27 de julio de 2021, 23:30:56
Opinión


El deber de vivir

Mariana Urquijo Reguera


Hoy no voy a hablar de algo que yo haya pensado sino de algo que escuché esta semana de boca del ilustre escritor y economista José Luis Sampedro.

A su avanzada edad no sólo se le debe escuchar como escritor y hombre culto sino como persona que ha vivido. Parece una obviedad decir esto, pero si se une a la expresión que él mismo dijo esta semana en una entrevista en televisión, la cosa adquiere otra importancia.

Cuando se le preguntó por cómo ve la actualidad, desde su perspectiva económica y de escritor, no se calló. Es más, considera una obligación el expresarse libremente y argumentar sus opiniones, es decir, ejercer la libertad de pensamiento y de expresión en la esfera pública. Cuando se le preguntó sobre la reciente polémica sobre el aborto, no calló y clamó algo así como:… que no entiende cómo se debate sólo el derecho a la vida frente al derecho al aborto, sino que lo que a él le preocupa es que, una vez en la vida, nos debemos, debemos (en sentido existencial) vivir.

Y yo reflexiono… Es decir, estar vivos no es una condición pasiva sino una actividad. Lo dijo Hanna Arendt en su concepción antropológica del hombre, al que consideraba sujeto de una vita activa que no puede cesar. Estar vivos, pues, como dijeran los existencialistas también, es actuar. Pero es más aún, porque es un deber del propio hombre hacia sí mismo.

Lo dijo Ortega, lo dijeron los existencialistas, Arendt y Sampedro. La vida humana no es un mero acontecimiento biológico sino que es más. Pero es justamente nuestra conformación biológica la que nos obliga a vivir. Y vivir es ser libre pero no de una manera radical, ya que al menos hay algo sobre lo que tenemos una cierta determinación: no somos libres de decidir si queremos o no actuar, estamos obligados a ello. No cabe la decisión de cesar en la acción sino cuando uno se determina por el suicidio que es la decisión radical de la negación de la vida. Más allá de este radicalismo, el resto es decisión, acción y libertad: vida.

Por lo que toda otra opción posible de los humanos, está ligada al deber de vivir. Y como dijera Sartre, en cada actuación que acometemos, está implícita una decisión que no sólo me implica a mí, sino que implica al conjunto de seres humanos. Si yo soy lo que digo y lo que hago, yo me defino por esas decisiones que he tomado antes de actuar y de hablar. Pero lo grave del asunto es que en cuanto que pertenezco a la especie humana, no sólo decido quién soy yo, sino que decido también cómo es la humanidad a la que pertenezco.

La obligación de decidir y de actuar es pues consustancial al hombre, es una categoría existencial, y todo ello supone que deberíamos estar más preocupados por cómo vivimos estas vidas, la mía, la de mi vecino, la de mis amigos y familiares. Porque esta preocupación es también la preocupación por la humanidad, por la propia y la colectiva.

Vuelve el vividor. Sampedro para terminar su entrevista, para expresar los valores estandarte que no deberíamos olvidar tan fácilmente, utilizó el lema de la Revolución francesa: fraternidad, libertad e igualdad. Ideales regulativos que una sociedad que pretende ser ilustrada no debe minusvalorar ni dejar de lado para orientar su vida, su acción y su libertad.
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