8 de diciembre de 2021, 23:56:04
Opinión


La crisis y las Olimpiadas

Manuel Cobo del Rosal


No sé si será cierta la gruesa afirmación que me ha llegado a través de medios de comunicación y verbalmente por personas de conocidos como “generalmente bien informados”. Según dicen y también se lee la actividad preparatoria del lanzamiento de la candidatura de Madrid como ciudad olímpica ha costado 600 millones de euros más o menos, unos 100.000 millones de pesetas. De otra parte, con tan exorbitante inversión, se decía, estaban ya preparadas las instalaciones un 70 a un 80% de las necesidades olímpicas en Madrid. Lo anterior se ha dicho por activa y por pasiva hasta el último momento con verdadera y torpe jactancia, pretendiendo quizás rústicamente abrumar a los miembros del COI.

Estoy convencido de que les habrá parecido cuando menos, algo fuera de lugar por precipitado, extemporáneo y pretencioso. La modestia ha brillado por su ausencia y se ha preferido a la soberbia pretenciosa, siempre mal consejera en todos los órdenes de la vida. Los que oímos los discursos de la representación española padecimos un fuerte rubor pues creíamos que se estaba hablando no de España sino de un país omnipotente cuando no prepotente, y desde luego despilfarrador. Si ésta impresión la sacamos algunos nacionales, que impresión no sacarían los extranjeros pertenecientes a países pequeños y en crisis. La reacción, aventuramos, sería totalmente negativa, como también seguramente lo sería la de los países de la propia Comunidad Europea.

Un breve vídeo mostrando el extraordinario estadio de Maracaná y una espléndida playa con también espléndidas bañistas con una humilde alocución del Presidente de Brasil en relación con que no se deje por más tiempo de discriminar a las Repúblicas Iberoamericanas, fue suficiente para que los votos dispersos de Chicago y Japón prácticamente se concentraran, por elementales razones de justicia y equidad, en la ciudad de Río de Janeiro, que resultó ser holgadamente la ganadora. De la impresión de que no se trabajó, valga la expresión, el segundo voto o la segunda opción que se quedó a su aire y se fue camino de Copacabana y no de la madrileña Peineta.

Después de años largos de desmedida precipitación faltando más de 7 años con casi todo preparado y gran parte gastado vendiendo humo con una “corazonada” que nadie había sentido, ni muchísimo menos, como tal impulso de ninguna clase en el que solo supervivía lo arriesgado y difícil y ni siquiera la espontaneidad que, en política internacional, no es admisible. Ni siquiera el lema estaba bien escogido. Madrid se merecía otra cosa. No es razonable que en un país como en España, con una profunda, parece que insalvable, crisis financiera y económica de una gravedad descomunal con cerca de 5 millones de parados se tenga la “corazonada” y por eso mismo se gastan frenéticamente 600 millones de euros y ese rasgo general la mayoría de los miembros del COI, creo que no lo han podido comprender, como tampoco la jactancia, a veces, chulesca, siempre enemiga de la inteligente modestia y de la presuntuosidad siempre compañera de la ciega soberbia. Voces muy cualificadas de pensadores, sociólogos y analistas de la política internacional ya vaticinaron que de olimpiadas nada de nada. Y así ha sido.

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