30 de noviembre de 2021, 12:53:39
Opinión


Iglesia y crisis

Norberto Alcover


Me parece que ya lo advertimos en su momento, pero insisto en lo extraño que resulta que la reciente encíclica de Benedicto XVI, La Verdad en el Amor, permanezca ninguneada tanto a niveles eclesiales como sociales, políticos y económicos, cuando se trata de un texto que se limita a actualizar la Doctrina Social de la Iglesia, otorgándole un carácter más consentáneo con la crisis socioeconómica que estamos viviendo. Nadie le ha hecho el menor caso. Pero me pregunto por qué la Iglesia Católica española, en todos sus estamentos, ha pasado como gato sobre brasas en todo lo relativo a estas líneas papales. Y la verdad es que la única respuesta que encuentro no me gusta nada de nada.

En el corazón del texto de Benedicto XVI, que nunca olvida los fundamentos teológicos de cuanto escribe (lo que es de agradecer para evitar malos entendidos), aparece como nueva forma de definir la fraternidad y solidaridad nada menos que el concepto de gratuidad: lo que hemos recibido gratis, repetimos desde un punto de vista teológico, hemos de darlo también gratis en nuestra vida societaria. De esta forma, nos impulsa a una actitud para los demás tanto en la dinámica individual como en la comunitaria. Y escrito esto, el sucesor de Pedro se extiende en una serie de orientaciones de naturaleza más económica, repetimos que en la línea de la Doctrina Social de la Iglesia, a la que, en general, tampoco hacemos mucho caso.

¿No será el momento de introducir el concepto de gratuidad en nuestra elaboración del futuro socioeconómico, para instar a los hombres y mujeres de buena voluntad, por lo menos, a contemplar la situación con mayor capacidad de sacrificio por los demás? Yo me lo pregunto, y se lo pregunto a nuestra Iglesia española en su totalidad.
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