20 de octubre de 2021, 13:03:13
Opinión


El Turismo en México es un problema y no una solución

Marcos Marín Amezcua


En México se anuncia la decisión de dar la puntilla a una política turística errada o al menos, ineficiente e insuficientemente bien proyectada, asumiendo la peor de las decisiones: la propuesta de eliminar la Secretaría de Turismo (Sectur) incorporándola a otra dependencia.

El presidente Calderón ha dado a conocer su proyecto de presupuesto de egresos del año 2010 y en él se propone dentro de una severa política de recorte y disminución del gasto público, eliminar la Sectur incorporándola a la de Economía (dos materias relacionadas sí, pero siempre diferentes en dinámica y objetivos concretos), pese a ser el turismo una de las principales y perfectamente diferenciadas fuentes de ingresos de México.

No es de extrañar que se asuma la medida pretextando el tener por telón de fondo la crisis en la que México ya se encuentra (como lo están otras tantas economías del mundo) y tomándola como medida curatodo, desesperada, improvisada y con absoluta carencia de visión, que atiende más a una coyuntura que a un proyecto de estado a largo plazo que pudiera generarnos dividendos; tal desaparición, en caso de concretarse, le restará al Estado mexicano una enorme capacidad de gestión, autoridad y capacidad a ejercer sobre una tarea promotora de la imagen de México en el mundo, estratégica y necesaria en aras de elevar los ingresos del país.

Una fuente de recursos como la turística dejará de serlo si se le cortan sus alas incorporándola a otras dependencias. En vez de darnos, nos quitará. En vez de gestionar su eficacia, la burocratizaremos aún más. Craso error.

Consideramos a contracorriente de la ciega propuesta del Ejecutivo mexicano, que el turismo requeriría en cambio, de una política de estado inteligente para el óptimo desarrollo del estratégico ramo y una capacidad y conocimiento en pro de su absoluta libertad de maniobra, independiente, certera y capaz de producir beneficios específicos al país y no como hasta ahora, en que se detecta una errática o inexistente política moderna, ambiciosa y propositiva en esa materia, que apueste a nuevos e importantes medios de financiación y diversificación de la oferta y mejore las estructuras dentro de las cuales se desarrolla.

La actual política turística mexicana sigue apostando en su mayor parte a balnearios de lujo, pero no a generar riqueza ni derrama económica justa en las regiones en que se instalan. En otras palabras, abrir puertos y playas al turismo nacional e internacional no ha generado la riqueza ni los beneficios de desarrollo regionales y las necesarias cadenas productivas que supondrían su funcionamiento; las regiones en que se instalan no son receptoras de esa riqueza generada en ellas. Ni Acapulco ni Zihuatanejo, Los Cabos o Huatulco, y menos aún, Cancún, lo han conseguido. Las ganancias (que son estratosféricas, millonarias y de ensueño) han sido para muy pocas personas, no para las comunidades que allí viven, cuyo nivel y cuya calidad de vida no han mejorado sustancialmente. Y seguimos apostando a ese modelo sin visión de largo plazo, errado, incompleto, ineficaz y en más de un caso, corrupto. En cambio, la afectación al medio ambiente, nos está siendo muy costosa.

Por ello es lamentable que continuando la misma apuesta, se perciba que la Secretaría ya dio de sí y es mejor eliminarla. No se le concede mayor utilidad y tal vez no la tiene, por culpa de una pésima planeación de políticas públicas.

El turismo podría ser una verdadera fuente de recursos con los cuales pagar la Secretaría y millones de cosas más. Una actividad al alcance de todos los bolsillos de un país de 107 millones de habitantes. No es el caso. No está siéndolo.

Tal carencia de propuesta de una política firme en la materia, de imaginación en pocas palabras, llevamos padeciéndola cuarenta años y sin visos de mejorar. Al contrario, ahora será peor si se elimina dicha secretaría. En vez de eficientar los recursos y diversificar las ofertas turísticas, resulta deleznable la cuasiúnica apuesta turística que no va más allá de proponer sol y playas, según se desprende de la propia página web de la todavía existente Secretaría de Turismo de México, dejando así de lado el explotar convenientemente el enorme potencial del país o cifrando el desarrollo del ramo en la esperanzada y peregrina idea de que instalar casinos elevará el número de visitantes que han dejado de llegar a México. Otro mito.

España, Francia o Estados Unidos son potencias turísticas que desde 1993 por lo menos, se rolan los tres primeros lugares de la tabla mundial, por eficientar y estructurar novedosos servicios turísticos y con ellos, coordinándolos con las cadenas productivas de manera eficaz, así como por efectuar un uso más planificado de sus recursos, de sus potencialidades y ofertas turísticas, diversificando los rubros a explotar y no lo han logrado sólo por instalar casinos. Es muy fácil de comprender y no venir entonces a proponer que se instalen casinos cual si se tratara de una panacea, pues, se dice, representan empleos. Que luego podemos entrar a discutir la calidad y el nivel de dichos empleos.

En resumen: eliminar a la Sectur es una medida carente de eficacia real. Con ella se antoja imposible que se cumpla la propuesta del presidente Calderón anunciada a inicios de su mandato, de hacer de México la quinta potencia mundial en materia turística. Tal medida de eliminación de cargos públicos no se acompaña de respuestas para mejorar el rubro turístico, del que poco más se sabe cómo está trabajando. Por lo demás, lo advierte Porfirio Muñoz Ledo en un reciente artículo publicado en un diario mexicano: “(ese proyecto de presupuesto que elimina la Secretaría de Turismo) No explicita el destino de sus competencias ni la remodelación administrativa que seguiría. Menos la disminución presupuestal que implicaría, ya que los empleados de base y muchos de confianza acabarían migrando con sus escritorios y funciones a un nuevo hogar burocrático”. Lo dicho, vamos mal en materia turística y estaremos peor.
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