argumento que trataba a los ciudadanos “como a menores de edad, al decirle a los fumadores, entre otras cosas abusivas, que acabarían agradeciéndole que les prohibiese fumar en tantos sitios” y que el “totalitarismo consiste, sobre todo, en la intromisión de los Gobiernos en todas las esferas de la sociedad.”

Estoy de acuerdo con su definición de totalitarismo (en estos momentos estoy leyendo el aterrador libro de Michael Burleigh sobre el Tercer Reich), pero es algo exagerado incluir una ley antitabaco entre las medidas totalitarias. Con la misma filosofía se puede decir que la ley que obliga al uso de cinturones en coches o a llevar cascos en motos es totalitaria. Este ley ha salvado muchas vidas (no tantas como desea Pere Navarro, el Director General del Trafico, porque hay mucha gente que sigue ignorándola– cada persona está en su derecho de no hacerlo y sufrir las consecuencias-). También ha reducido enormemente el número de personas en hospitales después de sufrir un accidente, y esto sí es del bien público porque libera espacio en los hospitales (siempre llenos) para personas enfermas y no precisamente por su culpa. Supongo que Marías está en contra de cinturones y cascos.

En Turquía, el décimo país del mundo en número de fumadores (más de 100.000 millones de cigarrillos fumados cada año), y donde la mitad de la población adulta masculina se declara adicta a la nicotina, ni el tradicional narguile o pipa de agua otomana se han salvado de la prohibición, a pesar de las súplicas al Gobierno de los propietarios de los humeantes cafés del centro histórico de Estambul. El 90% de los trucos preguntados por la firma consultora de Estambul Quirk respaldan las medidas aprobadas. El tabaquismo causa 100.000 muertos al año en el país (unos 50.000 en España).

En el siglo XVII, el sultán Murat IV era famoso por andar por las calles de Estambul ordenando la ejecución de fumadores, por ser supuestamente inmorales, anti-Islam y potencialmente sediciosos. El “sultán” Zapatero se ha ido al otro extremo al ser demasiado permisivo.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es