27 de octubre de 2021, 1:25:09
América

Análisis


El Sucre: ¿Una moneda única para Sur América?


La semana pasada se llevó a cabo la VII cumbre de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) en la ciudad de Cochabamaba, Bolivia. Entre las conclusiones de dicho evento se encuentra el acuerdo para la creación de una moneda virtual única para los países miembros: el Sucre (Sistema Único de Compensación Regional). La meta principal de esta unión es atacar el dólar como divisa principal en el mercado de la región. En medio de la crisis económica que se ha vivido a nivel mundial durante los últimos tiempos, esta decisión despierta esperanzas en unos y desconfianzas en otros. Cabe, entonces, la pregunta sobre el alcance que tal decisión podría tener en las economías de estos países y en su posición frente a otros sistemas en el continente.


La semana pasada se llevó a cabo la VII cumbre de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) en la ciudad de Cochabamaba, Bolivia. Entre las conclusiones de dicho evento se encuentra el acuerdo para la creación de una moneda virtual única para los países miembros: el Sucre (Sistema Único de Compensación Regional). La meta principal de esta unión es atacar el dólar como divisa principal en el mercado de la región. En medio de la crisis económica que se ha vivido a nivel mundial durante los últimos tiempos, esta decisión despierta esperanzas en unos y desconfianzas en otros. Cabe, entonces, la pregunta sobre el alcance que tal decisión podría tener en las economías de estos países y en su posición frente a otros sistemas en el continente.

No hay duda de que acuerdos como éste están orientados hacia la unión de los pueblos; y en Latinoamérica, esto representaría la realización de un sueño que fue concebido por Simón Bolívar y José Martí. Además, se presentan ejemplos vivos como el de la Unión Europea, el cual ha resultado positivo en general. Así, es claro que este proyecto podría significar un incremento positivo en las economías de los países del ALBA. Sin embargo, esta unión del continente latinoamericano pasa por mucho más que la unificación de una moneda.

Principalmente, la mayor parte de los países que buscan este sistema único de moneda (el cual inicialmente sería sólo virtual, sin circulación) poseen economías que están “probando” fórmulas bajo el dominio de gobiernos caracterizados por el monopolio de un partido o persona: Es común denominador que todos ellos han modificado la constitución de su país para lograr reelecciones (o el gobierno ha estado en manos de un sólo régimen, como en el caso cubano). En cierta medida, esto manifiesta una búsqueda no tanto de estabilidad económica como sí de consolidar una presencia permanente de una ideología política en la región. Se siente más como una estrategia de lucha política, que de supervivencia económica. Hay un afán de “definir” de qué lado se está: si del de los “yankies” o del de los “bolivarianos” (en términos del presidente venezolano). Este es uno de los fenómenos que tiene al continente polarizado y de nada han servido intentos de unión como UNASUR para evitar violaciones de las soberanías e intromisiones en asuntos más allá de las fronteras del propio país.



Latinoamérica ha sido testigo durante los últimos años de una creciente tensión entre los gobiernos generada por medidas irrespetuosas con el vecindario: La irrupción del ejército colombiano en territorio ecuatoriano en el asesinato de álias Raúl Reyes, la presencia de integrantes de las FARC en territorios de Ecuador, la movilización de tropas venezolanas a la frontera con Colombia, la aprobación de presencia militar estadounidense en siete bases colombianas, convenios militares entre Brasil y Francia, compra de grandes cantidades de armamento ruso por parte de Venezuela, el proselitismo de grupos chavistas en los pueblos colombianos de la frontera Colombo-Venezolana, el conflicto entre Colombia y Nicaragua por espacio marítimo, etc. Los unos desconfían de los otros, los otros responden con la misma moneda. Se mandan a llamar a los embajadores, que se regresen, que ya no tenemos relaciones con ese país; y al día siguiente, que se devuelva, que ya arreglamos la situación. Y así nos la pasamos: peleando. La unidad de estos pueblos ha de empezar por cambiar el mecanismo de diálogo y reconocer la identidad del otro, sin categorías absolutas y cerradas. Antes de pensar en unificar monedas, hay que mirar hacia las necesidades del pueblo, ese que es el que sostiene la economía. Por ejemplo, los más afectados por el conflicto Colombo-Ecuatoriano son los comerciantes de las fronteras, y por más que cambien la moneda representativa, su situación no va a cambiar.

Estamos casi seguros de que una unificación monetaria caería bien en Latinoamérica; pero no como herramienta política sino como fruto de procesos, procesos que empiezan por hablar igualitaria y respetuosamente entre países y que incluyan a la gran mayoría de la región: empezando por Brasil, la economía más sobresaliente, y terminando por aquellos que necesitan el apoyo de los vecinos. Este proceso pasa por la claridad en el respeto por los derechos humanos y la lucha contra la corrupción en los gobiernos. Sin esto, todos estos intentos se quedarán en bullicio en medio del circo sin sentido que se vive en el continente.

Al proyecto del ALBA, le deseamos suerte; y para Latinoamérica deseamos una unión basada en la riqueza cultural y la diversidad de las ideas que apunten al enriquecimiento del pueblo, y no de las castas gobernantes, y a un dinamismo en la democracia que la lleve a ser claramente visible en medio de las economías globales.
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