20 de octubre de 2019, 21:26:19
Opinion


La tensión entre Eslovaquia y Hungría

Izabela Barlinska


Los incidentes en la frontera eslovaco-húngara no permitieron al Presidente de Hungría inaugurar en Komarno, ciudad eslovaca donde predomina la minoría húngara, un monumento de San Esteban, rey que trajo el cristianismo al gran estado húngaro multinacional del siglo XI. El impedir el paso al Presidente no sólo se ha interpretado como un incidente diplomático, sino también como una violación de las reglas de la UE sobre la libertad de movimiento.

Las causas del deterioro en las relaciones eslovaco-húngaras hay que buscarlas, además de razones históricas, en la situación política y económica actual en ambos países. La adopción por el Parlamento eslovaco de una nueva ley sobre la protección de la lengua nacional, que obliga usar la lengua eslovaca en las instituciones públicas, ha provocado una gran preocupación entre la minoría húngara que reside en las zonas fronterizas de Eslovaquia y que constituye el 10% de la población del país. Las organizaciones y los políticos húngaros acusan a Bratislava de restringir sus derechos y de discriminación. Por su parte, las autoridades eslovacas alegan que los representantes políticos de la minoría húngara exigen un grado muy alto de autonomía territorial, y que están respaldados tanto por el gobierno húngaro como por grupos nacionalistas radicales.

Es cierto que en Hungría se ha notado el aumento de popularidad de los grupos radicales y nacionalistas, debido probablemente a la crisis económica. El partido ultra derechista, Jobbik, que ha obtenido el 15% de los votos en las elecciones europeas, es el mayor beneficiario del creciente conflicto. En Eslovaquia, el catalizador del conflicto es el gobierno populista formado en coalición con dos partidos anti-húngaros. La crisis económica ha hecho que el gobierno utilice cada vez más la cuestión de “la amenaza húngara” para distraer atención de los problemas económicos y los escándalos de corrupción.

Según la evaluación de la UE, la ley es conforme con las normas aceptadas en la UE, aunque se necesita aclarar los reglamentos de aplicación. No hay que esperar, sin embargo, que mejoren las relaciones entre Budapest y Bratislava. Ninguno se muestra interesado en llegar a una solución de compromiso en el conflicto. Parece que han sido olvidadas las palabras legendarias del rey Esteban que “un país de una fe y una lengua es un país débil.”
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