6 de mayo de 2021, 20:01:00
Opinión


Docentes por vocación

Enrique Aguilar


Tuve hace poco la oportunidad de colaborar en el dictado de un curso de capacitación en ciencias sociales que se llevó a cabo en una provincia del norte argentino y que estuvo destinado a profesores de enseñanza media y terciaria.

Fueron dos intensas jornadas a lo largo de las cuales unos cuarenta profesores (mujeres y hombres), que habían viajado durante la noche o de madrugada desde distintos rincones de la provincia, escucharon con avidez los temas expuestos aportando preguntas y comentarios.

Eran profesores de historia, seguramente mal remunerados (como suele ocurrir con la docencia en todos sus niveles), a quienes se notaba no sólo interesados sino hasta contentos con la posibilidad de compartir unos conocimientos y descubrir novedades bibliográficas o aun debates recientes que no les resultaban familiares.

Durante mi regreso, no pude dejar de pensar en esos rostros tan afables como agradecidos, a tono con la hospitalidad que es propia del interior argentino pero que tanto escasea en Buenos Aires. Y, a pesar de los muchos pesares que nos agobian, de orden político, económico y principalmente moral, me sentí de repente esperanzado. En efecto, mientras algunos pretenden silenciar al país o hacerlo cómplice por omisión de la vergonzosa impunidad que nos invade, mientras bajo el nombre de leyes se oculta subrepticiamente la intención de controlar absolutamente todo, estos docentes se ocupan a diario de la juventud y colaboran en la difícil tarea de su educación.

Como ellos, habrá miles en todo el país que, sin recibir gratitud a cambio, y acaso sin esperarla, dan lo mejor de sí por esa noble tarea que es, por lo demás, la única mediante la cual podremos revertir gradualmente nuestra decadencia y saldar al cabo la inmensa deuda que tenemos, ante todo, con nosotros mismos.
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