15 de septiembre de 2019, 11:44:08
Opinion


KOSOVO

Luis María ANSON


"Reconocer Kosovo es dar crédito a la limpieza étnica", ha escrito José María Aznar. La mayoría albano-kosovar ha desplazado cultural, étnica y físicamente a la minoría serbia. La OTAN intervino en Kosovo para evitar que Milosevic perpetrara un genocidio. Sólo se ha evitado a medias.

La Europa decadente, hedonista, conformista, la Europa de Rómulo Augústulo, ha cedido a la independencia de Kosovo porque no quiere tensiones ni preocupaciones. Todo vale. La decadencia preside la relajación de las costumbres, la liquidación de los principios, la rendición sin condiciones.

No es verdad que Kosovo sea un caso aparte. Para los nacionalismos voraces no hay casos aparte. Escocia, Flandes, Córcega, Bretaña, el Tirol, Cataluña, Vasconia, golpearán el portón del secesionismo con la aldaba kosovar. El profesor Varela Ortega lo ha explicado de forma precisa. Europa juega a corto plazo. Pero los polvos de hoy engendrarán los lodos de mañana. Desencadenados los vientos, asistiremos antes o después al temporal.

Estados Unidos se frota las manos. Sus objetivos desde 1945 han consistido en derrotar a la Unión Soviética y en debilitar a Europa. En 1989, tras la caída del muro de Berlín, se desmembró el imperio ruso. En la década de los 50, se habían desmoronado los imperios europeos, el inglés, el francés, el holandés, el belga, más tarde el portugués, con el beneplácito cuando no con la ayuda de Norteamérica.

La Europa unida es todavía una amenaza económica para Estados Unidos. El Imperio juega a placer sus cartas -Kosovo es una de ellas- para fragilizar la competencia europea. Mientras más problemas internos agiten a Europa menos competitivo será el Viejo Continente en el concierto mundial.
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