24 de septiembre de 2021, 4:39:13
Opinión


Pan y fútbol

Javier Cámara


En la época de los romanos, para apaciguar a las masas se les regalaba pan y se les ofrecía el espectáculo del circo. Muchos años después, con Franco, se decía aquello de "pan y toros". Ahora, para que los ciudadanos-paga impuestos no salgan a la calle a protestar con cualquier excusa, se acuña el término "pan y fútbol". Y así estamos, como viene a significar este tópico cultural, parece que sólo interesa saber por qué canal de televisión –de pago, por supuesto– nos van a dar el Real Madrid o el Barça. Lo demás no importa. Donde estén nuestros hijos, tampoco.

No hay que ser un lince para ver que los últimos actos de violencia ocurridos en Pozuelo de Alarcón por parte de "niños bien" se debe al serio déficit educativo que sufre la juventud –el alumnado en particular– en nuestro país. No digo que sean una panda de rústicos ignorantes –creo que en el caso de los menores todos son estudiantes con buenas notas– sino que los últimos modelos educativos han potenciado el abandono de valores como el esfuerzo, el respeto y la autoridad de los profesores. Además, los padres no ayudan.

Para las mentes pensantes que sociológica y políticamente manejan este país –y cualquier otro– es más fácil dirigir a rebaños como estos que a una masa cultivada intelectualmente con capacidad para discernir lo que está bien de lo que está mal, lo cívico de lo prehistórico. Y eso es lo que quieren, borregos que se traguen todo lo que se les ponga delante, burros que no vean otra cosa que esa zanahoria hábilmente dispuesta para que no pensemos más allá del bocado inmediato o de si se ha lesionado Cristiano Ronaldo.

Si el presidente del Gobierno sale en el Congreso de los Diputados y dice que trabaja por una "economía sostenible" o por conseguir una "paz social" y ninguno de los representantes de nuestros intereses le pide que explique qué significa todo eso, seguiremos siendo los mismos tontos útiles a los que engañar. Porque Zapatero, con un absoluto desprecio por los problemas reales de los ciudadanos, nos sigue hablando como si fuéramos tontos.

Y digo yo: ¿Alguien entendió todo –digo todo– lo que dijo este miércoles el presidente en el Congreso? ¿Por qué no habla claro, se piensa Zapatero que de verdad no damos más de sí? Por otra parte, ¿por qué no se presenta un modelo educativo eficiente que nos permita entender lo que dice nuestro presidente? ¿Por qué pensó este Gobierno que la LOE del PSOE era mejor que la Ley de Calidad del PP? ¿Qué resultados ha dado?

Que las tasas de fracaso escolar nos sitúe a la cola, sólo por delante de México y Portugal o que sólo el 22 por ciento de los españoles haya alcanzado el nivel de Secundaria postobligatoria –Bachillerato y FP de grado medio– sólo beneficia a los que quieren sacar un rendimiento de su necedad. Este enbrutecimiento facilita su trabajo. Aquí no importa que los españoles vayan por el mundo con fama de brutos o que un amplio estrato productivo no esté cualificado, sólo interesa que sean capaces de llegar hasta una urna y votar.

Cuanto más necio más fácil de manipular: "Calla y paga tus impuestos, que yo, papá Estado, me encargaré de darte lo que necesitas. No te preocupes, yo te diré lo que necesitas. No rechistes o te quito el fútbol y te vas a la cama sin cenar… o sin trabajo".

Y todo, con la tranquilidad de saber que la Administración educativa vela, además, por la neutralidad ideológica en los centros estatales.
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