27 de febrero de 2020, 6:49:27
Opinion


Falta de previsión vergonzante

William Chislett


En tiempos de crisis y con altos niveles de desempleo, mucha gente, en particular los jóvenes que solo han estudiado hasta la ESO o ni esto, no tienen más remedio que mejorar su nivel educativo si quieren aumentar sus posibilidades de éxito laboral. Era sumamente previsible cuando España entro en recesión hace un año que muchísimas jóvenes, especialmente en el sector de la construcción, iban a perder sus puestos de trabajo (tan fáciles de encontrar durante el boom económico) y regresar a las aulas – o para terminar la ESO, empezar el bachillerato o algún curso de formación profesional. Pero, en vez de responder a este lógico incremento en la demanda, las comunidades autónomas, responsables de la educación, vienen desde hace tiempo congelando la oferta formativa, cuando no suprimiendo aulas y profesores, con el resultado que muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, la peor de todas las situaciones. Y ello a pesar de que desde determinados ámbitos empresariales se ha venido insistiendo en la necesidad de incrementar la oferta de varios ciclos de FP como forma de paliar carencias manifiestas de mano de obra cualificada, desde hostelería a ramas industriales en los segmentos de mantenimiento en línea y servicios de reparación y mantenimiento en general.

Basta con un ejemplo concreto para ilustrar el problema en gran parte del país: más de 7.000 madrileños mayores de 16 años están en lista de espera para estudiar en algunas de las 134 escuelas para adultos que hay en la región. Hay 70 profesores menos para dar clase en las aulas, según informaciones aparecidas en la prensa. Por primera vez, el número de alumnos extranjeros ha caído en la región, pero el número total de estudiantes ha crecido, sobre todo en formación profesional. ¿Cómo encaja esta política con el acceso a los certificados de profesionalidad que viene publicando desde hace meses el Ministerio de Trabajo, uno de cuyos objetivos es precisamente la mejora de la cualificación profesional de amplios segmentos de la población activa?

España, como bien nos recuerda la Caixa Catalunya en su último Informe de la Inclusión Social, es casi el peor país situado en el llamado indicador de abandono educativo prematuro: el 31% de la población de 18 a 24 años no tiene titulación secundaria posobligatoria y no sigue estudiando.

La crisis esta acentuando las desigualdades, en particular entre los jóvenes. Mientras que en etapas de bonanza económica (2007, por ejemplo) las brechas en las tasas de desempleo eran pequeñas (unos 10 puntos porcentuales entre jóvenes con estudios superiores y los jóvenes con estudios primarios), los efectos de la crisis sobre el desempleo se han concentrado en las personas con menor nivel de estudios y contratos flexibles: la diferencia en estas tasas de desempleo se sitúa en el primer trimestre de 2009 en los 30 puntos. Es bien sabido que a mayor el nivel de educación más abierta está la puerta a una amplia gama de puestos de trabajo y mejor remunerados.

Algún día los alumnos con solo educación básica serán padres y me temo que mantendrán un círculo vicioso: el riesgo de fracaso escolar es 10 veces mayor en hijos de personas con este nivel de educación que en los de universitarios. Hay que romper el círculo y no extenderlo.

Tampoco el presupuesto del Gobierno para 2010 inspira confianza, dado los recortes de gasto en ciencia. Un cambio de modelo productivo basado más en conocimiento y menos en ladrillo, una cuestión tan tardíamente pedida por el Gobierno y para la que el Partido Popular tampoco hizo nada para fomentarla durante sus ocho años en el poder, implica una apuesta por la ciencia, la educación y la investigación.

Aunque no es un sector excesivamente relevante hoy, la carta abierta al Gobierno de unos 50 investigadores biomédicos de Ciberned manifestando su “enorme perplejidad y desconcierto” ante un recorte presupuestario de casi 30%, emite una señal negativa. Dicen los investigadores que “no podemos darnos el lujo de tirar licenciados y doctores a la basura” y “se traslada un mensaje muy negativo a las siguientes generaciones de universitarios interesados en la investigación biomédica que no será fácil de recuperar.”

Hasta el mismísimo ministro de Educación, Ángel Gabilondo, esta descontento. “Cuando era rector decía que las convicciones se expresan en los presupuestos y ahora que no soy rector, lo digo también: las convicciones, a los presupuestos.” No bastan las buenas palabras ni los tópicos de José Luis Rodríguez Zapatero en su carta abierta a los maestros publicada el lunes pasado, hay que predicar con el ejemplo. Pero no es sólo un problema de dinero. Hay muchos otros factores como la calidad de la enseñanza, la cuestionada autoridad de los profesores y la actitud permisiva de los padres ante sus hijos estudiantes e intolerante ante los docentes.

Como dijo Santiago Ramón y Cajal (Premio Nobel de Medicina en 1906): “Lo que el país necesita es plantar árboles y sembrar mentes.” España no puede tirar lo que ya está sembrado y dejar jóvenes mentes brillantes con la única opción de buscar trabajo en el extranjero.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es