16 de junio de 2019, 23:21:10
Mundo

Un periodista encarcelado por hablar de la salud del Rey


Golpe a las libertad de prensa en Marruecos


La Justicia marroquí ha vuelto a protagonizar un bochornoso escándalo jurídico, al condenar al director de la publicación Al Michaal y dos de sus redactores a un año de prisión sin fianza y tres meses de cárcel respectivamente. La policía, ni siquiera esperó a que se presentara un recurso, y se llevó manu militari a Dris Chahtan a la cárcel de Salé en la capital. Los dos redactores, Rachid Mhamid y Mustafá Hairan, no han ingresado aún en prisión.


Las organizaciones internacionales de defensa de las libertades públicas, están consternadas. En diferentes países europeos y en el mismo Marruecos se está generando un amplio movimiento de solidaridad con los periodistas condenados. Reporteros sin fronteras, ha emitido un duro comunicado de denuncia y exige la liberación inmediata de los periodistas.

El golpe dado al derecho a la información en el Reino de Marruecos, es devastador. El “crimen” de los periodistas condenados ha sido única y exclusivamente el escribir en su periódico que el Comunicado real sobre la salud de Mohamed VI, en el que se informaba de una dolencia provocada por retrovirus y de la necesidad de guardar cinco días de convalecencia, había generado “preocupación” en la opinión pública. El veredicto fue emitido en ausencia de los abogados defensores que abandonaron la sala en protesta contra la ausencia de garantías judiciales. La condena se pronunció en base a algunos artículos del Código de la prensa que prevé penas de cárcel por delitos de opinión. Algo que en un país democrático es intolerable. Otros procesos de la misma naturaleza están previstos este mes. El presidente del Sindicato Nacional de la Prensa Marroquí (SNPM), Yunes Meyahed, ha pedido a las Autoridades revisar la condena infringida a Dris Chahtan.

“En Marruecos la persona del Rey es sagrada” alegan insistentemente los apologistas del régimen. Hasta tal punto que el verdadero lema de la nación es Rey, Patria, Dios. La persona del monarca y por extensión la de toda su familia, está por encima de todo, es intocable, ni se puede escribir sobre ella, ni analizar críticamente sus actos o comportamiento institucional. Sólo está permitida y ampliamente remunerada, la adulación.

Según la Constitución marroquí, que no ha sido elaborada por una Asamblea Constituyente, sino dictada por el Sultán, todos los poderes están concentrados en la persona del Rey. La división entre Legislativo, Ejecutivo y Judicial, es meramente formal. Ninguno de los tres poderes constituidos tiene autonomía. Todas las prerrogativas recaen sobre el soberano. A ello se añade la concentración monopolista del poder económico y financiero también en manos reales. En tales circunstancias la población ni siquiera dispone del derecho a la información.

“Lo que más nos duele, se queja a El Imparcial un periodista marroquí, es que los gobiernos europeos, entre ellos el de Rodríguez Zapatero, aceptan esta situación y hacen la vista gorda a las violaciones de las libertades en Marruecos. Es más, el gobierno español ha condecorado a los generales marroquíes, como Mizian, Bensliman o Laanigri, cuya función ha sido y es cercenar los derechos y libertades”.
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